Alejandra Parejo nos habla de “Una familia normal”


Texto y fotos de Galo Martín Aparicio

Alejandra Parejo (1990, Palma de Mallorca), que hace parte de esa generación de jóvenes que nunca ve que sea el momento adecuado para nada, hace tiempo que decidió escribir. Para hacerlo hace falta tiempo, independencia y una habitación, eso lo sabe Alejandra y lo dejó caer Virginia Woolf.
Habitaciones hay muchas en el hotel de Las Letras, donde nos ha citado esta autora novel. En la cafetería del sitio Alejandra nos habla de su debut literario, Una familia normal, publicado por Temas de Hoy. Un libro que trata dudas íntimas y situaciones incómodas para las mujeres, en las que la culpa y el juicio de los otros es un lastre a la hora de tomar decisiones. Una novela que le aguanta la mirada a lo bien visto, ese monopolio de la moral del que es difícil escapar sin arañazos. Lo que se espera de una pocas veces coincide con lo que una quiere ser y hacer. Alejandra, de momento, tiene decidido seguir escribiendo, ya veremos sobre qué.

¿Cuándo te diste cuenta de que la familia normal no existe?
Para mí la familia normal no existe como tal, porque creo que lo normal es lo que está establecido. Las familias deben ser algo acogedor y que sea cómo tú quieras que sea, un sitio al que poder volver, en el que estar tranquilo. Lo normal para mí no existe porque creo que nos viene impuesto por lo que nos han contado en el colegio, en la iglesia, en la sociedad en general.
Analizando un poco mi entorno y, sobre todo, cuando me surgió la idea de escribir la novela porque tenía dos amigos que se dedicaban a lo mismo y me pregunté, “¿Cuándo ellos quieran crear una familia cómo va a ser esa familia, cómo van a funcionar los roles dentro de ella, teniendo en cuenta que las dos personas son independientes, trabajan y tienen sus ambiciones?». Antes la familia era un padre y una madre donde él salía a trabajar, traía el dinero a casa y ella aceptaba esa situación, que uno impusiera las normas. Yo me planteé cómo van a ser las familias ahora, cuando la mujer es independiente, está fuera de casa, trabaja y sus ambiciones hacen que su propio mundo esté lleno de inputs que le hacen llegar a otros lugares.
Las circunstancias de cada uno determinan nuestra vida, pero para dos personas independientes es más difícil tomar decisiones en común. Antes las familias o los matrimonios estaban unidos durante mucho tiempo porque las decisiones las tomaba uno. Ahora son dos personas independientes las que toman las decisiones, lo que complica el ponerse de acuerdo y permanecer mucho tiempo en un mismo sitio. Ya no solo eso, pensemos cómo funciona la comunicación hoy en día, cómo nos movemos, cuanto viajamos, no sé si esto ayuda a que las relaciones perduren.

Luego, esos amigos de los que hablas te dieron la idea de escribir esta novela.
Yo ya tenía en mente escribir una novela, de hecho estaba realizando un curso de escritura narrativa en la Escuela de Escritores de Madrid y es algo que siempre había tenido en mente. Yo escribía relatos y tenía ganas de meterme en un proyecto mucho más largo y aprender a escribir cada día. Y así, un día antes de irme a dormir, pensando en estos amigos, me surgió la idea y empecé a escribir. Tras diez capítulos se me ocurrió lo de la infancia de Olivia, la protagonista, necesitaba más información de ella para entender por qué actuaba cómo lo hacía.

¿A lo largo de tu vida qué te has encontrado más familias bien vistas o más mujeres independientes?
Familias bien vistas, que además me parece una definición bien buena porque es como que de puertas para afuera están bien vistas, pero de puertas para adentro tienen problemas como todas las familias. Y ya no solo las relaciones familiares, sino también las que labras en tu trabajo, con amigos, en todas ellas hay problemas y dificultades. Y no pasa nada, es una cuestión de reorganizarse y comunicarse. A partir de ahora vamos a ver muchas más mujeres independientes. De hecho, las mujeres de mi mundo son independientes.

Siempre se habla de lado negativo de la separación de unos padres, de cara a los hijos, ¿se te ocurre algo positivo de un divorcio?
Sinceramente, creo que es mucho más positivo que unos padres decidan separarse si entre ellos no están bien que permanecer unidos por inercia. Una separación a tiempo es mejor que un matrimonio unido que le da un ejemplo a sus hijos de malestar en casa.

¿No son más valientes unos padres separados, como los de Olivia, que una familia bien vista, como la de Almudena?
La historia de Almudena no la vemos evolucionar igual que la de Olivia. Para mí tiene mérito perseguir lo que a ti te hace feliz. El mérito es ser quien tú quieres ser de verdad, no en ser lo que los demás esperan que seas.

Escoge: unos padres separados o una familia bien vista
Padres separados.

¿Qué es una mujer independiente?
Como diría Virginia Woolf, una mujer independiente es una mujer que tiene una habitación propia, que es capaz de perseguir sus ambiciones, mantenerse sin depender de nadie económicamente, que de manera emocional es capaz de estar sola y tranquila y que su felicidad no depende de otra persona.

¿Quién tiene miedo a esas mujeres que tienen una habitación propia?
No sé quiénes les tienen miedo. El papel de la evolución de la mujer puede asustar a los que tienen su sitio muy marcado.

«Tenemos que ser buenas hijas, buenas madres, buenas profesionales, hacerlo todo bien y creo que eso es porque todavía las cosas se están colocando en su sitio».

¿Por qué las mujeres no tienen derecho a hacer las cosas mal, igual que los hombres?
Venimos de unas creencias, de una educación, de una política y una manera de hacer las cosas que hacen que la mujer esté llena de culpa y que su evolución sea un problema para algunas personas. Las mujeres estamos llenas de contradicciones porque, por un lado, solemos hacer lo que todo el mundo espera que hagamos y ahora, además, tenemos que sumar otras cosas que también tenemos que hacer bien, lo que es muy frustrante. Tenemos que ser buenas hijas, buenas madres, buenas profesionales, hacerlo todo bien y creo que eso es porque todavía las cosas se están colocando en su sitio. Hoy en día la mujer no tiene el papel que merece.

¿La maternidad es un don, un derecho o una obligación de las mujeres?
Para la sociedad, creo, una obligación. Para mí es una opción. Es verdad que hay una parte dentro de mí que considera que es una meta a alcanzar. Llegas a los treinta y te preguntas, «¿ahora qué?». Ojalá deje de ser una obligación, que la gente deje de dar por hecho que todas las mujeres nacemos con el deseo de ser madres. La maternidad tiene que ser una opción y un deseo a cumplir cuando a una le apetezca.

No solo vale con ser madre, hay que serlo de una manera determinada.
Empieza a estar mejor visto que la mujer trabaje, que trate de conciliar, pero no existen los medios necesarios para hacerlo. A mí me duele pensar que hay mujeres que en el trabajo quieren pedir la jornada reducida y eso les impide evolucionar en su carrera profesional. Al final, sin querer, tienes que decidir o dedicarte a una cosa u otra y tratar de conciliar de la mejor manera. Ojalá, algún día, la conciliación sea real.

A lo mejor hay que comprender que la maternidad no se puede conciliar con algunos trabajos.
Tiene que haber una parte de ti muy generosa y con mucha energía para poder dedicar tiempo a todo. Obvio, hay que sacrificar algo de cada cosa, imposible no es, faltan más ayudas y medios para lograr esa conciliación.

Los padres tienen inseguridades, miedos, debilidades, vicios, igual que cualquier otra persona, ¿por qué a los hijos nos cuesta tanto aceptarlo?
Cuando eres pequeño tienes una idealización de tus padres. Les ves como una especie de súper héroes que pueden con todo y que son solo tus padres. No existe vida más allá. Ese paso de crecer y hacerte adulto y entender que tus padres son personas independientes, con sus vidas, miedos, etcétera, es parte del proceso de madurar y entender el mudo adulto. Cuando te das cuenta de todo eso, y aceptas a tus padres como lo que son, es cuando puedes entender tu pasado o cosas que ellos hayan hecho, e incluso puedes entenderte mejor a ti mismo.

¿Cómo describirías la relación entre Olivia y su madre y con su padre?
Olivia y su madre tienen una relación de un amor muy profundo que se desestabiliza con la separación porque desde ese momento la madre no le puede prestar toda la atención que ella demanda. Ahora el mundo de la madre se ha tambaleado, pero claro, Olivia con once años no es capaz de entender que el mundo de su madre se tambalea, solo entiende que el que se tambalea es el suyo. El amor entre ellas no se llega a romper en la novela, pero sí que existe una especie de distanciamiento y miedo a que ella no esté. Hay momentos en la infancia de Olivia en los que tienen encuentros y se acercan y se entienden un poco más, pero hay otros en los que se aprecia esa idea inocente de pensar que tu madre es solo para ti. Cuando realmente, una mujer es más que una madre. Y eso le genera muchos conflictos a Olivia. Todo eso lo entiende cuando crece. La evolución de su relación es una maravilla, es la comprensión de dos mujeres que se quieren.

¿A quién le cuesta más aceptar ese otro rol de una madre y de una hija?
A la hija. Es difícil entender que hay más mundo para las madres después de todas las atenciones para con sus hijos que han tenido. El equilibrio está en aceptar que los hijos y los padres son personas independientes.

¿Por qué se suele decir “estamos embarazados” y no se escucha apenas “vamos a abortar”?
Lo positivo es mucho más fácil abrazarlo entre todos y lo que para alguien es negativo es más fácil echarle la culpa a la mujer. Abortar es una decisión complicada, que nadie toma por gusto. Es más sencillo culpar a la mujer.

«Cuando pensamos en el aborto no somos conscientes por lo que pasa una mujer, es algo que siempre va estar contigo».

¿Qué no entendemos del aborto?
Del aborto, del embarazo, no se tienen en cuenta los cambios que experimenta el cuerpo de la mujer. Hay una parte muy egoísta de la sociedad que no se para a pensar en todos los cambios, físicos y psíquicos, que se producen dentro del cuerpo de una mujer, tanto en un aborto como en un embarazo. Solo conocemos, pensamos, en la tristeza, en el caso del aborto, y en la alegría, en el caso del embarazo. Hacer hueco en tu cuerpo para otra vida es un acto de generosidad. Cuando pensamos en el aborto no somos conscientes por lo que pasa una mujer, es algo que siempre va estar contigo.

El aborto en España en una serie de supuestos es legal, sin embargo, es un tema que se tiende a esconder. La culpa y el juicio ajeno pesan, ¿por qué?
La culpa y el juicio pesan porque es una manera de tenernos controlados. Creo que la educación, algún tipo de política, incluso la iglesia nos han inculcado unos valores difíciles de quitar de nuestra memoria. Creo que, además, hay muchas personas que de puertas para fuera están en contra del aborto, pero de puertas para dentro suceden muchas circunstancias que no vemos, pero sí hemos acabado escuchando cuando el tiempo pasa: familias que están en contra del aborto y que, sin embargo, cuando llega el momento, deciden abortar sin contárselo a nadie con tal de no afectar su estatus social. Para mí, lo más importante es sentirse lo suficientemente libre como para tomar tus propias decisiones sin que la culpa y el juicio ajeno te haga daño.

La culpa es un eficaz medio de control, ¿de qué manera nos enseñan a sentirnos culpables?
Nos enseñan a sentirnos culpables poniéndonos límites por todas partes. Empiezan cuando somos pequeños cuando nos hacen esforzarnos en colorear sin salirnos de la línea trazada en el dibujo y desde ahí empieza todo: las profesiones, los horarios laborales, los tipos de familia, los roles familiares… La culpa es una forma de cortarnos la libertad y de no cuestionarnos nada y de aceptar las decisiones que otros están tomando por nosotros.

¿Estamos preparados para estar solos?
Creemos que sí, pero creo que la velocidad de la comunicación que existe hoy en día nos dificulta la soledad. Hay muchas personas que creen saber estar solas y realmente están enganchadas al móvil charlando con amigos que están en otro lugar, pero con una cercanía que probablemente no tienen cuando se toman un café.

¿Eres más de tomar decisiones o de una forma de vivir?
De tomar decisiones.

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