Covadonga Carrasco

Renunciar a la protección familiar y a las facilidades tanto económicas como afectuosas del mismo, es algo duro para cualquier estudiante que tiene que salir de su ciudad y comenzar una carrera universitaria, pero la aventura no termina ahí…

Dicen que la vida del estudiante es la mejor, y la verdad es que no les falta razón, pero depende de cómo se mire. Los niños crecen y de pronto una familia que los ha tenido bajo sus faldas se da de bruces con la cruda realidad: ha decidido ser universitario y se marcha de casa, porque para colmo de males, la carrera elegida no la imparten en la ciudad de origen. Y aquí es donde empiezan a complicarse las cosas, además de elegir universidad, hay que encontrar un alojamiento para la criatura y esto, no es fácil.

La primera decisión es: Colegio Mayor -donde se tendrá más control sobre el estudiante- o piso compartido -porque esa inocente familia confía en el susodicho y le ve lo suficientemente capaz de vivir más “a su aire”, sin restricciones-. Si la decisión es la primera, las cifras ascienden a unos 600 euros mensuales, aproximadamente, en régimen de pensión completa. Si la opción es la segunda, las cosas se complican: en primer lugar porque son bastante sorprendentes las diferencias de alquileres entre ciudades. En lugares como Cádiz o Alicante el arriendo de una habitación en un piso compartido cercano al centro de la ciudad o a la universidad ronda aproximadamente los 300 euros mensuales. Pero ¡ay madre si el niño se nos marcha a estudiar a Madrid o Barcelona!, en estas dos grandes capitales en unas condiciones parecidas a las comentadas anteriormente la suma es de 900 euros.

Hay que tener en cuenta además que, como en todo, en este “sector inmobiliario” hay fraudes y un afán de excesivo lucro por parte de aquellos que alquilan y de las agencias que “facilitan” la labor al futuro inquilino. Existen numerosas empresas que tras el pago de una cantidad determinada (esto depende mucho de la agencia), muestran diferentes pisos a los estudiantes hasta que éste se decide a quedarse con alguno de ellos. Muchas están en Internet, pero hay que tener cuidado porque, en ocasiones, el pago por parte del estudiante sí se realiza, pero la búsqueda por parte de la agencia no. Así, se recomienda que antes de realizar algún tipo de operación, primero se tenga constancia de que la agencia es de total confianza. Pero existe otra práctica bastante extendida. Cuando finalmente el estudiante ha encontrado vivienda se le exige el pago al propietario del mes por adelantado y una fianza añadida del mismo importe al arrendatario para la agencia que ha encontrado el piso. Ante esta situación, no son muchas las familias, ni los estudiantes, que pueden hacer frente a esta cantidad de pagos, a los que se unen los gastos propios de vivir fuera de casa, matrículas, libros, fotocopias, etcétera.

En el resto de Europa las ayudas a los jóvenes para la obtención de vivienda son mayores, la prueba está en que se independizan antes. En nuestro país existen ayudas para el alquiler de viviendas a bajo precio, dirigidas a jóvenes menores de 35 años y con unos ingresos que no superen en ningún caso 5,5 veces el salario mínimo interprofesional, y cuyo alquiler no excedería los 500 euros mensuales. Son alquileres con derecho a compra, ante lo que se descontará del importe total un 50% de la renta que se haya pagado hasta el momento.

Otra ayuda consiste en ofrecer hipotecas con condiciones más ventajosas de las habituales. Sin embargo, estas medidas son insuficientes, y los jóvenes tienen grandes dificultades a la hora de encontrar vivienda.

SOLIDARIOS PARA EL DESARROLLO

Ana Muñoz

SOLIDARIOS puso en marcha en junio de 1995 en Madrid el Programa de Vivienda Compartida entre Ancianos y Estudiantes. Este programa pretende ofrecer una alternativa de vivienda a los estudiantes universitarios y, sobre todo, una compañía y una mejora en la calidad de vida de las personas mayores que viven solas.

La organización se dio cuenta de que muchos mayores querían mantener su independencia y sus costumbres. Por ello, surge la idea de buscar un compañero de piso que les ofrezca un rato de charla y compañía.

Básicamente el programa consiste en que un anciano ofrece una habitación de forma gratuita a un estudiante y a cambio, éste le ofrece compañía, afecto y ayuda.

Este programa -en el que colaboran el Ayuntamiento de Madrid, la Universidad Complutense y Caja de Madrid- nació de la experiencia de 7 años de voluntariado de Solidarios en la atención a domicilio a las personas mayores.

Además, el programa es una experiencia intergeneracional muy positiva para ambas partes. Se pone de manifiesto cómo las diferencias entre generaciones se acortan con la convivencia y el trato diario.