Textos de Covadonga Carrasco y Sandra Sánchez

“Amor, que a todo amado a amar le obliga, prendió por éste en mí pasión tan fuerte que, como ves, aún no me abandona”
[Dante Alighieri. 1307]

El amor platónico

Existe la falsa creencia popular de que el amor platónico es el amor inalcanzable. La expresión «amor platónico» parte de dos libros de Platón: El banquete y Fedro.

En El banquete, Platón transcribe los discursos de cinco comensales en torno a Eros. Son un irónico Sócrates; Fedro y Pausanias, como expertos amantes, Eriximaco como científico; Aristófanes, que ofrece el relato más conocido de este libro y Agatón, con su punto de vista dramático. El amor platónico se basa en el discurso de Sócrates. «Sócrates», le preguntan, «Y el que ama lo bueno, ¿a qué aspira?». «A poseerlo», responde. «¿Y qué le resultaría de poseerlo?» y responde: «Encuentro ahora más fácil la respuesta, se hará dichoso». Y de ahí viene la confusión cultural que ha trastocado el significado de la expresión «amor platónico».

Para Platón, el amor es lo que nos lleva a la contemplación de la esencia de la belleza. Es gradual y empieza con la contemplación de diversas bellezas: la física, la de la justicia, la de las artes, la de las ciencias, la de las almas… hasta que confluyen en un punto, limpio, apasionado y desinteresado. Y ese punto es el amor platónico, que es la contemplación de la belleza pura. Y no se orienta a una persona, sino la esencia de la belleza. Es decir, nace de una contemplación íntima, no de la posesión.

“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama”
[Miguel de Cervantes. 1605]

Lo de la media naranja

En El banquete de Platón, el discurso más popular es el que ofrece Aristófanes y del que parte la idea de «la media naranja». Él explicaría por qué los seres humanos buscamos al amor de nuestra vida.

El discurso de Aristófanes habla de unos humanos perfectos: «Todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción».

Los cuerpos unidos podían ser de hombre y hombre, de mujer y mujer y de hombre y mujer. La felicidad era plena y se sentían tan fuertes, que «concibieron la atrevida idea de escalar el cielo y combatir con los dioses». Júpiter pensó la manera de hacerlos vulnerables y los separó en dos. «Hecha esta división, cada mitad hacía esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con ardor tal que, abrazadas, perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra». En otros casos, ni se encuentran y en los peores se conforman con una mitad ajena.

“Haz cualquier cosa menos casarte sin amor. ¿Estás absolutamente segura de que sientes lo que debe sentirse?”
[Jane Austen. 1813]

“Las mujeres han vivido todos estos siglos como esposas, con el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre, el doble de su tamaño natural.”
[Virginia Woolf. 1927]

Lo que no es amor

Marina Marroquí nos habló sobre su libro, Eso no es amor. A través de ella, descubrimos como la sobre exposición a todo tipo de impactos informativos, puede generar conductas tóxicas.

«Cuando yo cuento a los chavales que mi maltratador me pegó, me quemó, me violó, muchos levantan la mano y me preguntan: ‘Pero, ¿cómo que te violó si era tu novio?'». Marina Marroquí en sus talleres con adolescentes descubre que escuchar a los menores, nos ayuda a entender por qué se siguen imponiendo los patrones de sumisión en las mujeres, o por qué los casos de violaciones en grupo parecen una pandemia, o por qué se justifican los celos y las actitudes violentas, como muestra de amor; cuando (casi) toda la sociedad adulta, parece volcada en universalizar los valores de igualdad. Si corean canciones con mensajes tóxicos, si descubren el sexo con porno violento, si la justicia protege a los malos… ¿qué esperamos? Y sobre todo, ¿qué debemos hacer para ayudarlos?

“Tomás no se daba cuenta (…) de que las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora”
[Milan Kundera. 1984]

El amor en tiempos del Tinder

Internet se ha convertido en un medio muy habitual para buscar y encontrar amor y sexo. Hemos preguntado por los motivos del éxito de aplicaciones y redes a María Sopeña Font, psicóloga en el Centro de Psicología Álava Reyes. La entrevista está en la web. Aquí presentamos un resumen.

La deshumanización
«En psicología existe lo que llamamos el refuerzo, se estudia a nivel biológico. Uno de los más importantes, es el refuerzo social, es decir, que nos digan cosas bonitas, que importamos y que la gente nos vea. Muchas veces somos invisibles para las personas que están cerca. Vivimos en sociedades muy deshumanizadas, en el trabajo o incluso con nuestros amigos».
«Nos hemos acostumbrado a ser productos. Estamos en un expositor. Pones tu logo, tu marca, tu slogan y tu mejor imagen».

El tiempo
«Pasamos el poco tiempo que tenemos en redes. Es más sencillo: puedes hacerlo desde tu casa, en el autobús, donde sea».
«En redes sociales alivias una doble presión a la hora de conocer a una persona: muestras tu mejor cara siempre y no tienes que hacer repetidos esfuerzos por conseguirlo. Rellenas un perfil una vez, lo dejas perfecto, precioso y no tienes que estar constantemente buscando la forma de mostrar lo mejor de ti. Lo haces de una sola vez».

La soledad
«La sociedad tiende a la soledad: pide la comida y no salgas a cenar, haz teletrabajo, hay que ser más autónomos, emprende… Todo nos invita a estar cada vez menos tiempo con gente, no solo con la de nuestro círculo, sino con gente desconocida».
«Las personas seguimos siendo animales sociales. En una sociedad en la que todos somos iguales, compramos en los mismos sitios, hacemos las mismas cosas, necesitamos diferenciarnos».

“El amor no puede compararse excepto consigo mismo, y tampoco se puede deshacer, no se puede mentir, no se puede obviar mientras exista”
[Almudena Grandes. 2007]

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