Entrevista de Covadonga Carrasco
Fotografía superior cortesía de ELAMEDIA ESTUDIOS

Eloy Domínguez Serén ha conseguido algo muy complicado, pero muy especial. El cine hecho desde la verdad, literal. Y es que Hamada es la historia de tres jóvenes que abren sus vidas para que las veamos, empaticemos, sonriamos con ellos, nos miremos en la ternura de sus sueños y sus ilusiones y nos olvidemos de cualquier prejuicio. Porque los tres protagonistas de Hamada viven en un campamento saharaui, pero son como tú y como yo.

Hamada te pega una bofetada, te pone frente al espejo de los prejuicios. Algunos que ni siquiera sabes que tienes, pero que están ahí. ¿Era esa tu intención? Que de alguna manera nos sintiésemos avergonzados de nosotros mismos.
De lo que estaba seguro es de que quería huir de los estereotipos. Y al mismo tiempo sabía que, permaneciendo el tiempo suficiente, los prejuicios que pudiese haber, se irían derrumbando por ellos mismos.

El punto de partida era la convivencia, teníamos que generar confianza mutua. Fue un proceso lento, hacíamos un montón de cosas que no tenían que ver con el cine. Trabajamos juntos en la reconstrucción de las casas que habían sido destruidas por las riadas, colaborando con el hospital, etc. Fueron más de tres años en los que yo permanecí 8 meses, donde se forjó una amistad muy sólida. Fue ahí, cuando me di cuenta de que, a veces, lo que se denomina como «mundo árabe», incluso los roles de género dentro de él, aunque seguro que en otros lugares será mucho más duro, tenían matices.

Una sociedad que, desde nuestro punto de vista, puede ser conservadora, pero que, al menos en la sociedad saharaui, es así. Por ejemplo, en el caso de las mujeres, no son en absoluto tan sumisas como se podría imaginar.

Desde luego Zaara deja muy claro ese aspecto cuando aprende a conducir… Una mujer fuerte, segura…
Absolutamente, muy determinada, incluso en algo tan complicado como el tema de las parejas, los matrimonios. Cuando le dicen: «Oye, ¿cómo sería tu hombre ideal?». Y una de las frases con las que sentencia y que la definen es: «Si yo digo que voy a la luna, voy a la luna. Si digo que voy a la tierra, voy a la tierra». Nadie la puede decir qué es lo que debe hacer.

En otro momento de la película, cuando va buscar trabajo es curioso el tipo de trabajo que elige, hasta intenta ponerse a trabajar en un taller mecánico.

Pero no solo se rompe el rol de género que tenemos en la cabeza con respecto a la mujer, los hombres tampoco cumplen con el papel que, por nuestros prejuicios, debería corresponderles.
Efectivamente, Sidahmed rompe con el estereotipo de masculinidad, es una persona muy sensible, frágil, muy reflexiva, especialmente paciente con Zaara, y muy tierno, como en la escena en la que está con los niños.

El humor es sin duda una de las claves de Hamada.
A la hora de hablar de cómo se rompen los prejuicios, sin duda esto se consigue haciendo uso del humor. Si describes el lugar, te parece, y lo es, un contexto trágico, durísimo, pero al mismo tiempo su sentido del humor es maravilloso. Esto genera una empatía enorme en el espectador con todos los personajes. Pero es que este humor, también forma parte de su día a día, seguramente como mecanismo de defensa. Tener la capacidad de reírse de sí mismos, con un humor muy irónico, muy negro.

Ahí se ve que en el fondo no dejan de ser chicos jóvenes, una parte de la cultura saharaui y como te decía, la manera de enfrentarse a una realidad tan dura.

Con Hamada has conseguido humanizar, algo que últimamente se está haciendo al contrario, buscando deshumanizar a determinados colectivos para que no nos generen ningún tipo de empatía
Generalmente cuando se habla de refugiados se habla de cifras, totalmente impersonales, que no van asociadas a un nombre y un apellido, a un rostro, una familia, y mucho menos a la historia que precede al momento en el que se convierten en refugiados.

Para mí, era muy importante que el espectador supiera que esa chica que ven es Zaara, que le encantan los coches, que es una lianta y una buscavidas, que quiere tener un Elegance, que además le pega mucho, ella que es tan coqueta…

Quería que la gente supiera quiénes son ellos, qué desean, con qué sueñan, a qué temen, y a partir de ahí, hacer un retrato más colectivo. Conocerlos bien y hacer un zoom out para ver dónde estamos.

La película está siendo muy útil porque días después de muchas de las proyecciones, me ha escrito gente diciéndome que, al llegar a casa, comenzaron a buscar información sobre este conflicto, que no tenían ni idea de cuál era la situación.

Esa parte informativa que la película no da, porque tampoco es la intención, la gente la encuentra después, a través del interés que le genera. Ellos mismos buscan artículos, reportajes, lo que sea para saber más de este pueblo.

«Deberíamos reflexionar mucho sobre esto, habrá gente que diga que no es xenófoba y que sus actitudes no son hostiles, pero es que no se trata solo de no ser hostil, sino de integrar, interesarte por esa persona. Especialmente en lugares como Madrid, donde hay una comunidad inmigrante muy fuerte, creo que habría que tener más conocimiento mutuo.»

Desgraciadamente y como sucede en otras tantas partes de nuestra historia reciente, esta se ha ocultado, siendo España una de las grandes responsables de la situación del pueblo saharaui a día de hoy.
Para mis productores, que son suecos, y para mí, era imprescindible visibilizar este conflicto más allá de las zonas del mundo donde ya se conoce, que básicamente son España y Francia por la implicación tan fuerte que han tenido ambos países. Después en Escandinavia tienen algo de conocimiento también sobre ello, Suecia, Noruega…

Pero queríamos que en el resto de Europa se conociera, ya que la UE tiene capacidad para influir, que se enteren de que esta gente existe.

Y estamos muy satisfechos, se ha visto ya en más de 20 países, en varios continentes y es muy habitual que se escuche: «No tenía ni idea de que existían».

El desinterés por parte de los medios es total. Solo se habla de los campamentos saharauis cuando sucede alguna desgracia o cuando se monta el festival de cine. ¿Cuál crees que es el motivo para que esto suceda?
El principal motivo del desinterés, creo que es porque los medios necesitan algo noticiable, y dicho de un modo un poco duro, necesitan sangre. En este caso es un proceso que está estancado absolutamente. Es un campamento, sí, pero no resulta tan impactante como Lesbos. El paso del tiempo corre en su contra. Es un laberinto sin salida, no hay cambios políticos, así que no resulta de interés. Algo que, sin embargo, debería estar más a menudo en nuestra conciencia.

Hay un momento durísimo en el que el protagonista se choca contra el muro del racismo y la xenofobia que tira por tierra todos sus sueños, lo que le hace incluso desear el regreso, en cuanto pueda, al campo de refugiados.
Tenemos que ser conscientes de que existe la xenofobia en España y que existía antes del auge de la ultraderecha. Hay una serie de personas que nosotros vemos como inmigrantes o refugiados y que, a pesar de que aquí se sienten desplazados, vienen de ser una persona identificable, en una comunidad, con una familia, y que aquí se sienten completamente alienadas y fuera de lugar.

Si a esto le unimos el rechazo con el que se encuentran y del que habla la película, algo tenemos que estar haciendo muy mal, para que alguien que durante muchos años había ansiado llegar aquí, pasando por unas condiciones durísimas como es un campamento de refugiados en medio del Sahara, uno de los lugares más hostiles de la tierra, cuando consigue llegar, al hablar con sus amigos les diga: «En cuanto termine lo que estoy haciendo aquí, me vuelvo a los campamentos de cabeza».

Deberíamos reflexionar mucho sobre esto, habrá gente que diga que no es xenófoba y que sus actitudes no son hostiles, pero es que no se trata solo de no ser hostil, sino de integrar, interesarte por esa persona. Especialmente en lugares como Madrid, donde hay una comunidad inmigrante muy fuerte, creo que habría que tener más conocimiento mutuo.

Efectivamente cuando los conoces, cuando ves que tienen las mismas inquietudes que un chaval de su edad sobre las chicas, sobre la ropa, los coches… Te das cuenta de que no son tantas las cosas que nos separan, que simplemente algunos hemos tenido la suerte de nacer en un lugar donde no nos falta de nada y que otros no han contado con ese privilegio.
Cuando empecé la película yo no sabía que Sidahmed acabaría en España. Para mí, era súper importante familiarizarme con ellos. Era la manera de que el espectador pudiese conocer una situación a la que, de cualquier otra manera, no hubiese tenido acceso. No habría sabido con qué sueñan. Quería dar la posibilidad a quien no ha estado allí, de estar lo más cerca posible.

En ese sentido creo que la película es muy íntima, ellos son muy espontáneos y eso es maravilloso y se agradece muchísimo.

Quería más que dar a conocer la xenofobia, enfocarlo desde el punto contrario, que puedas ver lo que hay al otro lado, acercarte a ellos.

«En este caso es un proceso que está estancado absolutamente. Es un campamento, sí, pero no resulta tan impactante como Lesbos. El paso del tiempo corre en su contra. Es un laberinto sin salida, no hay cambios políticos, así que no resulta de interés. Algo que, sin embargo, debería estar más a menudo en nuestra conciencia.»

Has comentado en alguna ocasión que conociste a gente maravillosa, pero que ellos, los protagonistas, te atraparon por su fuerza. Te costó mucho elegir y se quedaron muchas historias fuera. ¿Tienes pensado hacer algo con todo ese material?
Sin duda ha sido muy doloroso el montaje, había 73 horas de grabación, y condensarlas en 83 minutos no ha sido fácil. Nunca tuve una estructura o unos personajes definidos, sino que pasé mucho tiempo con toda la comunidad, con mucho material sobre todo de coches, mecánicos, taxistas, repartidores de agua… Un montón de material muy valioso que me ha dolido mucho dejar fuera.

Siempre he tenido la idea de que hay que compartirlo de alguna manera, no sé cuál será la forma exacta, porque por una parte he hecho justo la película que quería hacer, no sé qué más puedo contar.

Han sido cuatro años de trabajo y creo que sería muy difícil para mí, retomarlo y hacerlo de una forma fresca y distinta, pero, por supuesto, está la opción, que no será la única, de los extras del DVD o cuando consigamos hacer un pase grande en el Sahara, en el festival que se hace allí, el FiSahara. Tendremos que hacer una versión extendida de unas 5 horas. No será el montaje del director sino el de los protagonistas.

Para ti ha sido un punto de inflexión este documental, pero para los protagonistas también. A ellos les ha cambiado la vida.
Sin duda, en el caso de Sidahmed es probablemente el caso en el que yo he tenido un papel algo más activo ya que se le consiguió una beca para estudiar cine aquí, gracias también al trabajo de unas chicas maravillosas de Madrid. Por una serie de circunstancias bastante trágicas tuvo que dejarlo, pero ahora está en Mallorca trabajando. Esta semana precisamente me ha llamado para decirme que había conseguido el apátrida, el primer paso para estar aquí legalmente. Hablamos casi todas las semanas.

Taher, el más jovencito está trabajando en la televisión saharaui. Y Zaara que se la ve creciendo como actriz a lo largo de toda la película, se la ve cómo cada vez es más consciente de su rol, ahora está en un proyecto cinematográfico que… ¡además incluye un coche! con un panel solar que va proyectando películas por los campamentos. Así que ella tiene trabajo, coche y sigue vinculada al cine. Redondo.

¿Cómo animarías a la gente a ver tu película?
Lo principal es un poco lo que decías tú al principio. Es una película que va a cambiar expectativas y va a romper prejuicios. Es un tono completamente distinto a las otras cosas que se hayan visto sobre el Sahara. Se van a sentir muy próximos a los protagonistas, van a empatizar con ellos y se van a divertir. No hay en absoluto un punto de vista victimista, ni trágico, sin huir de un conflicto tan duro. ¿Quién no ha pasado por ese trance tan chungo de aprender a conducir con una persona que pierde la paciencia? ¿Quién no ha tenido una conversación hablando de qué se pone para ligar con las chicas extranjeras? Cualquier joven de cualquier punto del mundo se puede sentir identificado con ellos.