Texto de Reyes Muñoz

No había leído El alquimista a pesar de que el libro llevaba rodando por mi casa ni se sabe los años. Lo extraordinario es que después de leerlo creo que había una razón para no hacerlo hasta ahora.

Por tanto, si no te apetece en este momento, te animo a que no lo hagas, hasta que sea él el que te llame desde la balda de tu estantería. Cómpralo –la cubierta de la última edición de Booket es preciosa– , y déjalo ahí plantado, a la vista. Es casi seguro que cuando llegue el momento agradecerás tener entre tus manos una historia tan mágica y sanadora.

La sencillez marca la prosa de la historia de un pastor andaluz que inicia una travesía por el desierto para llegar a las pirámides de Egipto. Es de sobra conocida la capacidad de Coelho de separar la paja del grano y lanzar frases breves que pasan a formar parte del inconsciente colectivo. Podemos comparar al brasileño con uno de esos tipos que reúnen a cientos de personas en un recinto y dice a cada una de ellas lo que quiere escuchar. Si bien es cierto que El Alquimista está cargado de imaginería religiosa, también es verdad que Coelho la despoja de confesionalidad.

Un día alguien me dijo que el león era el rey de la selva porque se lo creía… y esta novela –o libro de autoayuda– va de eso: de averiguar lo que somos, creérnoslo y aliarnos con el universo para conseguirlo

Más información: http://www.planetadelibros.com/el-alquimista-libro-69677.html

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