Texto de Covadonga Carrasco
Imágen cortesía de Toniflix

Que el teatro es uno de los máximos placeres de los que podemos disfrutar es algo que ya sabemos, pero si además nos encontramos con joyas como esta que consigue que pasemos un rato de diversión absoluta, el plan resulta perfecto.
Hablamos con Rulo Pardo, una de las cabezas pensantes junto a Santiago Molero, de la compañía Sexpeare. Nos presentó a su última criatura Este espectáculo no es mi madre. No os fiéis de título… sencillamente pasad por el Teatro Lara…

Sinopsis: «Una historia de amor y pies, en el país de nunca jamón, siempre pulpo, una historia que no es para mi madre…» ¿Se puede saber qué pretendéis con este jaleo?
Jajajajaaja, el título es un homenaje a Dalí, a esos cuadros que él tenía en los que aparecía una pipa y el cuadro se llamaba después «Esto no es una pipa». Además el título está mal escrito, hemos hecho un poco de marketing para que llamara la atención. Aunque creo que esto nos está jugando a la contra, porque la gente directamente no habla del título.

Explícanos un poco de qué va esta locura de historia…
Pues te lo voy a contar en orden cronológico… Se trata de la historia de Marcos, un tipo que muere y se encuentra en el limbo porque tiene que reencarnarse. Nuestra creación del limbo es un tanto peculiar, hemos querido hacerlo como un espacio burocrático, con muchas neveras, con muchas puertas, con varias secciones: la de beatificación, la de reencarnación. Marco tiene que quedarse nueve meses en la sección de reencarnación con una madre, de ahí el título, porque en realidad esa no es su madre, es la madre de la que va a nacer. En el proceso de reencarnación se le van borrando los recuerdos, el último que le queda está materializado en un corazoncito, que es el último recuerdo del amor. Pero él no quiere que se lo quiten. Así que comienza con una huída desesperada metiéndose en las neveras, como una especie de Alicia en el País de las Maravillas.

Eso es lo que te iba a comentar, que a mí me recuerda a esa historia, con la cantidad de personajes extraños que van apareciendo, cuando va corriendo de un lado para otro…
De ahí también lo de «En el país de nunca jamón, siempre pulpo», porque este tipo va acabar en Galicia.

Lo de tomarse la muerte con ese cachondeo imaginamos que es porque no le tenéis ningún respeto…
No hombre, le tenemos mucho respeto. Pero siempre hemos trabajado el absurdo y sobre todo reírnos de nosotros mismos. En realidad yo creo que en vez de reírnos lo que estamos haciendo es un homenaje. En el periplo de Marcos, este se encuentra con la muerte, que por cierto, se llama Paca, y ella es la encargada de fabricar frigopies. Y es que el frigopie es lo que ella tiene más cercano a la vida. Está frío y tieso como la muerte, pero es dulce y rosa como la vida. Paca le dice a Marco que la gente ya no aprecia la muerte, y que por eso tampoco aprecia la vida. Por eso se pone a fabricar frigopies, para ver si las personas comienzan a apreciarla de nuevo.

Este espectáculo es un «no musical». Para vosotros es básico este elemento en un montaje.
¡Si, muy bien definido! Somos muy de la «ciencia ficción», la musica es básica para esto. Igual que las luces. En este espectáculo hemos creado un juego de luces espectacular. Se puede ver cuando sale la puerta parlante, un homenaje a la película El Laberinto de David Bowie. En realidad este montaje es un poco a lo Tim Burton, pero con personajes muy nuestros, como Beetle Lucky, recordando a Joaquín Luqui, o el ratón Cobos, que se ha convertido en rata y está en las cloacas del limbo para recaudar el dinero de la SGAE.

Lo que no tenemos claro es si es una forma velada de criticar la oleada de musicales. Parece que a la gente no le importa gastarse una pasta en un musical y le cuesta un poco más gastárselo en otro tipo de teatro.
No, no lo hemos hecho pensando en eso, porque a nosotros nos encantan los musicales, pero los de verdad. Te hablo de montajes como Cats, Los Miserables, no de los 40 principales y esas cochambres que podemos ver por aquí…
Nos apetecía cantar, pero como no podemos hacer una gran producción porque tenemos la garganta cascada, pues cantamos poquito pero hacemos una cosa muy bonita.
Pero sí que tienes razón en eso de que la gente se gasta un dineral en ir a un musical y se pierde obras estupendas en salas pequeñas. Parecía que el teatro había cogido mucho cuerpo, pero en los últimos meses ha caído en picado, esperando a que vuelva a remontar y hacer cosas que nos diviertan a nosotros y por supuesto al público. A ver qué pasa…

Lleváis 16 años con la compañía montada. No debe de ser nada fácil…
Hemos vivido de todo, cuando no eramos nadie y hacíamos bolos por pueblos, o cuando las compañías de teatro contrataban a actores de teatro… Después aparecieron las series de televisión españolas y los actores emigraron a ellas. Probablemente es el momento en el que las compañías pequeñas comenzaron a crecer. Y ahora toca otra vez que los teatros se llenen de espectáculos, con un montón de actores que quieren estar sobre las tablas otra vez. Nosotros tenemos la suerte de que la gente ya nos conoce y le gusta los que hacemos. Pero estamos como todas las compañías, con ayuntamientos que nos deben dinero, etc. Como la cultura en este país parece que no es importante…

La eterna pregunta… ¿Es más fácil hacer reír o hacer llorar?
Creo que es más complicado hacer reír. Se necesita vena cómica. En los trabajos que he hecho a lo largo de mi carrera he visto como había mucha gente a la que le costaba llegar a ese punto, que parece fácil pero que no lo es en absoluto. Resulta además muy difícil no caer en el humor tonto, el facilón, y encontrar ese código que se necesita.

Hay obras que esperas con tensión, esperando captar ese mensaje oculto, subliminal, un rollo de lo más intelectual. En este caso, ¿tenemos que estrujarnos la cabeza para no sentirnos idiotas o podemos relajarnos, reír y disfrutar?
Pues nosotros jamás hemos hecho algo así. No tenemos mensaje social, político o de cualquier otro tipo. Queremos que la gente se divierta y en tiempos como los que estamos viviendo mucho más. Como se habla de la muerte y de temas cercanos, es posible que alguien saque sus conclusiones. Pero en realidad no es más que una historia de amor, un viaje de la muerte hacia la vida, decidir si quiere nacer o no quiere nacer.
La puerta es el símbolo del aborto, Marco decide. De pronto descubre una cosa que por supuesto, no te voy a contar porque te destripo el final, pero que le hace tomar la decisión de volver a vivir…

 


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