El cuerpo, la mente… son muchos los que se obsesionan con encontrar ese punto medio que nos puede hacer la vida más saludable y más feliz. Pero cuando pensamos en salud, lo primero que nos viene a la cabeza es ir al gimnasio, hacer yoga o una buena sesión de pilates, sin embargo dejamos de lado una de las cosas más importantes, la alimentación.

Covadonga Carrasco

Como todo, en una sociedad que se deja influir por las modas, la comida también puede ser una mera herramienta para demostrar que estamos a la última y que conocemos los restaurantes más “chic”. Pero, como siempre, lo mejor es comprender de qué se trata y recapacitar si nos interesa, tanto a nosotros como a nuestra salud. Vivimos un renacer de Oriente en nuestro entorno, y como es lógico, esto se traduce en la importación de dietas vegetarianas y macrobióticas. Existen diferencias entre ambas y sobre todo detalles importantes que han de conocerse antes de tomar la decisión de convertirse a esta nueva alimentación.

Etimológicamente, macrobiótica significa “Gran Vida”. Sus defensores afirman que los alimentos tienen un carácter medicinal. No obstante, a ella se pueden acoger personas sanas que desean seguir estándolo o gente que no ha encontrado solución en la medicina tradicional, como explica Mª Rosa Casal de Escuela de Vida: “No podemos decir que “solo” la comida cure algo, ya que la enfermedad suele ser un compendio de múltiples factores, desequilibrios físicos, psíquicos, emocionales… Una correcta alimentación nos ayuda a re-equilibrarnos: el cuerpo limpia todo lo que le sobra, tonifica lo que está débil, potencia el sistema inmunológico, aumenta la vitalidad y activa la propia capacidad de autocuración”.

Aunque parezca una dieta poco variada, no es ni aburrida ni insípida, como nos explica Mª Rosa: “la base de la alimentación del ser humano son los cereales integrales, de donde extraemos un buen aporte de glúcidos de asimilación lenta, que es donde está la energía necesaria para que nuestro cuerpo funcione. Esos cereales los combinamos con legumbres, para obtener un buen aporte de pro-teínas. Igual de importantes son las verduras, y los estilos de cocción de éstas: desde el estofado largo que nos relaja y dulcifica, pasando por el salteado, que nos dinamiza, hasta el escaldado y el crudo que nos refresca y depura. Los condimentos son importantísimos, las semillas y frutos secos; las algas marinas, con un aporte extraordinario en minerales y oligoelementos”.

En el caso de la dieta vegetariana, muchas veces, se trata más de una toma de conciencia con respecto al abuso que se hace de los animales y sus altos niveles de toxicidad. Alberto García es un joven de 27 años que desde hace 5 se alimenta casi exclusivamente de vegetales: “mis motivos a la hora de tomar esta decisión fueron básicamente morales. El maltrato a los animales al criarlos, alimentarlos, transportarlos para el consumo, la forma de sacrificarlos, me llevaron a desechar cualquier tipo de ingesta animal. Para mí, los animales merecen todo el respeto del mundo y si puedo ayudar a que no sufran, eso me hace sentir mejor persona.”

Este tipo de alimentación debe estar controlada por un especialista, puesto que la falta de proteínas de la carne o el pescado, y de la vitamina B12 puede provocar carencias importantes e incluso la aparición de alteraciones en el sistema nervioso. “Existen ciertos alimentos -señala Alberto- como las algas, que contienen estas vitaminas con las que completar la alimentación. El seitán, el tofu, son la base del aporte vitamínico. Asimismo, si eres ovo-lácteo-vegetariano, los huevos y la leche ayudan a tener una salud en condiciones”.

Llega el momento de cenar con más gente, y si uno ha cambiado sus hábitos quizá esto complique su vida social. Mª Rosa y Alberto coinciden en afirmar que no existe ningún tipo de problema, ya que mientras los demás se comen un solomillo, los que se han decidido por una alimentación basada en vegetales también pueden comer en cualquier sitio. Normalmente son aceptados, aunque en ocasiones incomprendidos por todos aquellos que les rodean.

Son diversas las razones que pueden llevar a alguien a elegir este camino, morales, de salud o sencillamente por probar cosas nuevas. Lo importante es hacerlo con cabeza, siguiendo los consejos e indicaciones de un experto, para evitar problemas futuros.