Entrevista de Eduardo Rodríguez Luque
Fotografía de Xavi Menos

Los ojos de Elvira Lindo destacan pero no por su tamaño. Lo hacen por la curiosidad con la que mira. Esa hermosa virtud asociada a la infancia que la mayoría de los adultos pierden con los años y que ella guarda a buen recaudo. Una entrevista con ella sin tenerlos delante es como ver una película doblada pero al revés. Si gran parte de la expresión de un actor está en la voz, otro buen porcentaje está en su mirada. Yo aquí tendré las palabras de Elvira pero no sus ojos. Intentaré suplir la carencia de que ella está en Nueva York y yo en Escocia, con la ventaja de haber sido durante mucho tiempo un lector fiel de su trabajo y ahora un amigo. Un amigo reciente, un amigo de esos, como le gusta decir, de toda la vida que ella se hace en cinco minutos. Un amigo que, por la lejanía, no podrá ver ninguna de las dos obras que actualmente le coinciden en la cartelera madrileña: la reposición de La ley de la selva en el Teatro Arenal y su propia adaptación de su novela Algo más inesperado que la muerte, escrita a cuatro manos con Borja Ortiz de Gondra, en el Lara.

A Penélope Cruz no le sentó demasiado bien que no hubieras podido ver Vicky Cristina Barcelona antes de entrevistarla. Te aviso que no he podido ver ninguna de las dos. ¿Lo compenso habiéndolas leído?
Jajaja, lo compensas todo. Hay veces en que las películas o los libros no se han podido ver (como fue en el caso de la entrevista de Penélope ya que la distribuidora aún no la había facilitado) y aún así una entrevista es interesante. Te diré, además, que después de haber visto Vicky Cristina Barcelona, me di cuenta de que había sido una ventaja, aunque Penélope fuera lo más gracioso de la película. Además, las entrevistas con actores que sólo contestan preguntas sobre el rodaje son un coñazo. Te lo digo como lectora, no como entrevistadora. En las entrevistas buenas se habla de la vida, no de la intimidad, que es una cosa bien distinta. Hablemos.

Algo más inesperado que la muerte fue la primera novela «seria» de una autora relacionada con la infancia y la comedia, es decir, dos géneros «menores» en un mundo con tantos cajones como el de la literatura. ¿Cómo recuerdas aquel paso?
Pues el trabajo lo recuerdo como algo natural porque para mí el humor y la melancolía siempre han estado mezclados, son un reflejo de mi manera de ser. Luego ya, cuando el libro salió a la luz sentí mucho pudor. Pero creo que ese pudor es bueno, quiere decir que has contado algo íntimo y esa vergüenza es un buen signo.

¿Y este nuevo salto al teatro? ¿De dónde surge?
Esa novela, en realidad, iba a ser una obra de teatro pero en la escritura la cosa se me complicó. De cualquier manera todo lo que escribo tiene algo de teatral, hay muchos personajes fuertes y con ganas de que se les escuche. Mucho diálogo: la escritura de diálogos es lo que más me gusta. Me engolfo escribiendo diálogos, a veces tengo que controlarme. Así que siempre me siento cerca de los actores.

Ésta es una novela donde la acción principal es relativamente corta. Sin embargo, se ramifica en muchas historias pasadas con un gran número de personajes y situaciones. ¿Cómo fue la poda hasta llegar a los cuatro personajes del escenario?
Yo tenía clara cuál era mi idea para la obra de teatro, la primera idea, una mujer burguesa que, de pronto, se ve en la casa de su chica de servicio para recibir una noticia inesperada. Así que volvimos a la idea principal de la novela y nos deshicimos del resto, de la historia pasada de los personajes. Es decir, creamos una estructura teatral. Después, ya todo fue un juego: la escritura de diálogo. Lo bueno que tenían los personajes es que poseían una personalidad tan marcada que parecía que hablaban solos, antes de que tú lo escribieras.

¿Qué fue más difícil, comerse historias o comerse personajes?
Hacer la estructura. Es lo que más me cuesta. Los personajes, en cambio, siempre están en mi cabeza: sé cómo hablan, en qué tono, cómo visten, cómo son sus casas, hasta la ropa interior que llevan. Los conozco.

¿Qué sientes al ver coincidir dos piezas tuyas en escena?
Me da un poco de vértigo. Hubiera preferido, siéndote sincera, que no coincidieran, porque además no tienen nada que ver y una fue la primera obra que escribí hace como quince años. Pero tengo que felicitar a la compañía de La ley de la Selva por haber logrando llegar a Madrid. Todo sea por ellos.

Parecen completamente diferentes. La ley de la selva es una comedia muy surrealista y Algo más inesperado que la muerte un drama de pretendido naturalismo. Sin embargo, ambas tienen como protagonista una pareja rota y me atrevería a decir que casi insalvable. ¿Lo habías pensado antes?
No había pensado en sus similitudes sino en sus diferencias: una, la primera, bebe del humor absurdo de Mihura o Jardiel, la otra es un drama, pero, como suele ocurrir en todos mis escritos se ve invadido por la comedia. O sea, es una tragicomedia, que es algo que he ido aprendiendo a hacer con el tiempo. Es más difícil que la comedia en estado puro y tiene más retos porque quieres que el espectador te siga provocándole emociones muy diferentes.

¿Crees que al haber entrado por la puerta pequeña de la literatura infantil tienes que demostrar el doble como escritora?
Sí, lo creo. Haber sido escritora infantil, escritora de género humorístico, guionista, mujer de escritor reconocido… Todas esas cosas son piedras en el camino, pero no me gusta quejarme. Me enseñaron de pequeña a no quejarme y he sido tremendamente obediente con eso. No me quejo. Tiene su parte buena y de superación.

¿Cómo decides si una historia es una novela, un guión o una pieza teatral?
Bueno, el guión te lo suelen encargar. Una novela es el terreno más libre, tú eres dueña de todo, la diosa de tu mundo y escribes sin ser esclava de presupuestos. El cine precisa dinero, así que si escribes un guión y no tienes productor asumes un riesgo elevadísimo. Pero te confieso que me encantaría seguir escribiendo teatro. Adoro el teatro. Su ambiente más humilde que el cine, el trabajo tan serio de los actores, ver cómo el director les marca la coreografía. Me subyuga.

¿A dónde va Elvira Lindo como escritora ahora mismo, en el año 2010?
A tratar de terminar una novela. A tratar de estar serena, siendo consciente de que la vida es corta y se ha de sufrir lo menos posible. A tratar de ser generosa con los que me rodean y no pensar demasiado (porque soy un animal rumiante) ni darle importancia a la aspereza de la exposición pública. A trabajar sin agobios y con alegría. Todo esto te lo dice alguien que tiene una fuerte tendencia a la ansiedad. Son mandamientos, mis mandamientos que me repito cada día, cuando me levanto y he de afrontar una jornada más.