Texto de Covadonga Carrasco

Toparse de bruces con la realidad es, probablemente, uno de los momentos más duros y a la vez más importantes de la vida de una persona. Generalmente, los sentimientos como el amor y la necesidad de formar parte de un grupo social son el punto de inflexión en la vida de cualquier ser humano.

Esto es precisamente de lo que trata Génesis, la película de Philippe Lesage que ha conseguido entre otros galardones la Espiga de Oro a la mejor película, mejor actor y mejor director en la Seminci de Valladolid, además de ser premiada en otros festivales como Montreal y Locarno.

Guillaume (Theodore Pellerin) y Charlote (Noee Abita) presentan con una excepcional ternura las dificultades a la hora de enfrentarse a la vida adulta, cuando los sentimientos que parecían sencillos y cuya única responsabilidad era la de entregarse sin reparos a ellos, comienzan a generar problemas que no imaginaban.

La dulzura, la inocencia, el ansia de ser aceptado o incluso la necesidad de cariño a cualquier precio, marcan un punto de inflexión en la vida de estos dos hermanastros. Aunque la película parece que gira alrededor del amor, trata más de las consecuencias que este provoca. Por ello, Philippe Lesage se centra en la forma de afrontarlo, como la llave que abre las puertas a la vida adulta.

Incorpora situaciones con una absoluta normalidad, sin forzar momentos repletos de ternura, que van surgiendo de un modo natural, y muestra lo complejo de la vida interior de cada uno de nosotros y la forma de hacerla frente.

Génesis habla de la vida, de los miedos, de los que hemos tenido y de los que seguimos teniendo, de la vulnerabilidad que cada uno de nosotros tenemos presente en cada momento de nuestra vida pero que, con el paso del tiempo, hemos sido capaces de ir lidiando.

Génesis va del choque contra un muro, de aquello que nos pasa por primera vez y que nos noquea, pero que no termina de dejarnos KO, que nos permite levantarnos y seguir en pie hasta que aparece otra pared. Es una película sensible que no cae en la ñoñería, que nos traslada a otras épocas y que nos recuerda lo que todavía queda de aquella inocencia que algún día fue la protagonista de nuestra vida.