Texto de Reyes Muñoz

Muchos son los temas tratados en una novela cortísima, casi un relato. A tener en cuenta que su primera edición tuvo lugar en 1978 y no creo que haga falta recordar qué ocurría en España ese preciso momento. Su autor es Miguel Delibes… ¿premio nobel?… ¡ay no!

De primeras entramos en la sede de un partido político de izquierdas. Lenguaje urbano, ideas modernas, deseo de cambio y pureza y mediocridad a partes iguales, según quien agite la bandera. Conocemos a mucha gente, pero quienes nos importan son Laly, treintañera, matemática y con las ideas claras, Rafa, casi un crío que quiere comerse el mundo y el candidato: Víctor, profesor con “cuarentaipocos”. Les montan en un coche a hacer campaña por los últimos pueblos olvidados del norte de Castilla. Ni idea tienen de lo que van a encontrar.

Cayo. Es a él a quien se encuentran después de una breve ruta por la España rural. Vive en un pueblo en el que son tres: él, su mujer que es sordomuda y un vecino con el que no se habla. Y sin nada mejor que hacer, los tres jóvenes de ciudad deciden entrar al debate con un hombre al que las primeras elecciones de España le importan poco. A fin de cuentas su vida, pase lo que pase, seguirá igual.

Su vida. El señor Cayo es un naufrago de nacimiento en una isla que no está rodeada de agua. Vive de lo que le da la tierra y punto. Casi podíamos considerar que sufre de estrés en un día a día repleto de funciones que no puede dejar para mañana. Y en esa rutina le acompañan Laly, Rafa y Víctor, que con una cultura muy superior a la de su interlocutor, no pueden por menos que quedar a la altura del betún. Aunque esa maleta de estudios les sirve para respetar, escuchar y asimilar lo que ven. Aun poscionándose claramente del lado de Cayo, Delibes también les trata bien. Para hablar de otra corriente menos civilizada, nos preesentará a unos cazurros urbanos muy peligrosos.

Más allá de la clara distancia que separaba el mundo rural del urbano –a día de hoy el apogeo de las casas rurales ha conseguido que cualquier hijo de una urbe se crea que tiene un pueblo– esta novela destaca por su actualidad. O más bien, por su no actualidad. O por su carácter utópico… Imaginamos un mundo en el que los candidatos, títeres o no, veían el poder como un medio y no como un fin. Nos hace pensar en una clase política guiada por la máxima del tío Ben (el del Hombre Araña): “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y descubrimos una generación –quizás hoy “casta”, que diría aquel– que era capaz de escuchar a un viejo paleto, aunque fuera para conseguir un voto. Quizás la clave es que los aquí representados son políticos que vivieron en una prisión ideológica. Hay desenlace en El disputado voto del Señor Cayo. Un desenlace potente, de los que sobrecogen al lector. Leedlo. Os llevará no más de dos o tres horas.

Más información en: http://www.planetadelibros.com/el-disputado-voto-del-senor-cayo-libro-68114.html