Entrevista de Janire Martínez

Han pasado diez años desde que cuatro jóvenes de distintos puntos del país se encontraron en una escuela de música de Madrid. Allí surgió La Sonrisa de Julia. Ahora se han trasladado a un pequeño pueblo de Cantabria para buscar la coherencia entre sus letras y su forma de vivir. Su disco, El hombre que olvidó su nombre, es la banda sonora de todo este proceso. Regresan con un show renovado para celebrar una década en la que nos han llenado de emoción, sentimientos y conciencia. Sin duda, es una banda muy especial.

Se os define como un grupo con energía, personalidad… pero ¿quiénes son La Sonrisa de Julia?
Vamos a cumplir diez años y en estos momentos somos algo que cuando empezamos no éramos. Yo lo definiría como una familia que ha evolucionado unida y que ha ido plasmando esto en cada uno de sus discos. Nos identificamos con lo de enérgicos. Buscamos algo más que juntarnos y tocar nuestra música, queremos proyectar una energía al público y que él la reciba, y nosotros recibir la suya también. Este acto es lo que mejor nos define como grupo, o al menos, es nuestra intención.

En vuestros discos se reconoce un proceso de «maduración». ¿Vuestra música es como un buen vino?
(Risas) No lo sé, supongo que los grupos que pasan muchos años juntos es porque están motivados. No sé si hemos hecho mejores discos, pero lo que sí que creo es que hemos crecido en coherencia. Tenemos más confianza en lo que hacemos. No tenemos ningún disco que sea igual que los anteriores. Pienso que la gente agradece que cada disco muestre una faceta y un show nuevo.
…además en El hombre que olvidó su nombre las canciones también son muy distintas. ¿Por qué tanta diversidad?
Buscábamos que cada canción tuviera una personalidad propia, que contara una emoción o una historia. A veces he tenido la sensación, al escuchar un disco, de que cuando terminas, parece que se han estado repitiendo constantemente, y esto no nos gusta. Con este album queríamos evitar que la gente tuviera esa sensación. Desde la industria algunos nos han mirado de reojo, como un grupo que no era ni comercial, ni indie, ni rock, ni pop… Eso es porque siempre hemos tenido claro que cada canción tenía que ser diferente.

Este disco tiene crítica social pero ¿qué más esconde?
Pues esconde el viaje de unos chicos desde Madrid a un pueblecito de Cantabria. Aquí hemos montado nuestro hogar, nuestro local de ensayo. Trabajamos juntos como una familia. Por la mañana hacemos tareas de oficina, nos autogestionamos, y por la tarde ensayamos. El hombre que olvidó su nombre es un disco que nace de la partida de la capital para venirnos aquí. Cambiamos hasta nuestra forma de vivir. No solo hacemos música de otra manera sino que también vivimos de otra forma, más sencilla, mucho más cerca de la naturaleza.

¿Por qué este cambio?
Queríamos vivir un poco más felices. Es cierto que aparecieron miedos. Escribimos canciones para darnos ánimos en este proceso. Tenemos la sensación de que por primera vez hemos hecho un disco, con videoclips y con shows, muy coherente. Y todo esto tiene que ver con este salto. Necesitábamos vivir de acuerdo con nuestros valores, escribir canciones acordes con lo que realmente somos.

En este disco hay una colaboración con Guillermo Galván, de Vetusta Morla. Me ha parecido una canción muy melancólica. ¿Cómo fue el proceso de creación de «Náufrago»?
Al ponerme a componer en este pueblecito, tuve la sensación de que cuanto más me alejaba de la gente y más me metía en mi mundo, mejores canciones me salían. Descubrir que lo mejor de ti como artista pasa por el aislamiento absoluto es un shock. Y esta canción surgió de esto y por eso tiene ese toque triste. Yo quería hacer algo con Guillermo Galván y le pasé la canción, se sintió identificado y decidimos grabarla. Fue todo en un fin de semana.

Habéis hecho una versión de «El hombre que olvidó su nombre» con Alberto de Miss Cafeína, Rebeca Jiménez y El Pescao. ¿Cómo fue esta fusión?
Para lanzar esta canción como tercer single, quisimos que tuviera un mensaje reivindicativo. Buscamos a gente que conocíamos y que nos dieran muy buena onda. Con David Otero, El Pescao, tengo una relación de amistad muy cercana y teníamos que hacer algo juntos. A Alberto le conocí en el Sonorama y conectamos enseguida. Lo grabamos juntos e hicimos el videoclip con la colaboración de Greenpeace. Una de nuestras precoupaciones es el ecologismo y quisimos levantar la voz. Si nos juntábamos el mensaje iba a tener más fuerza. Si conseguimos que la gente termine con los pelos de punta al ver el videoclip, es una victoria.

¿Qué tienen de especiales los conciertos del décimo Aniversario Tour 2012?
Ha vuelto a la banda Curro Moral, teclista que fundó la banda con nosotros y que hizo los dos primeros discos. En el show solo somos Curro, Raúl y yo. El resultado es algo personal y a la vez muy potente.

¿Cómo os despedís de nuestros lectores?
…invitándoles a que vayan a muchos conciertos. La música en este país tiene una salud que no habíamos vivido antes. Les invito a descubrir nuevos grupos, entre ellos La Sonrisa de Julia, y que se pasen un día a vernos en directo. Y que tiren adelante con sus proyectos porque lo más importante para ser feliz en esta vida es intentarlo.

Más información en http://elhombrequeolvidosunombre.blogspot.com/

Esta entrevista ha sido publicada en el número de enero-febrero de 2012 de ExPERPENTO: