Entrevista de Arantxa Hernández
Fotografías cortesía de Laballo Comunicación

Para hacer reír puede que no se necesite mucho más que la voluntad del que escucha, pero para hacerlo durante más de diez años tiene que haber un secreto. Y sea cual sea, el de este grupo de manchegos sigue intacto después de tanto tiempo, incluso sacándoles de su hábitat. Cada uno ha construido su propia carrera pero los chanantes siguen reuniéndose para hacer lo que más les gusta, provocar carcajadas allá donde van. Monólogos, programas, películas o una sitcom llevan ya su firma, pero la manada no engulle las genialidades individuales. La última de Ernesto Sevilla se llama Despedida Coconut y a pesar del nombre, no parece que vaya a echar la llave.

Para empezar los monólogos tienes una frase estrella, ¿para las entrevistas?
No, para las entrevistas no tengo, porque en los monólogos estoy seguro de que se van a reír pero aquí…

Además muchas de ellas son casi un homenaje implícito al “Hombre bucle”, ¿cuál te has cansado ya de responder?
Los comienzos de Muchachada nui o La hora chanante, yo creo que es la que más veces me han hecho.

Esa no, pero voy a probar con otra, ¿por qué Despedida Coconut?
Se llama así porque voy a hacer un espectáculo nuevo y me despido de todo el material anterior. Es una recopilación de mis mejores monólogos hasta la fecha, con cosas nuevas también, pero el grueso es la recopilación.

Para elegir los mejores, ¿el criterio es gusto propio o respuesta de la gente?
Un poco de las dos cosas, con la respuesta del público pero también porque hago cosas que sé que me voy a divertir haciendo.

¿Se nota la evolución del público desde La hora chanante? ¿Se va sofisticando?
El público va cambiando siempre un poquito, nosotros ya llevamos doce años haciendo esto y sí que cambia. Yo quiero pensar que sí se va sofisticando pero no lo sé, quiero pensar que se quedan y no se van hartos de nosotros.

¿Y vosotros cómo habéis cambiado, además de en el formato?
Nosotros cada vez intentamos hacerlo mejor y con los años vamos aprendiendo, aunque nos gusta probar diferentes cosas porque no queremos hartarnos ni aburrirnos. Por eso vamos cambiando de formato, para probar cosas nuevas e ir aprendiendo, que todavía nos queda mucho por delante.

Para esos cambios de formato, ¿se juega con los tiempos y los gags igual?
No, el gag que te sirve para un sketch no te sirve para un monólogo porque el sketch es más visual y el monólogo lo tienes que contar y hay partes de ese humor visual que lo pierdes. Pero aunque sean diferentes formatos una vez que aprendes a escribir un gag o un chiste, sabes hacerlo para una cosa y para la otra.

Y en Museo Coconut te has centrado en dirigir. ¿Influye haber estudiado Bellas Artes?
Claro, sobre todo porque yo en la facultad ya hacía y dirigía cortos, es lo que siempre me ha llamado la atención. Y me gusta más que actuar porque es un trabajo más implicado desde el principio hasta el final, aunque no salgas delante de la cámara es un trabajo más duro. Actuar es casi como estar jugando pero al dirigir estás más comprometido y hay un trabajo más serio, no tanto de cachondeo. Y al final el trabajo es como más tuyo.

Puestos a imaginar ¿escribirías algo que no fuese comedia?
De momento no, es donde me siento más cómodo y me lo paso bien. Ni siquiera me he planteado cambiar porque dentro de la comedia puedes tocar tantas cosas… pero siempre me ha interesado la comedia o un poquito el drama. Porque, por ejemplo, el terror o la ciencia ficción me gusta como espectador pero creo que no sabría cómo abordarlo.

También has firmado anuncios, ¿es más difícil vender la risa o provocarla?
Es mucho más difícil venderla, provocar la risa en la publicidad es muy difícil porque estás vendiendo sin parar y en un momento tan comercial es muy complicado.

¿Hay algo en publicidad que no venderías?
Algún producto… no sé, creo que no tengo ningún… bueno, no anunciaría Intereconomía, por ejemplo.

¿Qué no parodiarías nunca?
El sufrimiento humano, las enfermedades o cualquier cosa que implique sufrimiento, sería incapaz de hacer comedia de ello.

Si nos dejáis colarnos ¿cómo es un brainstorming en Museo Coconut?
Cada uno de nosotros trae una idea de casa, un sketch y lo suelta en la mesa y todos vamos diciendo lo que se nos ocurre sobre esa idea. Vamos sumando cosas y dándole forma, porque en la comedia es muy importante el sumar, porque a ti se te puede ocurrir una idea muy graciosa pero otro va a verle algo más, es esencial el equipo.

Para moldear las ideas de los demás se necesita mucha confianza…
Sí, por supuesto la confianza y sobre todo la amistad. El hecho de que nos tengamos mucho cariño y mucho respeto ayuda a que trabajemos tan bien juntos.

De todos los que habéis creado, ¿cuál sería tu sketch más recordado? ¿Y cuál el que más echas de menos tú?
Eso tendría que preguntárselo a la gente, no lo sé pero me temo que alguno de Gañán o Bocasecaman, seguramente alguno de esos. Y yo… para mí el personaje de Marlo, sin duda es el que más echo de menos.

Hablando de gañanes, ¿es más difícil serlo desde Madrid?
No, para nada, es más fácil serlo desde la ciudad, de hecho yo soy un gañán en la ciudad en mi vida normal, me sale natural.

En la gala de los Goya, tal y como pasó en 2008, vuestra aparición fue de lo más comentado, ¿cogeríais el testigo de Eva Hache?
Mientras Eva quiera hacerlo seguirá. Para mí es la mejor presentadora de los últimos diez años. Nosotros salimos seis minutos y hacemos lo nuestro. Ella está toda la gala, habla de temas complicados… es muy difícil. Pero Eva es muy amiga nuestra así que ¡podríamos hacerlo todos juntos!

Lo que hacéis casi os obliga a tener que ser graciosos siempre… ¿cansa?
¡Yo parezco un tío muy serio! Y creo que por eso soy al que menos se lo dicen, pero al que me lo dice… si me apetece contarle un chiste se lo cuento pero tampoco es algo que me afecte.

Igual que hay fórmulas para empezar, has utilizado algunas para acabarlo, pero ¿cómo no terminarías un sketch?
Siempre intento que acabe con un chiste, con un remate, con algo que sea más gracioso que lo anterior que has contado. Nunca acabaría sin ese chiste, no me gusta dejar el final abierto.

¿Y esta entrevista cómo acabaría?
¿Despidiéndonos con dos besos? ¡Aunque siempre puede entrar mi padre por la puerta y darnos dos hostias a cada uno, que es como he acabado muchos sketchs!

DESPEDIDA COCONUT
Hora y media sobre el escenario con un micrófono y un vaso de agua asusta al más valiente. Pero si eres Ernesto Sevilla y tienes como red de seguridad tus mejores textos, el vértigo disminuye.
Ernesto Sevilla no quiere dejarse las persianas sin bajar y reparte durante el espectáculo a todo el que se haya cruzado en su camino y no se olvida de echar una mirada al espejo antes de salir. Risas aseguradas rozando la sesión golfa con ese humor tan personal que arrasa.

Más información en http://www.gruposmedia.com/cartelera/despedida-coconut-ernesto-sevilla/

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