El pasado mes de marzo, el paracaidista Juan Ventura se lanzó al vacío desde la última planta del Hotel Bali de Benidorm, situada a una altura de 155 metros. Veintiséis segundos más tarde aterrizaba habiendo alcanzado durante los primeros 3,5 segundos que duró la caída libre, antes de abrir su paracaídas, una velocidad de más de 100 km/h.

B.A.S.E. son las siglas del acrónimo en inglés que designa los cuatro saltos en esta disciplina: edificios, antenas, puentes y tierra. Para ser un saltador B.A.S.E. hay que completar al menos un salto desde cada uno de estos elementos y hecho esto recibe un número único que le acredita como miembro de este selecto club mundial. El español Juan Ventura tiene el número 747.

¿Cómo llegas a esta disciplina?
Empecé en el año 94 en Riglos (Huesca) después de muchos años de práctica de paracaidismo deportivo.

¿Nos puedes hablar de los riesgos de esta disciplina?
No es necesariamente mucho más peligroso. El peligro está en el saltador en sí. Pero, lógicamente, el hecho de estar cerca del suelo limita el tiempo, y el estar cerca de obstáculos incrementa el riesgo de colisión con ellos.

Eres el español con más saltos B.A.S.E., campeón de España en trabajo relativo y en Freestyle, vicecampeón en Skysurf, ¿qué tiene el cielo para ti que no tenga la tierra firme?
En el suelo hay ancho y largo. En el aire encuentro la tercera dimensión: la altura, que me da libertad de movimiento.

Tardas una hora en preparar el equipo para saltar, ¿alguna vez has temido porque no se te abriera el paracaídas?
Bueno, en el Hotel Bali, antes de la apertura completa del paracaídas a los 3,5 segundos aproximadamente, llevaba una velocidad ligeramente superior a los 100 Km/h pero siempre tengo la certeza que el paracaídas se abrirá.

¿Qué sientes cuando estás en el aire?
Libertad.

OTRAS MODALIDADES

Volar ha sido desde siempre uno de los grandes sueños del ser humano. No en vano, desde el mito de Ícaro, los hombres siempre han tratado de encontrar la manera de volar. Gracias a este tesón, hoy en día contamos con diferentes formar de “surcar los cielos”.

  • Una es el parapente. Como nos cuenta Nicolás González, director de Parapente de Madrid al Cielo, es “algo así como un paracaídas dirigible, sólo que se salta desde una montaña. Con el parapente se vuela, no sólo se cae como con el paracaídas”. Realmente se trata de volar como las aves, pues puedes permanecer tiempo en el aire, subiendo y desplazándote a tu gusto. Para aquellos que no se atreven del todo, existe otra modalidad que es el vuelo biplaza. Vas acompañado de un instructor y se puede hacer un vuelo tranquilo, con giros, subiendo más… y, mientras, grabarlo, por si tus amigos no se creen la osadía.
  • Otra opción es la caída libre. Se trata de una modalidad en la que se salta en paracaídas a 4.000 metros de altura, unidos a un instructor de vuelo mediante un arnés. Como nos cuenta Iván Díaz, director de Awa, Aventuras a Medida, “un minuto de caída libre y otros siete hasta el aterrizaje, harán de nuestro vuelo una experiencia en la que la adrenalina y una sensación entre paz y felicidad, marcarán un antes y un después en nuestra vida durante unos meses”