Hasta el 21/02/2016 – Espacio Fundación Telefónica

Cada vez que leo el título de alguna muestra del Espacio Fundación Telefónica, pienso que se han vuelto locos de remate. Y cuando se inaugura y puedo ir a verla, acabo rendido a la evidencia de que imposible, imposible, no hay nada. El título de la exposición de la que tengo que escribir hoy y no he visto es “Julio Verne. Los límites de la imaginación”. Toma ya.

Julio Verne es sorprendente. Escribió ciencuenta y cuatro novelas y veinte cuentos. Además, existen ocho novelas modificadas por Michel Verne, su esposa, dos más apócrifas retocadas por otros autores y ocho obras publicadas póstumamente. Todos sabemos que sus textos están inundados de inventos extraordinarios, paisajes alucinantes y teorías fabulosas, muchas a día de hoy, con una demostración científica. Y no hace mucho, a través de Cuarto Milenio –esas fuentes son las que barajo– me enteré de que el francés había escrito toda su obra escondido en un despacho. Y la obvia pregunta que se me presentó fue: ¿Y qué hubiera hecho Julio Verne con un wifi?

La exposición es un intento por acotar lo infinito y es ahí cuando exclamo: ¡estos están locos! pero no. Y se ve que han conseguido plasmar ese imaginario infinito de múltiples maneras. Primero: han acotado eligiendo “solo” treinta de sus novelas. Y después (copio y pego): “El visitante, convertido en explorador, atravesará las obras de Verne más representativas y los distintos ámbitos en que transcurren sus novelas: la tierra, el aire, el hielo, el agua, el espacio y el tiempo, de la mano de contemporáneos españoles y extranjeros. Así, toda una serie de personajes fascinantes, conectados de una forma u otra con Julio Verne, guían el recorrido. Aristócratas como Luis Salvador de Habsburgo, aventureros como Manuel Iradier o Julio Cervera, cineastas como Segundo de Chomón, Jean Painlevé, Karel Zeman u Orson Welles, periodistas intrépidas como Nellie Bly, la primera mujer en dar la vuelta al mundo en 72 días, el archiduque Luis Salvador de Austria, que se instaló en las Baleares y se convirtió en el guía literario de Verne por Palma de Mallorca en la novela Clovis Dardentor, tramposos como Richard E. Locke, fotógrafos como Nadar, pioneros del submarinismo como Louis-Auguste Boutan o de la aviación como Santos-Dumont, directores de escena, escritores, astrónomos, militares, aeronautas, aviadores, ingenieros, compositores de ópera y zarzuela… Cerca de treinta personajes configuran una crónica coral del espíritu verniano”.

Para los fetichistas es importante el dato que viene a continuación. En la exposición se exhibirán cinco joyas bibliográficas, entre las que destaca la primera edición de “Veinte mil leguas de viaje submarino”, que según leo en la nota de prensa por algún motivo que no desvelan, fue española.

Un autor como Julio Verne no precisa argumentos. Es decir, que en este texto si me hubiera limitado a poner el título de la exposición, el pescado estaría vendido. De una forma u otra, ya sea a través de sus libros, a través de las películas que nos pusieron en el cole, a tracés de dibujos, Verne forma parte de nuestra infancia y adolescencia. Y sin duda, fue la clave para que muchos pasáramos de leer como autómatas a imaginar lo imposible. Yo iré.

Más información: http://espacio.fundaciontelefonica.com/julio-verne-los-limites-de-la-imaginacion/

Sobre esta exposición hemos hecho un avance en el ExPERPENTO de octubre-noviembre de 2015:

Enlace directo: http://issuu.com/experpento/docs/experpento_bajaoct2015/26?e=2897458/30721021