Texto de Amaya Asiain

Parece una letanía: al contenedor azul, papel; al verde, cristal; al amarillo, envases de plástico, briks y latas. Puede que lo sepamos de carrerrilla, o puede que no, porque en la práctica los madrileños fallamos. O eso parece, según los datos de la Comunidad de Madrid. Baste un ejemplo: en España la media de lo que se deposita en el contenedor amarillo es de un 72%. En nuestra región es de un 37%. Tirón de orejas a los madrileños y repaso de la lección.

El esfuerzo consiste en pensar un poco antes de depositar los residuos en el contenedor. Un poco de cuidado que lleva a resultados sorprendentes.

Envases de plástico

  • Sí se deposita en el contenedor amarillo: envases de plástico (productos de limpieza, líquidos, alimentos) y sus tapones, celofán o film transparente que envuelve productos (ej. CD o vídeo, bandejas de alimentos), hueveras de plástico, vasitos de yogur, bandejas de alimentos frescos, bolsas de plástico de establecimientos, tarrinas de mantequilla y similares.
  • No se deposita en el contenedor amarillo: productos de plástico como los CD, DVD, vídeos, juguetes, perchas, cepillos, fundas de gafas y similares. No son envases y van al contenedor general.

Envases metálicos

  • Sí se deposita en el contenedor amarillo: Latas de aluminio y acero (de bebidas, conservas), tapas metálicas de envases, chapas de bebidas, papel de aluminio, envases de lacas o desodorantes y similares. 
  • No se deposita en el contenedor amarillo: pilas, sartenes, herramientas, pequeños electrodomésticos, cacerolas o cubiertos y similares. Van al contenedor de resto o a Puntos Limpios si son, por ejemplo, botes con restos de pintura o que hayan contenido productos tóxicos.

Envases tipo brik y otros

  • Sí se deposita en el contenedor amarillo: envases tipo brik (de leche y zumo), cajas de madera para productos de uso doméstico (vinos), corchos para taponar bebidas y similares.
  • No se deposita en el contenedor amarillo: ropa, teléfonos móviles, bolígrafos, carpetas, bombillas, fluorescentes, jeringuillas de plástico, sobres, y similares.

La trasformación empieza en la planta de reciclaje, donde se separan los materiales. La primera acción es a mano para retirar los residuos “impuros”, los que no tenían que estar en el contenedor amarillo (restos biológicos o papel). Una vez unido el plástico con el plástico y las latas con las latas comienza el trabajo.

Por ejemplo, de cinco botellas de litro y medio de agua mineral se obtiene una bufanda de material sintético con la que soportar los inviernos de la meseta. Con los envases de plástico reciclado se consiguen pirulos que llenan las aceras para evitar que los coches aparquen. Y las latas de sardinas se convierten en herramientas para lavadoras de última generación.

¿Magia? No, tecnología. Lo bueno es que en este cuento todos podemos ser el hada madrina… si prestamos un poco de atención.

PUNTOS LIMPIOS

Casi todo lo que nos imaginamos se puede reciclar, bien para que sea destruido, o bien para que sea reutilizado. Así, no tenemos porqué acumular en casa colchones, armarios, zapatos o medicinas. Llamando a nuestro Ayuntamiento podemos preguntar qué podemos hacer con estas cosas.

También existen los puntos limpios, que son una instalación donde los ciudadanos, de forma gratuita y voluntaria, pueden depositar diferentes tipos de residuos, bien porque los servicios municipales no cubren todas sus necesidades, como residuos voluminosos, electrodomésticos o pequeñas cantidades de escombros, o bien porque sean residuos peligrosos, como pinturas, medicinas, aceites, fluorescentes o radiografías.

Muchos piensan que de todo ello sacan beneficio empresas. No diremos que no, pero debemos tener siempre en mente el futuro de nuestro planeta. Pensemos una cosa: si reciclando papel evitamos que talen un árbol, ya hemos conseguido algo muy importante.