Texto de Reyes Muñoz

A grandes rasgos, lo que nos encontraremos en esta muestra de Patrimonio Nacional con la colaboración de la Fundación Banco Santander el Palacio Real hasta el 20 de enero es una recopilación de 300 obras que hacen una panorámica de lo que fue la vida en la segunda mitad del siglo XVIII. Tiene un lugar especial Goya, por su vinculación al infante don Luis y por su importancia en la historia del arte universal, pero la muestra también reivindica la figura de Luis Paret, uno de los pocos pintores que cultivaron el rococó francés. Mariano Salvador Maella, Francisco Bayeu, Luis Meléndez, Mengs y Tiépolo son los otros artistas representados en esta muestra, que sirve como escaparate de todo lo que ocurrió en torno al infante como mecenas del arte, de la cultura y de la ciencia.

El infante don Luis
Su vida bien podría ser carne de biopic. Hijo menor de Felipe V y hermano de Carlos III, como “segundón” estaba predestinado a formar parte de la cúpula eclesiástica. Sin embargo, a los 27 años se planta y se niega a seguir con la “bendita carrera”. La decisión no sentó bien a la familia: por una serie de circunstancias azarosas sus hijos podrían llegar a reinar. Obligado a casarse en nupcias morganáticas con María Teresa de Vallabriga –una mujer de rango inferior y por tanto, sin posibilidad de que su estirpe reinara– vive “exiliado” en Velada, en Cadalso de los Ríos y finalmente en su palacio de Arenas de San Pedro. Ilustrado, refinado y con buen gusto, por su pequeña Corte paralela pasan los artistas más importantes del momento.

El infante don Luis y Goya
Antes de Goya, el pintor de cabecera del infante don Luis fue Luis Paret. Le llegó a costear tres años de estancia en Roma. La relación se vio truncada –aunque no del todo– cuando se le acusó de proporcionar mujeres jóvenes a su mecenas. El escándalo fue total y provocó que Carlos III lo desterrara de Madrid. Luis Paret pasó tres años en Puerto Rico y otros once en Bilbao. Tras la muerte del rey, en 1789 regresó por fin a Madrid, y fue nombrado vicesecretario de la Real Academia y secretario de la comisión de arquitectura.

El exilio de Luis Paret acerca al infante y a Goya. En 1783 el pintor pasa un mes en el palacio de Arenas San Pedro. La estancia se repite en 1784. Por tanto es presumible la cordialidad que unió a pintor y mecenas. Y los dos sacaron provecho. Los expertos dicen que aunque a Goya el “factor X” le venía de serie, sin el infante, no hubiera tenido sencillo arrancar y dar vida a una de las carreras artísticas más decisivas de la historia. Y por su parte, el noble pasó a la posteridad gracias no solo al célebre retrato titulado La familia del infante don Luis, sino también gracias a una secuencia de más de quince retratos individuales de la familia, un testimonio palpable de que el primer mecenas del genio fue él.

La exposición en el Palacio Real
La muestra está dividida en siete apartados. Conversaciones nocturnas es el primero. “Todos los cuadros acopiados en este capítulo –apunta el comisario de la muestra Francisco Calvo Serraller– son nocturnos y sombríos, señal de su querencia romántica. Las intrigas amorosas o políticas, y, en general, todo lo que se resguarda de la restallante luz, que es mucho, porque abarca lo onírico, pero también lo inconveniente y lo desconocido, entran de lleno en nuestra historia y en la historia del desafío moderno al reino de las tinieblas”. La obra central del apartado es La familia del infante don Luis, con 14 figuras –no solo de la insigne familia– sorprendidas en medio de una tertulia nocturna a la luz de una vela.

Igual/desigual es el título del segundo apartado. “En la época de la Declaración de los Derechos Humanos y de la Revolución Francesa, una piedra basamental para el Nuevo Régimen fue la idea de la igualdad, sobre la que seguimos girando hoy” dice Francisco Calvo Serraller. Obligado a casarse con una mujer de menor rango y notablemente más joven que él, el matrimonio de don Luis puso de manifiesto todos los vicios en los que había caído la institución del matrimonio en una época en la que primaba el interés. “Desde esta óptica, nada más representativo al respecto que los dos grandes cuadros seleccionados: el de Las parejas reales, de Luis Paret, que refleja una vistosa parada pública entre iguales de la más elevada alcurnia, y el cartón La boda, de Francisco de Goya, que parodia, en un ámbito muy diferente de una burguesía rural, un acuerdo matrimonial entre seres antitéticos, se miren como se miren”.

Los recorridos tercero y cuarto son Álbum familiar y Propios y extraños. Álbum familiar ofrece una serie de retratos de los familiares directos de don Luis, muchos de ellos pintados por Goya. Representan al infante, a su esposa y sus hijos, que con el tiempo serán el infante-cardenal, la condesa de Chinchón y la duquesa de San Fernando. De hecho, otra boda de conveniencia entre la condesa de Chinchón y Godoy posibilitó, ya en época de Carlos IV, que los hijos fueran reivindicados. El cuarto recorrido, Propios y extraños, se basa, precisamente, en los personajes satélite que rondaron la vida del infante “están el propio Godoy, la que fue su amante más duradera y, finalmente, su esposa, Pepita Tudó, y el franciscano padre Eleta, confesor de Carlos III y, a lo que parece, quien urdió el acoso y derribo del infante don Luis”.

Los recorridos quinto y sexto son monografías de Luis Paret y de Goya. “Destacar monográficamente la obra de estos dos pintores –señala el comisario– no solo responde al hecho de haber gozado de la estratégica promoción del infante don Luis, sino porque, sin lugar a dudas, ellos dos, junto a Luis Meléndez, son los pintores más importantes de la segunda mitad del siglo XVIII español”.

El gabinete del infante don Luis,  la séptima parada se basa en las otras facetas del infante don Luis, que como buen ilustrado, tocó muchos ámbitos en su ansia benefactora. “Este apartado –apunta Francisco Calvo Serraller– se subdivide en tres secciones: la primera, Tipos y costumbres, donde se recogen cuadros de personajes y escenas populares españolas, firmados por Francesco Sasso, Lorenzo Tiépolo y Antonio Carnicero; la segunda, Cámara de las maravillas, es un típico cajón de sastre de las muy diversas aficiones del infante don Luis, que eran científicas, musicales, arquitectónicas y de artes decorativas; y la tercera consiste en una reconstrucción, por fuerza parcial, de lo que fue su magnífica colección de pinturas. Este remate es el broche que cierra brillantemente la memoria de ese refinadísimo mecenas que fue el infante don Luis”.

Fechas: 30 octubre 2012 – 20 enero 2013
Horario: 10:00 – 20:00
Lugar: Salas de exposiciones temporales del Palacio Real de Madrid
Organiza: Patrimonio Nacional con la colaboración de la Fundación Banco Santander

Más información en http://www.patrimonionacional.es/goya/

Un extracto de este artículo aparece en el ExPERPENTO impreso de noviembre-diciembre: