Entrevista de Covadonga Carrasco
Fotografías (incluida portada) de Gustaff Choos (c)

Escucha mientras lees: https://play.spotify.com/artist/5wuBA4TiRM0CNjSXjsutn6

Abraham Boba, Luis Rodríguez, César Verdú y Eduardo Bao eran los músicos que acompañaban a Nacho Vegas. Empezaron a quedar, a hablar, a pensar en «qué pasaría si…». La cosa, que comenzó como un desliz, se convirtió en romance público en 2013 con el lanzamiento del primer trabajo. Y todo el mundo que si blablablá, que si qué bueno, que si no se van a superar… León Benavente 2 es el disco de la confirmación, del «sí, quiero», de la consolidación del amor. ¿Mejor que el anterior? ¿Peor? Si a ellos eso no les importa, a nosotros menos. Es un segundo capítulo muy bueno. Hablamos con ellos y nos reímos mucho…

“Nosotros cuando hacemos las canciones no queremos superar nada, queremos hacer canciones que nos gustan, de forma honesta, sentirnos bien con nosotros mismos”

El título del disco es muy sencillo, no sabemos si tiene algún misterio…
Abraham. La decisión se tomó en el primer disco, pensamos que lo mejor sería hacer una especie de sucesión, con un orden cronológico de numeración, aunque sí es verdad que con este trabajo se barajaron opciones. Hay mucha información en el disco y se nos hacía un poco difícil y poco democrático ponerle un nombre. Igual titularemos los EP en el futuro.

«Tipo D» es una bofetada de realidad. Dice: «Quiero convencerte de que lo que está sonando es un hit». Llevamos tiempo siendo teledirigidos y a veces da la sensación de que los artistas no son tan libres como les gustaría.
Abraham. En nuestro caso, si pusieran trabas a nuestras decisiones artísticas, no lo haríamos. La gente se toma esa frase al pie de la letra y está relacionada con que todo el mundo nos decía del primer disco que todas las canciones parecían hits y que qué íbamos a hacer con el segundo disco, así que decidimos hacer una especie de broma seria. Pero con respecto a lo que decías, lo que sí espero es que no nos estemos convirtiendo precisamente en eso, en un grupo al que se le diga lo que tiene que hacer.

Eso pasa: cuando un grupo tiene un primer disco de éxito, la gente se pregunta qué pasará con el siguiente…
Luis. Nosotros cuando hacemos las canciones no queremos superar nada, queremos hacer canciones que nos gustan, de forma honesta, sentirnos bien con nosotros mismos. Pero sí es cierto que en España muchos grupos buscan la seguridad de hacer algo similar al primer trabajo, porque funcionó. Hay un grupo que a mí me gusta mucho que se llama Las Odio, en el que casualmente toca mi chica y esto no es publicidad encubierta, que tienen una canción que habla de eso, que dice: «Yo lo vi primero, yo lo vi primero, antes de que tocara en Matadero, su mejor concierto fue el primero antes de que tocaran en Capitán Demo». Nosotros estamos fuera de eso. Hacemos canciones para la gente, pero primero las hacemos para que nos gusten a nosotros y luego a ver qué pasa…

leonbenaventeCD

Al final la música es como cualquier otra profesión, de lo que se trata es de hacer bien el trabajo ¿no?
Abraham. Con nuestro primer trabajo tampoco había nada con lo que comparar. Nos conocían por haber tocado con otras bandas y ahora hay un precedente y la gente como es lógico lo va a comparar. Cuando estábamos componiendo ya sabíamos que íbamos a escuchar lo de «el primero era mejor», como el disco de Manos de topo. Nosotros hemos intentado hacer un disco distinto, y es en lo que nos hemos basado.
Luis. Es que es muy aburrido si no.

Hacer canciones pensando en los demás no es muy creativo y gratificante…
Luis. Papaya tienen una canción en la que hay una estrofa que dice: «No se puede tener contento a todo el mundo». Tenemos que estar contentos nosotros, y si luego gusta, pues perfecto. Imagínate a alguien haciendo estudios de mercado y pensando en agradar.

“Nosotros tenemos que seguir los criterios románticos que nos llevaron a montar un grupo cuando ya teníamos una edad… Seguimos creando cosas y si el público lo comparte, genial”

Vosotros además que sois músicos…
Luis. Dilo, maduros.
…Noooo, con trayectoria… Desde que todo el mundo puede montarse un disco desde su casa, la oferta es grande, pero sin filtro. ¿Cómo lo veis?
Abraham. No sé, nosotros empezamos en la música en un momento en el que todo lo que envolvía a la música era muy distinto, ahora hay mucha más información. No te puedes basar en eso, tienes que seguir con el mismo espíritu que te sirve para hacer canciones, ser honesto contigo mismo, lo demás es incontrolable. Los discos no tienen ni dos meses de vida ya, ahora escucho esto, pero el mes que viene ni me acuerdo porque ha salido otra cosa.

Se ha perdido el romanticismo: comprar el disco, abrirlo, escucharlo por primera vez… La era digital acabó con todo eso, pero la gente va a más conciertos…
Abraham. Eso parece, según las cifras del mercado, bajan las ventas y suben las taquillas. Tampoco sé muy bien a qué atenernos. Quizás es pasajero y luego volverán a venderse discos… Nosotros tenemos que seguir los criterios románticos que nos llevaron a montar un grupo cuando ya teníamos una edad… Seguimos creando cosas y si el público lo comparte, genial.
Luis. Yo es que soy muy optimista, hay muchas propuestas pero la calidad no siempre está a la altura. Por eso alguien que se preocupa de que su trabajo tenga calidad, tiene recompensa y se distingue de los demás, sobre todo por lo que hablábamos antes, que ahora cualquiera se puede montar un disco en casa.
Abraham. Es que eso es muy relativo, ha habido gente que se ha montado temas en su casa que han sido los mejores de la historia. Eso pasaba en los 90.
Luis. Pero si no se trata de que las graben en casa, si son buenas da igual que las grabes en tu casa o debajo de un hórreo. La cosa es que sean buenas, pero hoy en día cualquiera con tres acordes y un sintetizador puede hacer algo.
Abraham. Pues a mí me parece bien. Las grabaciones pueden no tener calidad pero ser buenas.
Luis. Yo te hablo de la canción, la calidad es la canción no de la grabación.
Abraham. A mí me parece bien que los medios estén ahí, que la gente se pueda expresar y que cada uno lo haga cómo mejor sepa. Al final todo se acaba concentrando en lo mismo que a principios del siglo xx, gente tocando sobre un escenario y eso puede ser un buen filtro. A mí me parece bien que existan tarjetas de sonido y ordenadores y que todo el mundo pueda hacer música en su casa.
Luis. Lo teníamos claro desde el primer disco, queríamos hacer algo que sobre el escenario fuese fiel al disco. Puedes meter sintes y no sé qué en el disco, pero cuando te subes al escenario y no suena a lo que te había propuesto, entonces, te estoy estafando.

Vuestra intención no era hacer canción protesta en ningún momento, pero al final suena un poco a eso.
Abraham. Pero es que esa etiqueta tiene un significado muy específico, vinculado a un determinado momento, a unos cantautores y una estética. Volvemos a lo de siempre, a las etiquetas. ¿Qué es un disco de rock? ¿Uno de Elvis o uno de Motörhead? Nosotros no hacemos ni canción protesta ni canción política, hablamos de lo que pasa, de lo que nos toca vivir a nivel personal o de lo que tienes alrededor cuando bajas a la calle. No negamos que tenemos una actitud crítica. Es una forma de posicionarse.

Hay mucho postureo en las entrevistas, en realidad a la gente lo de las influencias y todas estas cosas, tampoco les interesa tanto y buscan que las canciones les lleguen…
Abraham. Supongo que sí, a nosotros nos preguntaban siempre sobre nuestras influencias y siempre contestábamos lo mismo: «es un disco en el que se han juntado cuatro personalidades diferentes que llevan veinte años tocando, con diferentes gustos, con diferentes bandas y de eso ha salido nuestra música y no hay un nombre concreto ni ninguna directriz, es lo que llevábamos dentro». Con el segundo disco nos hemos abierto más a hablar de las influencias, de lo que oímos. Yo escucho música y no tengo problema en decir que me gusta un grupo, sea español, africano o de donde sea. Decir que no se tienen sí que me parece postureo porque parece que es que tú eres genuino pero no es verdad, todo está pasado por un tamiz, está todo mezclado y eso es lo bonito. A mí no me gusta escuchar un grupo y pensar: «joder, esto me suena a esto otro», no porque suene mal sino porque no tiene personalidad. Cada uno de nosotros tiene influencias muy variadas.
Luis. No deja de ser una forma de vender el producto, pero no por parte de los artistas sino de los medios, para colocarte en un sitio o en otro. Yo escucho de todo. No hay que ser talibán de nada. Yo recuerdo cuando era joven…
Abraham. …eres joven Luis.
Luis. …quiero decir de cuerpo, de mente soy un teenager. Pero cuando escuchaba música entonces, era como que formaba parte de la identidad: «Yo escucho esto y no escucho nada más». Lo bonito de la música es no tener reparos a la hora de empaparte de todo.

El disco no es lineal, hay un montón de saltos en los que se distinguen todas esas influencias de las que habláis. ¿Estaba premeditado?
Abraham. Sí, no te da la sensación de que estás escuchando la misma canción durante todo el disco. Las canciones han ido mutando desde una idea inicial hasta otro sitio. Las canciones se conectaban mejor a todo el disco o se alejaban. Al final todo el conjunto tiene coherencia. Sí es un disco con distintos tipos de canciones pero no creo que sea ecléctico en plan, venga ahora hacemos una canción pop, ahora una bossa-nova, ahora una de baile… Abordamos las canciones de distintas formas, pero estamos usando los mismos instrumentos y de ahí que las canciones suenen diferentes pero con cierta coherencia. A ninguno nos interesaba disparar a diferentes sitios sin saber muy bien cuál es el objetivo concreto.

El disco está terminado y ya no hay vuelta atrás, ¿sois conscientes de las canciones que le van a entrar al público directamente y de las que necesitan más de una escucha?
Luis. En absoluto. «Ser brigada» era una canción de la que estábamos muy orgullosos pero que era muy arriesgada y sin embargo tuvo más éxito que otras que a priori parecían mucho más fáciles. Es como tener un hijo, te puede salir ingeniero, periodista o… bajista.

Una vez terminado el disco, ¿pensáis en temas que igual no deberían estar y en otros que deberían haber estado?
Abraham. Te explico, para que veas que no. Cuando estábamos terminando nos dimos cuenta, casi al final, de que una no entraba. Fue un momento de crisis. Metimos la penúltima canción. Ahora estamos convencidos de que hicimos bien.
Luis. Las canciones que son merecedoras de ir en el disco están pensadas y repensadas y cuando no entran te das cuenta. Por esa canción además tanto César como yo luchamos mucho, pero al final te das cuenta de que no.
Abraham. Cuesta elegir, pero en el momento en el que lo consigues lo ves muy claro: esto es lo que abre, esto es lo que cierra, esto es lo que va en el centro y no hay más. Por eso el disco tiene nueve canciones y con diferentes duraciones. Le damos mucha importancia a los temas, pero por supuesto también al conjunto.

“Nosotros no hacemos ni canción protesta ni canción política, hablamos de lo que pasa, de lo que nos toca vivir a nivel personal o de lo que tienes alrededor cuando bajas a la calle”

A pesar de tratar temas duros, no es un disco oscuro, es optimista. ¿Lo habéis buscado o ha salido así?
Abraham. Es un poco ya la seña de identidad del grupo, el conjunto de personalidades, que las energías se muevan en diferentes direcciones y que se vayan contrapesando unas con otras. La temática de las canciones no es luminosa, pero la actitud sí. Moverse hacia delante y de no mirar hacia atrás con reparo, cuestionándose todo lo que pasa alrededor. No son canciones de cortarte las venas en el sofá sino de saltar.
Luis. Y de cortar las venas a los demás.

«Habitación 615» nació en México. Cada vez más artistas españoles centran sus giras americanas en este país. ¿Qué tiene México que os atrapa?
Luis. Ir a tocar tan lejos, sobre todo para gente que le tiene miedo a volar como yo, es muy especial. Son muy apasionados. Te cuento una anécdota, estábamos con unas fans y de pronto me giro y veo cómo una le estaba cortando un trozo de melena al batería de Nacho Vegas. Ese grado de vehemencia impacta, lo de México es brutal.
Abraham. Es gente desprejuiciada, todo lo reciben de una manera muy limpia, sin tonterías, si algo les llega al corazón te lo demuestran.
Luis. México es como un crío inocente que está sin malear. También es verdad que por ejemplo, encontrar ciertos equipos cuesta. Nos contaban que el primer concierto fue en el 86 y fueron los Hombres G. Están prácticamente vírgenes.

leonbenavente1

Son más respetuosos con el artista, no se ponen a hablar con el de al lado…
Abraham. Es verdad que eso sí que pasa en España, también es verdad que nosotros no lo notamos mucho porque tocamos a toda hostia y no les damos la opción, pero sí, es una falta de respeto total.
Luis. Una vez tocando con Nacho Vegas, el tío se puso a decir: «dkfjdviujskatnrtjkmn» sin decir nada. Y de pronto la gente empezó a flipar, algo que ya había hecho John Lennon, en plan da igual lo que diga que no me estáis haciendo ni puto caso… Nosotros tocamos para nosotros y eso hace que la gente atienda más, porque nos ven ahí pasándonoslo de puta madre y se fijan.

Como las parejas. Cuando no te hacen caso, te enganchas más…
Luis. ¡Eso es! jajajajaja.
Abraham. Está clarísimo, somos unos seductores natos, no podemos parar de seducir. Todas las facetas de la música se pueden comparar con la vida de una pareja…
Luis. Claro, como la «rotura de cuerdas», «desafinar», «tocar con otra banda», «tocar con otro trío»…

En ExPERPENTO abril/mayo 2016:
Enlace directo: http://issuu.com/experpento/docs/experpento_abril_mayo2016_ok_lr/3?e=2897458/34885776