Entrevista de Reyes Muñoz
Fotografía de cabecera de David García-Amaya (c) 
17/04 – 07/05 – Teatros del Canal

El mundo creativo de Áurea Martínez es diverso e impresionante. Ha trabajado como guionista de series y documentales, ha expuesto videoarte, ha rodado un corto , ha escrito teatro, lo ha dirigido… Ahora vuelve a la dramaturgia con El pack, obra que escribe y dirige y que podríamos resumir como una inquietante reflexión en torno a la persona y la tecnología.

El universo de Thais se reduce a una planta medio muerta y un montón de dispositivos tecnológicos. Y todo va bien hasta que se da cuenta. Sobre el escenario tenemos a Marta Solaz y los que se relacionan con ella son Sergio Peris-Mencheta, Ana Rayo, Manuela Vellés, Laura Gómez-LaCueva, Félix Gómez, María José Moreno, María Forqué y Jorge Usón en forma de imagen y las voces de María Vázquez, Lorena Berdún y Nacho Rubio. Juntos componen una propuesta en la que todo son risas… hasta que nos damos cuenta.

¿De dónde parte El pack?
Desde hace algún tiempo pensaba en hacer algo que conjugase el lenguaje audiovisual y la escena. Son dos lenguajes diferentes, pero quería hacerlo de tal forma que la parte grabada formara parte indisoluble de la obra. Por otro lado, comencé a ser consciente de que estamos rodeados de pantallas, nos conectamos con pantallas, trabajamos con pantallas… La obra es un juego que conjuga esos terrenos que me apetecía investigar.

Con El pack, me viene a la cabeza “Are you lost in the world like me?” de Moby.
La obra es una reflexión. No va en contra de la tecnología. No es una crítica, es una reflexión centrada en la idea de que todo está muy bien mientras lo dominemos. Es una alerta.

¿Es una reflexión en torno al yo como persona y el yo como personaje?
Sí. Nos estamos convirtiendo en personajes. Todos llevamos cámaras en el bolsillo, todos tenemos perfiles en las redes. La obra reflexiona en torno a hasta qué punto eso es capaz de crearnos una pequeña esquizofrenia. ¿Dónde dejamos nuestro imaginario? ¿En qué se convierte el deseo? ¿Cuál es la realidad? ¿Hasta qué punto nos trabajamos a nosotros mismos? ¿O nos encontramos con nosotros mismos? Queremos tener todo eso en algo externo, y eso sí que me parece peligroso.

“Con esta obra la gente se ríe de cosas muy curiosas. Son momentos muy dramáticos y se ríen hasta que la situación llega a un punto serio”

¿Lo tratas desde el punto de vista del drama o la comedia?
Tiende al drama pero con pinceladas cómicas. Cuando somos capaces de reírnos de algo es porque estamos descubriéndonos a nosotros mismos. Con esta obra la gente se ríe de cosas muy curiosas. Son momentos muy dramáticos y se ríen hasta que la situación llega a un punto serio. Los espectadores pasan por un arco emocional en el que entran como en las redes sociales, de una forma lúdica y divertida y en algún momento el juego muta a algo dramático.

Detecto hartazgo. Nos aburre ver los platos de macarrones de la gente, y supongo que a los demás les aburre ver mi plato de macarrones…
Es que es muy aburrido. Hablamos, hablamos y no decimos nada.

¿Es presente o es futuro?
Yo insisto mucho en que es presente. Hay un momento que no quiero destripar, pero me dicen: “Esto no pasa” y yo digo “¿Y cómo sabes que esto no pasa?”, y se quedan medio helados. ¿Cómo sabemos que lo que ocurre ahí no pasa o que no pasan cosas por el estilo? Todos nos comunicamos así. Los abuelos usan el skype para hablar con los nietos, la gente hace deporte con un monitor en casa, el otro día en Atocha veía carteles que anunciaban algo así como “visita al médico sin salir de casa”… ¡Te diagnostican a través de la pantalla! La tecnología está en nuestra vida de una manera más invasiva de lo que somos conscientes, y esa es la cuestión que trato en la obra.

“No sé tú, pero yo conozco a muchas personas que viven pendientes de los pitidos del teléfono y que se deprimen si no pita, sienten que no existen, que nadie les quiere”

Tenemos que saber que eso existe, pero que la vida es otra cosa…
No sé tú, pero yo conozco a muchas personas que viven pendientes de los pitidos del teléfono y que se deprimen si no pita, sienten que no existen, que nadie les quiere. El afecto se mide por el número de “me gusta” a la foto de la paella que acabamos de publicar. ¿Dónde estamos situando nuestros afectos? ¿Dónde estamos poniendo nuestro centro de gravedad?

Lo importante no es pensar, sino contarlo, reflexionar hacia afuera…
Claro, pero nadie reflexiona hacia fuera. Cuando tenemos un problema de verdad, cuando alguien necesita hablar, ¿lo comparte?, ¿y recibe de las redes algo que le sirva para solucionar el problema? En las redes somos felices, somos maravillosos… nadie cuelga una foto en la que sale mal.

¿Cómo se refleja en la obra todo esto de lo que estamos hablando?
Tenemos a una actriz en la escena que está en interacción con otros ocho actores virtuales. Técnicamente es muy sencillo. La intención es que la gente lo reconozca como propio, como su móvil, como el whatsapp o el skype…

Leyendo sobre la obra me ha venido a la memoria aquello de la EGB, de la Edad Media empieza aquí y termina aquí, la Edad Moderna… ¿se ha acabado la Edad Contemporánea?
Absolutamente. Ya lo llaman la Era Digital. El cambio de lo analógico a lo digital ha sido brutal. Creo que es incluso más bestia que la Revolución Industrial, con todo lo que supone. La ciencia lo ha cambiado todo a todos los niveles. Ya no te abren si tienen que diagnosticarte, te introducen una minicamara. La tecnología nos da acceso directo al conocimiento, acerca distancias, nos quita mucho trabajo. Lo que tenemos que analizar es cómo eso nos afecta, tenemos que estar alerta por si también repercute en nosotros como seres sociales, si eso que nos acerca a unos, nos aleja de las personas que tenemos cerca.

En resumen, si se muere Bowie, muestro que sufro más que su familia. Si se muere mi vecino, es otra cosa…
Es que si se muere tu vecino, tu pena no te va a reportar doscientos “me gusta”. Lo de tu vecino no puntúa en redes.

Mucha información en: http://www.teatroscanal.com/espectaculo/el-pack-comedia-aurea-martinez/

El pack en la edición papel de ExPERPENTO de marzo-abril 2017: