Texto de Javier Luna Roldán

Ahora que tan de moda está la colaboración de los seguidores para autofinanciarse la grabación de un disco de estudio, Miguel de Lucas nos ofrece en este cuarto disco once canciones donde la comedia y la música se entrelazan en un extraño resultado que combina las formas de escribir más sutiles y, también, las más descaradas a las que tan acostumbrado nos tiene desde su charca.

Un disco, fundamentalmente enmarcado en el estilo rock, donde predominan los distorsionados riffs de guitarra que, acompañados por una base rítmica de bajo y batería con líneas sencillas pero sólidas, ofrecen una instrumentación a la altura de una voz que se desgarra con las letras más canallescas. Y donde, gracias a la versatilidad de un autor variopinto, se cuelan también influencias reggae y pop, para ceder el protagonismo a las temáticas de la comedia o el amor. Este último con magníficos resultados en “Desde la estación”, acertado single.

A diferencia de los discos anteriores, y como consecuencia de una producción más intensiva de la mano de Fernando Polaino, se cuelan en estas nuevas composiciones los teclados e instrumentos de viento metal, que otorgan a este disco una mayor madurez, al menos en lo musical.

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Este artículo ha sido publicado en el número de marzo de 2012 de ExPERPENTO: