Solo tenemos que ver el póster de Dancer para captar el carisma de Serguei Polunin. Su cuerpo perfecto poblado de tatuajes, contrasta con una mirada azul como un cielo tormentoso. Steven Cantor narra la historia del bailarín, en este documental forjado con imágenes de archivo y declaraciones tanto de los allegados del artista como las del propio protagonista. El resultado es una reflexión en torno al talento y el éxito, el trabajo y la renuncia.

Cómo ser Billy Elliot
La popular película británica de 2000 nos contaba la historia de un chico con un don. Con Billy Elliot, Polunin tiene muchos puntos en común. Ambos provienen de familias con pocos recursos y ambos tienen un talento innato para la danza, ambos tienen una maestra en su infancia inspiradora, pero en el caso del ucraniano, cuenta con una madre que muy pronto aprecia esas capacidades y apuesta por la vertiente artística del niño. Quizás esa es su condena y su salvación. Brilla. Lo dice todo el que se cruza con el niño de seis años. En su ciudad natal pronto toca techo y la familia se vuelca en pagarle los estudios en Kiev. Su padre y su abuela emigran para poder hacer frente a las cuotas y su madre lo acompaña en la aventura. Él mismo dice “se acabó lo divertido”. Aun define la felicidad como ese momento en el que queda suspendido en el aire, pero la presión le llega por todos los lados. El niño feliz intuye que la fragmentación de su familia tiene mucho que ver con su don.

El documental nos cuenta sin azúcares lo que ocurrió desde que Billy Elliot se monta en el autobús hasta que su padre lo ve debutar. La madre de Polunin envía una solicitud al British Royal Ballet. Él consigue una beca, pero ella no tiene los papeles. El niño de trece años se queda solo en Londres y quiere ser el mejor para unir a su familia. El padre expresa su pesar: “no lo vi en seis años”. Entrena y ensaya el doble que sus compañeros, que van desgranando en el documental como toda la profesión sabe de su talento. Con 19 años, Serguei Polunin es el primer bailarín más joven del Royal Ballet.

Cómo ser Nina Sayers
Desde el inicio del documental, en el que un bello joven se relaja mientras escuchamos una música inquietante de fondo, sabemos que esta historia no tiene un final feliz. Tampoco tiene un final trágico, como Cisne negro. La vida real pocas veces supera a la ficción. Pero sí que sentimos que Polunin tiene mucho en común con Nina Sayers, la bailarina interpretada por Natalie Portman en 2010. El chico que lo había dado todo para triunfar, que había renunciado a una infancia, a la diversión, a los amigos, al amor fraternal, convencido de que su éxito sería la clave para reunir a su familia, ve cómo en la distancia, sus padres se divorcian, sesgando la que quizás era su auténtica meta. Si en su arte asciende a los cielos, en su vida desciende a los infiernos. Y así como Dancer es revelador: para la prensa, para los espectadores y para los críticos, el bailarín es lo mejor que le ha ocurrido a la danza desde Nureyev. Para Serguei Polunin, la danza se ha convertido en un camino de destrucción. Tildado como el “chico malo” del ballet, el protagonista de tantas portadas elogiosas como de escándalos relacionados con el consumo de drogas, anuncia en 2012, con poco más de veinte años su renuncia. Unos meses después volverá a la danza en Rusia, pero con otras ambiciones.

“Take me to church”
Un videoclip se hacía viral en 2015. Rodado en Hawái, vemos la hipnótica libre y perfecta danza de Serguei Polunin al ritmo del tema de Hozier “Take me to church”. La potencia de esas imágenes hicieron que el videoclip se convirtiera en viral en pocos días. Todo el documental parece llevarnos a ese momento de belleza para que lo veamos de otra forma. La estética da paso a la ética y descubrimos todo el esfuerzo y renuncia que esconden esos movimientos pulcros, y casi masticamos la presión en la mirada del bailarín, para entender que la habíamos confundido con carisma o arrogancia. El videoclip no pierde su poder inspirador, se carga de humanidad.


Si antes de ver Dancer pensábamos que Serguei Polunin era lo más parecido a un ángel, después de verlo, lo valoraremos con más fuerza, porque quizás los humanos seamos, en nuestra imperfección, más bellos que los ángeles.

Pero sobre todo, respeto
Alguien puede creer que Steven Cantor, ayudado por Serguei Polunin, ha rodado una crítica al mundo de la danza. No es así. Dancer destila en todo momento amor hacia este arte, con escenas completas de extrema belleza. El director nos enseña a respetar a los bailarines y bailarinas que entregan su vida por una hora y media de arte sobre el escenario. Dancer nos sentará en las gradas de los teatros con una postura de respeto hacia quienes pueblan las tablas y de quienes, quizás, no conozcamos el nombre.

Más información: https://karmafilms.es/catalogo/dancer/

Lee este artículo en nuestra edición en papel de mayo-junio de 2017: