Entrevista de Sandra Sánchez
Créditos imágenes de la cabecera: Paisajes Psicológicos, Fernando Hervás, fotografía

Un espacio singular, la universidad, para una muestra única y multidisciplinar, fruto de la colaboración de dos artistas. Fernando Hervás, español, es responsable de los apartados pictórico y escultórico. Nina Nikolova, búlgara, es fotógrafa. Ambos trabajan en este proyecto, inspirado en la condición de España y Bulgaria como umbrales de tránsito europeo. Fernando Hervás responde a nuestras preguntas.

26/03-25/04 Universidad Rey Juan Carlos de Madrid Edificio Ampliación de Rectorado del Campus de Móstoles

Unamuno inventó el término nivola en Niebla. Con personajes planos, hablaba de ideas o emociones. Me he acordado de esto mientras leía la documentación para la entrevista… Quizás esta pregunta le resulte molesta –hay artistas que huyen de conceptualizar con palabras– ¿Lo que vamos a ver en la exposición es más novela o nivola?
Nivola, claro, es una buena comparación. Hablamos de una serie de personajes que habitan en la atemporalidad, seres con connotaciones místicas que cuestionan nuestra modernidad. Todas las disciplinas de esta exposición tienen un evidente sentido antropológico y filosófico. Es una especie de gabinete de caza donde se muestran las piezas estáticas, orgullosas de su riqueza y su miseria. No creo que sea malo conceptualizar si uno es crítico consigo mismo, ayuda a separar la paja del trigo. La conceptualización, no la teoría, permite encontrar el soporte idóneo para cada idea.

¿Los artistas fisgan las reacciones del público? En todo caso, ¿qué supone lanzar un trabajo al escrutinio de la comunidad universitaria que, en principio, aúna dos extremos: cultura y candor?
El público siempre se posiciona frente a la obra, sus reacciones son sus respuestas, ellos terminan tu obra y te confirman como artista o comunicador. La auténtica obra de arte se apodera del consciente del espectador por un instante y se lo devuelve enriquecido. Ese es el objeto mágico que buscamos desde hace miles de años, cuando el artista ya no existe, está fuera de esta relación. La universidad es un sitio fenomenal para esta muestra, el universitario es un espectador preparado y abierto al mundo. La comunicación a través de lenguajes que se desarrollan en la percepción y en el estudio de sus áreas más primordiales es un invitado de excepción en un centro del saber tan moderno como la universidad Rey Juan Carlos. Su rector, Don Pedro Trevijano, es un gran conocedor de la historia del arte y que haya elegido nuestra colección nos produce mucha satisfacción.

“Sin frustración no hay arte”… esta premisa ha guiado su trayectoria. ¿Ha llegado el día en que es el artista que quería ser o el día que eso ocurra ya no tendrá sentido seguir creando?
La superación de la frustración es el motor creativo, por supuesto. El riesgo y el pulso del abismo son un veneno delicioso que exige mucho de ti y que, a la vez, te obliga a luchar contra tus miedos y dudas constantemente. No soy el artista que quería ser y espero no llegar a serlo nunca, quiero seguir aprendiendo y traduciendo al lenguaje plástico todo este misterio que nos convierte en el animal tan maravilloso que somos. Pensar que uno sabe algo es una puerta de bronce que se cierra delante de ti, tú y tu ego sin camino.

Su biografía es peculiar. De una buhardilla en Lavapiés a exponer en las galerías más cool de Nueva York. Por el camino hace pinitos en el boxeo e incluso trabaja en Asturias como pescador… ¿Cómo incide todo esto en su trabajo?
Es muy enriquecedor conocer medios diferentes. Un crítico de Nueva York y un boxeador son ejemplares completamente distintos. Son, respectivamente, la deshumanización interesada y la pura humanidad. Convivir con los pescadores fue un privilegio, es un mundo solo de ellos, lo que pasa en la mar queda en la mar. Hablamos de sistemas opuestos, pero tanto el nihilismo de la bohemia como el esfuerzo de un pescador y la lucha de un boxeador, residen en un ser humano que sufre hambre y necesita el calor de los demás. Todos rezamos a algo y por algo.

A la izquierda María, Nina Nikolova. De la serie La casa que nunca vio el mar. Vídeo instalación.
De la serie Extranjeros en el tiempo. Fernando Hervás y Nina Nikolova. Fotografía.

En la exposición hay una parte de trabajo conjunto con Nina Nikolova, “Extranjeros en el tiempo”. ¿Cuál es su papel en este trabajo conjunto? O en otras palabras, ¿cómo han logrado que la fotografía surja de una obra colectiva?
Nina y yo nos planteamos una colaboración con el lenguaje corporal como motivo, utilizando la cámara para registrar y darle un soporte final a la obra. Empezamos a trabajar sobre los conceptos de sobrehumanidad y subhumanidad en un solo contexto. Durante el proceso surgió mucha información; el tiempo, el alimento, la necesidad de un entendimiento de lo incomprensible a través de dios, nuestra animalidad inconsciente, la belleza de lo primitivo, etc. Todos los reflejos eróticos y animales de la colección surgen de manera espontánea. Tuvimos que adaptar la objetivación a esa ausencia de tiempo y buscar connotaciones místicas en la imaginería católica y ortodoxa, elementos muy arraigados a nuestro inconsciente. Yo diseñé el entorno estético del concepto. El peso de la acción cae sobre la bailarina Krasimira Genovska y Nina aporta el instinto y la técnica fotográfica.

La trayectoria de Nina Nikolova está sembrada de éxitos en todo el mundo… como la suya. Hay trabajos individuales y conjuntos. Si leemos el título de su colectiva, “Puente cultural”, es fácil presuponer que hay un discurso que la aúna, pero, ¿los genios chocan para luego unirse o no tiene porqué?
Siempre surgen problemas cuando dos artistas colaboran. Nina tiene mucho carácter trabajando y yo también. Pero el fin de esta problemática es ver tu reflejo en el trabajo de otro. Cuando alguien matiza tu proceso creativo, éste toma una dirección más interesante que tu primer planteamiento. Tienes que compartir para descubrir. La mirada de Nina es muy sensible y yo he aprendido mucho con esa experiencia. Yo trabajo aislado en mi casa de Cudillero, en Asturias, y ella está en contacto directo con el motivo de su obra. La serie fotográfica de “La casa que nunca vio el mar” me sedujo. Ese contacto tan íntimo con María, la persona retratada, no es habitual, es muy delicado. Al ver las fotos me planteé realizar la instalación. Quería formar parte de ello, darle un espacio tridimensional, investigando sus motivos y sus consecuencias. Hay mucha sinceridad y respeto en nuestra colaboración, es un regalo que la causalidad de la vida nos ha dado.

Quizás, debiera plantear la pregunta a Nina Nikolova, pero también me viene bien que me responda usted. ¿La fotografía está en el lugar que se merece o aún queda mucho que recorrer para que, por ejemplo, un gran museo no tenga complejos a la hora de invertir más en obras fotográficas?
Creo que la fotografía ya tiene su lugar en el arte. Su exhibición en museos o su reconocimiento como obra depende de la pieza en particular, no de la aceptación social o académica.

Desde fuera tengo la sensación de que la búlgara y la española son culturas mucho más parecidas de lo que podríamos imaginar y al tiempo, muy únicas, muy orgullosas de su diferencia… Desde la investigación artística ¿es la misma reflexión o las perspectivas cambian cuando uno pinta, esculpe o fotografía?
La cultura búlgara es muy antigua y rica, proviene de lo que hoy es Afganistán e hizo un largo recorrido hasta asentarse en la actual Bulgaria. La ciudad de Plovdiv, donde Nina y yo trabajamos, tiene 6000 años de antigüedad, más que Roma o Atenas. Es un contexto propicio para el arte. España y Bulgaria compartimos la influencia del mundo islámico desde los dos extremos de Europa. Nosotros miramos a América, ellos miran a Estambul, la capital del mundo civilizado. Nuestras diferencias con la influencia de Roma y Bizancio, con la escritura latina y cirílica se resumen en dos pueblos muy abiertos que integran a sus minorías. Es importante señalar como Bulgaria protegió a los judíos de la persecución nazi. Somos pueblos diplomáticos. Nuestra pintura y la fotografía reflejan esta situación histórica. Ahora la información viaja a tal velocidad que nos superpone a unos con otros. Se abre el debate sobre la responsabilidad política y social de esta superposición, donde la condición económica impone la jerarquía de los países. Vivimos un momento clave.

Leo que la muestra pretende forjar el intercambio cultural entre España y Bulgaria… ¿Cuáles serían los efectos deseables de esta exposición?
Cuando la presenté a la Embajadora en funciones, Dña. Albena Vodenicharova, y al Vicerrector D. Jose Manuel Vera Santos, inmediatamente se plantearon posibles colaboraciones entre universidades españolas y búlgaras. Esto es un placer para mí y espero que en el futuro disfrutemos de la obra de artistas e intelectuales búlgaros en España.

Más información: http://www.laspuertasdeeuropa.com/Fotograf-a.html

Un extracto de esta entrevista ha sido publicado en el número de marzo de 2012 de ExPERPENTO: