Texto de Olga BUSTAMENTE PAYO
Fotografías con licencia Creative Commons

La primera palabra que se me ocurre al pronunciar el nombre de esta ciudad es «encanto». Encanto… ¿Por qué? Pues porque el sólo hecho de llegar es una sorpresa tremenda, y pasearla supone tener durante todo el tiempo la boca abierta.

Hamburgo no es la típica urbe germana, pese a ser una de las más conocidas. Por ejemplo, no está plagada de cosas medievales, como otras ciudades teutonas. Hamburgo hechiza a su manera. Huele a mar, sin tenerlo. Huele a café, huele a especias y huele a pescado.Hamburgo se sitúa al norte de Alemania y es estado federado independiente. Tiene el título de ciudad libre y hanseática, del que presume desde la Edad Media.

Posee un enorme puerto, el segundo más grande de Europa después del de Rotterdam. Allí, muy cerca, está lo que todos quieren ver en Hamburgo… Sant Pauli, el barrio más famosos de esta ciudad, conocidisimo en el resto de la geografía germana. Sant Pauli significa sexo, drogas y de vez en cuando rock&roll. Este distrito es la zona del puerto más conocida, donde los marineros tomaban en sus tiempos más idílicos contacto con tierra. Ahora muchos marineros no pueden ni abandonar su barco para pasear por el puerto porque no tienen papeles.

El romanticismo del barrio de Sant Pauli se remonta a los años 50 y los años 60. Hoy su ambiente sigue siendo indescriptible. Bien es cierto que te encuentras con muchos turistas, pero también con muchos de sus fieles que viven y trabajan por sus calles. Allí hay bares, clubs, cines, teatros y hay una calle que está cortada al tráfico, a la que sólo pueden acceder hombres. En Herbertstraße las prostitutas son respetadas y conocidas por los nombres. Es típico hacerse fotos a la puerta de los clubes más famosos. Y si la visita se hace de día por aquello de que la curiosidad mató al gato, cuando estás allí lo único que piensas es: «esta noche vuelvo».

Son muchos los que llegan a Hamburgo para descubrir los orígenes de uno de los grupos más famosos del mundo, llegados a la ciudad muy jóvenes desde Liverpool. Si, hablamos de los Beatles… son archiconocidos los conciertos que dieron en su época alemana en bares como el Indra, el Starclub y alguno más. Se dice que fue allí donde aprendieron a dar conciertos, y a aguantar más de ocho horas delante de un público que no se cansaba.

Si desde allí te vás al centro cultivado de la ciudad, te encuentras con una estatua de Otto von Bismarck y una de sus iglesias más famosas: St. Michaelis, más conocida como el «Michi». Si subes a su torre ves la grandeza de esta metrópoli abierta al mundo, a gentes de todo tipo… Según llegas al centro a tu paso vas dejando muchísimos puentes, ríos, canales, que discurren casi, casi de manera caótica. Es entonces cuando abres la guía y lees que Hamburgo tiene muchos más puentes que Venecia… Es increíble la cantidad de agua que hay en esta ciudad.

En el centro brilla un ambiente desconocido. Hay muchos comercios que son únicos en toda Alemania: hay tiendas artesanales, hay tiendas de los modistos mundialmente conocidos, hay tiendas de delicatessen, cafeterías, restaurantes que se encuentran alrededor del lago que forma el río Alster. Y sin hacer mucho esfuerzo llegamos a un lugar único: «Die Speicherstad». Son los silos dónde se almacenaban las especias y el café que entraban en el puerto desde donde eran distribuidas por toda Europa. Los edificios son de ladrillo rojo, un material de construcción típico de Hamburgo –y de todo el norte de Alemania y Europa. Pero «Die Speicherstad» no destaca por su belleza, sino por el olor que desprende. Es una sensación única. Huele a café. Y de sobra es conocido que el olor de café tostado…

Nos queda hablar del Puerto, pero no como antes de su «zona roja» sino del puerto como zona de trabajo, de riquezas y como zona turística. Cuando llegas allí y ves lo grandísimo que es, te quedas impresionado. Lo mejor es montar en un barco y hacer una ruta turística, como poco, variopinta. Verás en los astilleros como hacen barcos o los arreglan, donde están amarradas naves enormes como el Queen Mary… Puedes fisgar desde el agua la zona más noble de Hamburgo: Blankenese, con sus palacetes y sus zonas verdes. Y con menos glamour descubres los contenedores, como son cargados en los barcos… Y las editoriales alemanas que publican las revistas y periódicos más leídos en el país, como la revista «Der Spiegel»… Y los retaurantes de cocineros de tres y cinco estrellas… Incluso olerás un mar que no existe, porque el agua por el que estarás navegando es el del Elba, que aunque sea río tambien tiene subidas y bajadas de marea.

La zona del puerto es maravillosa. Ahora conmemoran su aniversario. Todos los años desde hace 850 los alemanes celebran una fiesta de tres días que extiende por todo el muelle. A la otra orilla están los teatros donde se puedes disfrutar de los musicales de moda.

Una curiosidad más de esta ciudad tiene lugar los domingos por la mañana. Es necesario levantarse pronto… si apareces a las siete y media de la mañana… te lo has perdido. Es el llamado «Fischmarkt» el mercado semanal del pescado, dónde además de pescado tambien se vende fruta y flores. Los vendedores vocean para vender, por 18 euros te llenan una cesta con los productos, se vende el típico pescado ahumado… y aunque no tiene buen aspecto sorprende por las cantidades que se venden. El mercado depende del río. Cuando llueve mucho –que no es raro en esta ciudad–, los niveles del agua suben y acordonan la zona. Es más, es probable que si has aparcado el coche en un sitio seco, al día siguiente no lo encuentres porque se lo haya llevado el río.

La gastronomía típica es pobretona, para qué engañarnos. Las guías turísticas en vez de decirte «prueba eso», te aconsejan sobre lo que no debes comer, como por ejemplo una sopa de pescado hecha con anguilas. Lo mejor es que comas lo que conoces y dejes a un lado el resto. Pero eso es lo de menos… porque los que se quedan saciados son los ojos de tanta belleza. Así que ánimo y bebe agua –o cerveza– para digerirlo todo.


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