Texto de BiPaul
Fotografías cortesía de OTC Nice

Los viajes siempre están repletos de metas. Queremos verlo todo en muy poco tiempo. A veces, se da la extraña circunstancia de que después de visitar una ciudad, nos damos cuenta de que en menos de una semana hemos visitado más museos, iglesias, plazas y calles que en la propia. Y esto es lo que te va a pasar en Niza.

Niza atrajo a algunos de los genios más importantes de nuestra historia. En 1918 allí llegó Matisse y allí dejó que sus raíces se hundieran hasta su muerte en 1954. Lo que se rumorea es que se quedó cautivado por la luz, la belleza y con la “alegría de vivir” del talismán de la Costa Azul. Su amor fue tan fuerte que el mismo donó una colección de valor incalculable. Pero hay más: la historia nos habla de un lugar peligroso y adictivo, sobre todo si eres artista, o en su defecto, si la luz te estremece. Picasso, Yoshio Oyama, o Renoir son algunas de sus víctimas. Te embauca con su belleza sicotrópica, a medio camino entre la frusilería y la historia más sesuda, y ahí te quedas…

Advierto, mi crónica está escrita bajo el influjo de Sidonie. A algunos aquel disco les dejó fríos, sin embargo os puedo decir en su descargo, que tras visitar la Costa Azul, es más fácil captar la sutil referencia a la luz, a la frivolidad y el arte de esas canciones.

Tan vieja, tan vieja es Niza, que algunos yacimientos demuestran que por allí también rondaron hombres primitivos, y como no, se quedaron. Tanta historia atesora, que si rascamos un poco descubriremos que su nombre viene del griego. Tanto embauca y enamora, que los romanos, prácticos ellos, dijeron que su dominio era crucial para tener a raya los Alpes. No hay crónicas que indiquen que la luz y el clima les enamorara, pero allí se quedaron, y construyeron una urbe, con su foro, sus termas y su anfiteatro. Y como toda joya, Niza fue deseada, y en ese deseo provocó luchas, que dejaron a la ciudad en los huesos hasta que los Condes de la Provenza invirtieron sus riquezas en elevarla de nuevo. Y aunque en principio los nizardos se pusieron en manos de la Casa de Saboya, en 1860, y por plebiscito, decidieron anexionarse a Francia.

Efectivamente, en Niza además de cochazos y flamantes yates, hay mucho más. Es una pena que en la memoria colectiva Niza sea el paraíso de caballeros canos vestidos de lino y de señoronas eternamente rubias.

Vieux Nice
Amigo turista, olvida el orden de tu guía y sube a la colina del castillo. Este es el punto más alto de la ciudad y resulta ideal para empezar tu visita. Desde allí divisarás lo que ven los pájaros: tejados, montañas, horizonte marítimo, mínimos países de príncipes y princesas… Luego mira a tu alrededor, verás que no hay castillo. Estás en una plaza de origen griego, hoy jardín botánico. Hay restos de la catedral del siglo xi, mosaicos en el pavimento, una asombrosa cascada artificial… puedes visitar la Torre Bellanda, donde se encuentra el Museo Naval. En este lugar y en otros muchos parajes verdes, el tiempo transcurre lento entre la multitud de viajeros acelerados que recorren el casco viejo.

La Ópera de Niza siempre aparece como uno de los puntos ineludibles en todas las guías. Situada frente al mar, hoy sigue siendo uno de los corazones culturales de la ciudad. Otro monumento que debemos citar es El palacio de la Prefectura, antiguo hogar de los duques de Saboya y hospital en la revolución. Lo que ves no es lo que era, dado que a lo largo de su historia ha sufrido numerosas reconstrucciones. No te puedes perder la Casa de Adán y Eva, último vestigio de fachadas pintadas. Encontrarás un bajorrelieve, y esto es lo interesante, que representa a los moradores del paraíso persiguiéndose con una garrota.

Les Ponchetes, muy cerca del mar, es una sucesión de casas pintorescas. Hay salas de exposiciones abovedadas que exhiben muestras de arte contemporáneo. El Cours Saleya es una zona peatonal en el corazón del viejo Niza. En principio desconfío de los “dónde comprar” de las guías. En este caso es un error no ir, porque caminaremos hacia uno de los lugares más interesantes de Niza. El decorado es ocre, rectilíneo, barroco y la vida viene de los mercados: hay varios, pero el de las flores luce orgulloso el título de ser uno de los más pintorescos de Francia. El ocre también es el color de la plaza Rossetti. Muchas cosas hacen especiales a este lugar: en las terrazas de esta plaza, baja el volumen del mundo. Allí está el ayuntamiento, neoclásico en el exterior y art deco en el interior. Ante él está la catedral de Sainte-Réparate. Y ya que hablamos de templos, también en el Vieux Nice está la conocida como Iglesia de Sainte Rita, cuyo exterior no dice nada de un interior rico en falsos mármoles, dorados y pinturas.

Por otros barrios
Y en el Viejo Niza nos quedaría por ver la plaza de Saint François, el Palacio de Lascaris, la plaza Garibaldi, el Palacio de Justicia, la Iglesia de Jesús… el problema es que necesito espacio para hablaros de otras cosas como la Basílica de Notre Dame. Por fuera es impresionante, pero por dentro, las vidrieras dejan con la boca abierta. La catedral ortodoxa de San Nicolás es el templo de este tipo fuera de Rusia más antiguo del mundo. Está ricamente ornado, al estilo de las iglesias de Moscú, con iconos, frescos, maderas labradas… El majestuoso antiguo Hotel Regina, construido en año y medio, es un ejemplo fastuoso de la Belle Epoque francesa, al igual que, el Hotel Negreso, un palacio que, para más gloria, acoge una enorme colección de arte que recorre cinco siglos de historia. Si vamos a la plaza del Monasterio del Cimiez, encontraréis el susodicho monasterio con iglesia, y el cementerio, en el que descansan los restos de Matisse. No obstante, lo interesante no es eso, sino los monumentos. Por el camino me he dejado el puerto, con su tremenda vista del Mediterráneo, aunque quizás esa es la imagen más recurrente de Niza.

Pido perdón, porque releído el artículo me doy cuenta de que faltan muchas, muchas cosas. Puedo echar la culpa a la extensión, pero lo reconozco, me falla la memoria y es una ardua labor poner nombres a aquello que habita como un bello conglomerado en mi cabeza. La fortuna es que Niza sigue donde yo la dejé, y que tú puedes ir a visitarla y descubrir que tras la fachada de destino para la jet set, hay un mundo rico en historia, arte y detalles.

Más información: http://www.nicetourisme.com/


Este reportaje ha sido publicado gracias a EF Education First

Este reportaje ha sido publicado en el número de marzo de 2012 de ExPERPENTO: