La historia en Nepal de Icíar Bollaín


Entrevista de Covadonga Carrasco
Fotografías de José Haro

Hablar de una directora como Icíar Bollaín es hacerlo de la sensibilidad sin ñoñerías, de la realidad vista desde el punto más humano y como ella misma dice, con personajes en tres dimensiones. En esta ocasión Icíar se ha ido a Nepal para traernos una historia que toca todos los palos: la amistad, el amor, el esfuerzo, la dedicación, los ideales, la pobreza, la superación personal… Todas y cada una de estas cosas están en Katmandú, un espejo en el cielo una película redonda con una Verónica Echegui que está para quitarse el sombrero, enterrando para siempre la imagen que tenemos de ella de La Juani. Hablamos con Icíar Bollaín y nos dimos cuenta del motivo por el cual sus películas son tan cercanas.

Katmandú, un espejo en el cielo es una de esas películas en las que reflexionas no solo al salir, sino mientras la estás viendo. ¿Cómo llegas a esa historia?
Me llegó a través de unos productores, uno de ellos, Larry Levene, conoce a Victoria Subirana, la mujer en la que está inspirada la película y me da un guión que en principio no me convence. Me dice que hay un libro de sus primeros años en Nepal. Al leerlo veo que sí que hay una película y cosas muy bonitas de las que hablar, así que empiezo con el guión. A medida que avanzo me doy cuenta de que hay temas que aparecen en el libro y que puedo desarrollar aún más, como es el de las mujeres, el de las niñas, los problemas específicos que hay allí y me doy cuenta de que no va a ser una adaptación literal, sino que tendrá una inspiración libre.

Katmandú habla de amistad, de amor, de principios, de esfuerzo, de lucha… Era muy fácil caer en el sentimentalismo, sin embargo, podemos hablar de ella de mil formas, excepto definirla como una película «blandita»… ¿cómo fue el planteamiento?
Te agradezco que me digas eso, porque esos son los peligros de una historia así. Como espectadora también rechazo cuando uno se pone melodramático, me chirría. Por eso cuando asomaba algún atisbo de eso, lo rechazaba.
El casting fue muy importante, las dos niñas protagonistas son del barrio de chabolas que aparecen en la película: su verdad destruye cualquier toque sentimental, no lo estás adornando tú, es que es así. Creo que ellas y las madres junto con los actores hindúes, el marido y la amiga –que nos son profesionales, este era su primer trabajo–, tienen una verdad que se percibe, lo que le da a la película una fuerza que yo no tuve que sacar de ningún sitio.

¿Cómo haces los castings de actores y en concreto cómo fue casting con los actores hindúes?
Con mucho esfuerzo, porque hacer un casting a 6.000 kilómetros es muy complicado. Empezamos como nueve meses antes, en el primer viaje que hice para conocer aquello, contacté con un director de casting que comenzó la película, pero que no la terminó y empecé a ver qué actores había allí. Es una industria pequeña, y algunos de los actores sí que salieron de allí, como por ejemplo el director del colegio, pero los demás no estaban en el perfil que buscaba. Después fue gente de España a hacer también otro casting y otras dos mujeres de Nepal, pero hasta casi el primer día de rodaje todavía no estaban todos y fue bastante duro, la verdad. Pero bueno, al final dimos con las personas más adecuadas.

Verónica Echegui hace el papel de su vida. Has «reconvertido» a una actriz que por suerte o por desgracia había sido encasillada en el papel de la Juani. En tu película está simplemente grandiosa. ¿Pensaste en ella directamente para el papel de Laia?
No, siempre hago un casting, aunque sepa que alguna de las actrices tiene muchas posibilidades de encajar en el papel. No me lo tomo como prueba sino como una sesión de trabajo. Creo que es bueno ver otra gente aunque tengas una ligera idea de quién podría hacer el papel. A veces te encuentras gente que te da cosas que no imaginabas. Me la sugirieron las chicas de casting de Madrid, vino y me deslumbró. Tiene una capacidad emocional, para quitarse el sombrero, se sabe meter hasta dentro y dar una sensibilidad y una emoción al personaje extraordinaria. Además tiene mucha frescura, mucha luz y esto era muy importante para el personaje. Ella hace las cosas con un enorme encanto.
Yo estaba muy virgen, no había visto La Juani y tenía otras imágenes de otras cosas que había hecho, distintas, pero no esa tan marcada de «chica Juani» así que eso no me distrajo.

¿Crees que Katmandú le puede quitar el lastre que tiene de La Juani?
Yo confío en que sí, creo que va a tener una carrera muy fructífera, me alegro de que se vea en esta película, porque además es la protagonista absoluta y toca todos los rangos. Va del dolor a la risa… es muy impresionante, en todas las escenas está metida al 100% y me encantaría que gracias a esta película la gente pudiera ver de lo que es capaz.

¿Qué sientes cuando alguien te dice que tus películas le remueven algo por dentro? ¿Es el objetivo?
La verdad es que sí, pero me parece muy ambicioso y me alegra muchísimo conseguirlo. Cuando yo voy al cine me gusta que me pase eso y si lo consigo con las películas que hago, me siento muy contenta.

Estás muy acostumbrada a que te repitan la frase «es una historia tan humana»…
Sí, pero porque creo que a la gente le gustan las historias cercanas. Eso es lo que le pasa a Verónica en la peli, por mucho que ella se ponga el mundo por montera, siendo además muy inocente al mismo tiempo, porque lo hace sola y con dos pesetas, es una tarea hercúlea, pero no se la ve como una heroína, sino como alguien cercano que da ternura cuando ves que se estrella y que no le salen las cosas. Creo que la gente agradece mucho eso: gente normal, que tiene algo especial. El público puede ver que las cosas que pasan son las que les pasan a las personas de verdad.

No sé si eres consciente de que logras que veamos la parte humana de los personajes, no importa su condición, su carácter, su comportamiento. ¿Cómo consigues que le cojamos cariño a cualquier personaje?
Veo que os llega y me sorprende, aunque esa es mi intención. Nadie es muy bueno o muy malo. Eso es lo que yo intento ver cuando escribo personajes porque de otro modo no serían humanos, aunque siempre habrá gente verdaderamente chunga. En la preparación de Te doy mis ojos, me encontré con relatos de auténticos torturadores, pero no creo que valga la pena hacer una película sobre ese tipo de personas. Si es un torturador que le metan en la cárcel, pero ¿y el que no es tan torturador y es capaz de hacer muchísimo daño? Intenté entender de dónde viene él y qué tiene detrás para saber por qué está comportándose así. En la investigación descubrí que una persona que hace daño también sufre. Desde luego es mucho más infeliz la persona a la que está maltratando, pero alguien que vive haciendo daño no tiene una vida equilibrada, no está contento. Eso es lo que me fascina de la naturaleza humana: no somos tan sencillos y cuando consigo esto en el cine me siento bien. En el cine vemos personajes con menos aristas y si hay un malo es mucho más malo, pero para mí el reto es crear personajes en tres dimensiones, no solo verlos de una manera.

La película ha sido rodada en inglés, pero será posible verla en los cines en versión doblada. ¿No crees que perderá fuerza de esta manera?
Hemos hecho un esfuerzo muy grande y no ha sido un doblaje al uso. Hemos buscado gente, no actores, que le daba a la película el matiz que necesitaba. Tenemos a un chico y una chica que son indios pero que tampoco eran profesionales, una vez más esfuerzo de casting, pero sus voces y su acento eran los que se necesitaban. En la película esta chica está en Katmandú y muchas veces no se entera demasiado de lo que dicen, no solo por el idioma sino por la cultura.
En vez de hacer el doblaje en cuatro días, hemos estado casi un mes. Verónica se ha vuelto a hacer la película entera, con sus risas y sus lloros, se ha vuelto a dejar la piel. Y la verdad es que el trabajo ha quedado muy bien. Yo estoy muy contenta. Pero es una pena. La cultura del doblaje que tenemos aquí es muy difícil de cambiar. Yo me quedé sorprendida de hasta qué punto la V.O. es complicada, tan solo hay 15 salas en toda España en las que se pueden ver estas películas. Además imagino que habrá sitios en los que la gente sí querrá verlas así, y no tienen oportunidad de hacerlo. Creo que debería ser una demanda del público, todas las películas hay que verlas en V.O. porque se están quedando sin oír el verdadero trabajo de los actores, que es más de la mitad de su interpretación.

Tus dos últimos trabajos han sido rodados en el extranjero ¿ha sido casualidad o pretendes seguir esa misma línea?
Ha sido casualidad, incluso me costó hacer el clic en la película de Bolivia También la lluvia. Tengo tres hijos pequeños y cuesta tomar la decisión de marcharte tan lejos durante tantos meses. Una vez que lo haces y ves que no pasa nada y que tus hijos están bien, es muy bonito y tiene cosas muy estimulantes. El guión anterior era de Paul Laverty y venía así, la historia era en Bolivia y en Katmandú, cuando vi que era en Nepal me quedé a cuadros. No lo había pisado nunca, no conozco apenas Asia y me pareció una gran oportunidad de conocer otra cultura y disfrutar de nuevo de la experiencia de rodar fuera. Tienes un montón de problemas añadidos que no tendrías si estuvieras en casa, pero también te hace conocer otras cosas, currar con gente de otras culturas. Teníamos un equipo que era un Babel, fue muy divertido y muy estimulante.

Katmandú solo tiene dos nominaciones a los Goya. ¿Crees que este año la polémica que ha surgido en torno a las nominaciones tiene algo de razón?
La Academia vota de una manera que a mí me sorprende cada año. Hay películas que han sonado mucho y han tenido muy buena taquilla, como la de Urbizu o la de Almodóvar. Pero los académicos son espectadores y no creo que haya mucha gente con tiempo para ver las 120 películas que se han hecho. Se habla a veces de obligar a los académicos a verlas todas para que después puedan votar, pero eso al final no funciona. Yo también echo de menos otros trabajos, pero como decía, los académicos no dejan de ser público y les han llegado más unas películas que otras. Si hubiera mucho más tiempo seguro que se podrían destacar otros trabajos, quizá no como mejor película, pero sí como mejor maquillaje, vestuario… Eso pasa pocas veces, destacar el trabajo concreto de una película que no ha sonado demasiado.

Quizá debería premiarse con el Goya no a la mejor película, sino a la más taquillera…
Este año hay pelis que tampoco han sido grandes taquillazos, hay una que a mí me parece bastante original que ha sido Verbo, de un nuevo realizador y ese es un descubrimiento en los Goya.
Esto pasa siempre en cualquier premio, en los Oscar, en los Bafta en los Premios del Cine Europeo. La película europea que ha ganado el Oscar es la que al final gana en Berlín, en los Bafta, etc. Tampoco hay grandes descubrimientos en los Oscar.
Hay que explicar algo: cuando las películas se estrenan a primeros de año, no entran en esos Goya, sino en los del año siguiente, y por tanto los Goya ya no aportan nada a nivel comercial. En mi caso, si Katmandú entrara en los Goya del 2013, su vida comercial estaría acabada. Es preferible estrenarla en pequeñito en 2011 y hacer un estreno más grande en 2012. Esto tiene un riesgo, no ha habido un estreno grande, ni hay críticas todavía, lo que ayuda a las películas que ya se han estrenado. Las que se presentan solo a los académicos van más desnudas.

Esperemos que Verónica gane el Goya a la mejor actriz y eso ayude a promocionar la película.
Ojalá porque se lo merece.

Después de 30 años en el mundo del cine… ¿es este tu espejo en el cielo?
Sí, profesionalmente desde luego, es donde me encuentro más a gusto, aunque también te llevas muchos disgustos, pero la verdad es que sí. Además como me meto en líos y en cada película me meto en un lío más gordo, crezco mucho como persona y como directora. Tengo mucha suerte de hacer cine.

http://www.katmandulapelicula.com/

Esta entrevista ha sido publicada en el número de enero-febrero de 2012 de ExPERPENTO:

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