Testo de Amaya Asiain

Ya no hace falta arrancar con el estárter, ni frenar en los semáforos en segunda. Parece extraño, pero los coches ahora tienen tanta potencia y están diseñados de tal forma, que no hace falta conducirlos como se hacía hace 30 años. Se ha modernizado el parque móvil español pero no los conductores.

En España el sector del transporte quema más del 60% de todo el petróleo que usamos. Del total de la energía consumida en este sector, el tráfico rodado chupa casi un 80%. Este es un tema de actualidad, y más si tenemos en cuenta que en breve entrará en nuestras vidas el Protocolo de Kyoto, a través del Plan Nacional de Asignación de Emisiones. Éste, que es el instrumento del Gobierno para controlar las emisiones de CO2, no contempla ni el consumo doméstico ni el transporte, a pesar de que ambos suponen casi la mitad del total de las emisiones de gases de efecto invernadero de este país. En concreto, el vehículo automóvil supone un 15% de la energía total consumida en España.

Por este motivo, es preciso buscar alguna forma de combatir el CO2 que emanan los coches y, es más, hacerlo de forma realista, ya que no parece posible que la gente renuncie al uso de su vehículo privado para moverse por la ciudad. En algunos casos no es reprochable, sobre todo con las urbanizaciones que se construyen a la afueras y a las que no se puede llegar de ninguna forma, salvo en un coche.

El IDAE Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía, que depende del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio y el Real Automóvil Club de Cataluña (RACC), han desarrollado unos cursos pioneros en España sobre la aplicación de técnicas de conducción económica, para ahorrar no sólo combustible, sino también emisiones al ambiente. Estos cursos, que se llevan a cabo en países europeos como Suiza, Holanda o Alemania con un enorme éxito, adiestran a los conductores bajo la supervisión de monitores expertos en sesiones de 4 horas, tiempo necesario para asimilar una serie de técnicas al volante que repercuten de una manera decisiva en la emisión de partículas contaminantes y en el ahorro de combustible.

La idea es sencilla: cuanto menos consumes, menos contaminas. Sale ganando el dueño del vehículo, sobre todo ahora que el combustible ha llegado a máximos históricos, y todos en general, que respiraremos mejor y viviremos en ciudades menos ruidosas. Para poder aprender a conducir de “forma económica” lo primero que hay que hacer es desaprender a conducir de “forma convencional”. Tenemos que acostumbrarnos al empleo de marchas largas y a llevar el coche muy poco revolucionado, de ahí que se pueda combatir también la contaminación acústica. La velocidad de la circulación debe ser lo más uniforme posible: ¿qué sentido tiene acelerar en un tramo si el semáforo siguiente está en rojo?.

Con una conducción tranquila y uniforme se consigue también una mayor previsión, un mejor control y más anticipación, por lo que el tráfico es más fluido. Si todos los conductores que circulan en España aplicasen las técnicas de conducción económica, en nuestro país se ahorrarían 2.555 millones de litros de combustible, lo que supone que podrían circular gratis 2,6 millones de automóviles y se ahorrarían 2.134 millones de euros cada año. En cuanto al beneficio medioambiental, de adoptar todos los automovilistas esta nueva filosofía de conducción, se lograría una reducción de emisiones de C02 de  6,3 millones de toneladas, lo que es equivalente a la plantación de 48 millones de árboles en toda España.

El ahorro de la conducción económica no sólo se puede cuantificar de manera global, sino que también cada usuario puede notar los beneficios de esta nueva manera de entender la movilidad en automóvil. Cada conductor puede ahorrar hasta un 15% de combustible, lo que supone una considerable reducción de la factura en gasolina o gasóleo dependiendo de los kilómetros anuales que se realicen. El ahorro medio de un conductor español se situaría en 136 euros.

CONSEJOS TÉCNICOS

EL ARRANQUE: En los coches propulsados por gasolina se debe iniciar  la marcha inmediatamente después de arrancar el motor. En los diesel se debe esperar unos segundos una vez que se haya arrancado el motor antes de comenzar  a marcha.

CAMBIO DE MARCHAS: Cuando aceleres hazlo de forma rápida hasta la marcha más larga en la que puedas circular. No pasa nada si se pasa de tercera a quinta sin pasar por cuarta. Parece lo contrario a lo que nos han enseñado en las autoescuelas, pero los coches fabricados después del ’96 no sufren con este salto de marchas.

¿Cuándo cambiar de marcha? Es importante que el motor esté poco revolucionado. En los motores de gasolina conviene mantenerse entre las 2.000 y las 2.500 revoluciones por minuto (rpm). En los diesel entre las 1.500 y las 2.000 rpm. Según la velocidad:

  • 2ª marcha: a los dos segundos o dos metros
  • 3ª marcha: a los 30 km/h
  • 4ª marcha: a los 40 km/h
  • 5ª marcha: a los 50 km/h

DECELERACIÓN: En los procesos de deceleración hay que cambiar lo más tarde posible, levantando el pie del acelerador y efectuando las pequeñas correcciones necesarias con el pedal del freno.

ANTICIPACIÓN: Se circula con un amplio campo de visión de la vía y de las circunstancias de la circulación. Un campo de visión adecuado es el que permite ver 2 ó 3 coches por delante del propio. Se guarda una adecuada distancia de seguridad.