Entrevista de Raquel Moraleja

Helena Losada es una habitual de las ferias de arte emergente de la capital. Sus grabados trasladan al público a un universo paralelo de ensoñaciones y misteriosa inocencia.

¿El arte siempre fue tu primera opción?
Desde muy pequeña siempre tuve claro que quería dedicarme al mundo del arte, aunque la verdad, he de decir que era sencillo porque en mi casa hemos vivido rodeados de arte desde pequeños; mi padre se dedica a la pintura y mi hermano es músico, por lo que el ambiente ha sido muy propicio, y sobre todo he podido contar con el apoyo de la familia, que es lo más importante.

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¿Por qué te especializaste en la técnica del grabado?
La primera vez que tuve contacto con el grabado fue con 16 años y desde entonces me enamoré de esta técnica, tiene un encanto que no he encontrado en otras formas artísticas. Poder realizar una obra seriada sobre papel sin perder ese contacto con el material es bastante atractivo, al igual que esa parte de “cocina” que tiene en la utilización de diferentes procesos químicos que permiten experimentar e investigar constantemente.

En una época tan complicada, ¿puedes vivir de tus obras?
Hablar de vivir del arte hoy en día es un poco complicado si no eres uno de los artistas “reconocidos”, pero me parece que lo importante es no rendirse y seguir luchando y disfrutando con lo que se hace. Tengo la gran suerte de dedicarme a lo que me gusta y de tener a mucha gente que me apoya.

¿Qué posibilidades te ofrecen las ferias de arte contemporáneo?
Las ferias de arte son una forma de darse a conocer a un público más amplio y poder exhibir tu trabajo a un nivel distinto al de las galerías. Además presentan la ventaja de ser muy enriquecedoras por la gran variedad de artistas y especialistas que reúnen.

¿No te parece que reducen el arte a lo simplemente económico?
Es una pregunta difícil de contestar, creo que está claro que el arte es algo que va más allá del dinero y que enriquece al ser humano al igual que la música y otras disciplinas. Tampoco debemos dejar de lado que ser artista es una profesión y conlleva una remuneración.

Todos los artistas tenemos algunas obras más personales, alejadas de ese mundo comercial, que nos enriquecen y hacen sentir mejor, pero por otro lado tenemos que vivir y estar dentro de una sociedad donde prima el dinero y el consumo. Hay que saber equilibrar esa balanza y no dejar que un lado pese más que el otro.

¿Qué artistas clásicos y contemporáneos han dejado huella en tu obra?
Es complicado dar nombres concretos, creo que cada artista está inevitablemente influenciado por lo que ha vivido y lo que ha visto a lo largo de su carrera; desde los grandes artistas a los compañeros de estudios o de taller. Tendemos a incluir en nuestra obra aquello que nos afecta o vemos, lo que nos gusta e incluso lo que nos disgusta. Pero quizá podría nombrar a Salvador Dalí o a Kiki Smith como los artistas de prestigio a los que más he investigado.

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¿De dónde surge el universo onírico de tu última serie Once upon a time?
Se trata de una evolución de proyectos anteriores sumado a distintas situaciones personales. En mi caso no hay un hecho claro y definido que haga surgir una obra. Con el paso de los años te das cuenta de que todo lleva un proceso de evolución y que muchas veces se transforma en un proyecto concreto porque era la ocasión idónea. Ahora veo obras de hace unos años y descubro que ya había indicios de lo que más tarde se convirtió en Once upon a time

¿Hay más de lo real o de lo ilusorio en la temática de tus obras?
Cada obra tiene su propia historia y su propia vida interior, cada una respira por sí misma. Algunas pertenecen totalmente al mundo de lo ilusorio mientras que otras son más reales de lo que quisiera. Quizá el grabado y el dibujo me permitan adentrarme más en el mundo de lo onírico y la ilusión, mientras que la pintura me abre la puerta al mundo real.

Más información en http://helenalosada.es/

Lee este reportaje en la versión on-line del ExPERPENTO de verano de 2013: