Texto y entrevista: Reyes M. de la Sierra
Imagen de portada: «Blancanieves», «Alice in Jail» y «Friducha». Nadia Benyahya (c)
Indómitas. Cultura inquieta (Duque de Osuna, 7 – Madrid). Hasta el 22/11/2019.

Este artículo tenía que estar escrito hace varias horas y sin embargo, ahí estamos, dándole vueltas a conceptos y reclamos que inundan la multipantalla. Descubrimos lo fácil que es hablar de “empoderamiento de la mujer”, y soltar veinte eslóganes, y deciros que lo de que aprendáis a coser un botón es sólo si os da la gana, pero la visualización de las obras de las que a continuación hablaremos, nos lleva a una profundidad de miras mareante.

El empoderamiento de la mujer es el asunto en el que se centró Nadia Benyahya para hacer esta serie de retratos que bajo el título Indómitas se exhibe hasta el 22/11 en Cultura Inquieta. Conforman la muestra siete lienzos en los que la artista, joven, mujer, periodista y artista autodidacta, reinterpreta la imagen de estereotipos femeninos. En esos soportes están Alicia detenida por posesión de drogas y Blancanieves, con una serpiente en el cuello, como la Salma Hayek de Abierto hasta el amanecer o Wonderwoman con una toalla en la cabeza. Le preguntamos a ella qué nos quiere contar con estos cuadros y nos dice: “He reinterpretado a conocidos personajes femeninos ofreciendo una versión empoderada y libre de estereotipos. He buscado derribar los roles de género y plantear una versión libre de clichés”. Ahí es nada.

Hablemos de arte. Y hablemos de Nadia Benyahya, que es quien ha despertado el tsunami. Y quizás, ese tsunami lo vivan todas y cada una de las personas que se pasen por la muestra. “Peleas como una niña” es el mensaje de una Princesa Leia pequeña, armada con una metralleta láser. Le preguntamos a Benyahya sobre cuánto de autorretrato hay en esas imágenes y nos responde: “Supongo que la elección de cada personaje y su reinterpretación plasman una visión muy personal de cómo entiendo la vida. En el momento en el que coges un pincel, dejas una gran parte de ti en cada cuadro”.

“Me gusta descolocar a la gente, plantear giros que te hagan cuestionarte las cosas, y eso es lo que he hecho en Indómitas. Jugar con un icono al que asociamos una serie de cualidades y características, e intervenirlo hasta desmontar clichés y estereotipos. Las etiquetas están para romperlas”. El mensaje de sus imágenes es poderoso, y a él contribuye el uso de la pintura. Benyahya usa el oleo «con una pincelada muy fina y lo trabajo de forma muy cuidada». El resultado es contundente y en cierta manera, revolucionario. Y aquí se plantea otra cuestión, propia de nuestro tiempo. Es difícil revolucionar algo cuando todos, uno a uno, pretendemos trasladar nuestra propia revuelta al mundo, en lugar de intentar unirnos a las revueltas ajenas. Y le preguntamos por esto. Le preguntamos si ella quiere revolucionar con su trabajo: “Me gustaría dejar mi trocito del mundo un poco mejor que cuando llegué. No me he planteado un objetivo en concreto, cuando pinto busco plasmar mis sentimientos, poner el corazón en cada pincelada, y disfrutar y aprender en el proceso”.

La vista se posa en el retrato de Frida Kahlo: “Creo que el trabajo de Frida tiene una fuerza y una visceralidad incomparables. Es uno de mis referentes, no sólo como artista, si no como mujer”. Y a quien escribe le da por pensar, por qué a lo largo de la historia, hay mujeres que sí destacaron en un mundo de hombres. Por qué Virginia Woolf, a finales del XIX, sabía que una mujer con una habitación propia, podía llegar tan lejos como cualquiera, o por qué Marie Curie, a principios del siglo pasado, se hizo valedora de dos premios Nóbel. Y por qué es tan fácil visualizar la obra y la cara de Frida Kahlo, incluso antes de que su impronta llegara a Hollywood. No, no basta con el esfuerzo personal, o con desearlo mucho, mucho, como dicen los eslóganes motivadores. Ni siquiera basta con ser excepcional en una disciplina. Hay miles de mujeres que lo han sido, y millones que se han esforzado y lo han deseado con toda la fuerza y están olvidadas. Y con esa reflexión, que ni viene a cuento, abandonamos el arte de Nadia Benyahya.