Isabel Jiménez
Fotografía Marcp_dmoz  www.flickr.com/photos/marcp_dmoz/

Lanzarote es uno de los destinos turísticos por excelencia: para los amantes del sol y la playa, pero también ofrece mucho más, para aquellos a los que les aburre torrarse bajo el sol, vuelta y vuelta.

Hay dos cosas que llaman la atención la primera vez que se visita la isla. Lo primero, su paisaje: básicamente todo es rojo y negro. La culpa es de los centenares de volcanes que forman la geografía de esta pequeña isla. Lo segundo es el viento: el aire sopla como en ningún otro lugar, pero por lo general, a partir del segundo día, ni lo notarás.

Existen varios núcleos turísticos muy bien diferenciados, por lo que hay que tener muy claro a qué se va a la isla, para elegir uno u otro. Estos son Costa Teguise, Puerto del Carmen y Playa Blanca, además de Arrecife, la capital. Si lo que quieres es ir de marcha, tu zona es Puerto del Carmen. De día tienes playa hasta «jartarte». De noche, ésta es la zona de marcha por excelencia. Podríamos dividirla en dos, según tus preferencias: bares de copas donde se concentran guiris internacionales, es decir, alemanes, británicos y nórdicos en general y los otros, donde se reúnen guiris nacionales, vamos, los españolitos de la Península, y también los isleños. Hay para todos los gustos: discotecas, bares en plan tranqui, cervecerías, coctelerías… y casi todos alineados en el mismo sitio, la Avda. de las Playas, para que no tengas que buscarlos mucho.

Por el día hay varias opciones: tomar el sol sin más, hacer turismo o dedicarte a los deportes acuáticos. Lanzarote es un paraíso para los amantes del submarinismo y los del windsurf. Hay variedad de cursillos, eso sí depende del presupuesto con el que cuentes, porque no son baratos. Para hacer turismo, lo mejor es alquilar un coche. No es demasiado caro, pero es imprescindible preguntar en varias agencias, pues las diferencias entre unas y otras son bestiales.

Lanzarote es una isla pequeña con bastantes cosas que ver. A pesar de que está ocupada en su inmensa mayoría por volcanes y lava, sorprende la variedad de paisaje que te puedes encontrar, desde el vergel que supone la zona del valle de las 1.000 palmeras o la zona de La Geria. Aquí se elabora un vino delicioso de uva malvasía, que crece prácticamente sin agua. Si visitas la zona, no dejes de entrar en las bodegas donde puede degustarse el buenísimo vino blanco de la zona.

Otro de los atractivos naturales de Lanzarote es el Parque de Timanfaya. Allí está la mayor concentración de volcanes de la isla. Al entrar, puedes comprar el viaje guiado en autobús, una «guagua» casi prehistórica que va por carreterillas, pues para no entorpecer el paisaje el camino se ha ajustado lo más posible; te hacen muestras del calor que hay acumulado en la zona -hasta existe un restaurante que cocina directamente con el calor proveniente de la tierra, sin utilizar gas o placas eléctricas…-

Por otro lado están las intervenciones espaciales realizadas por el artista local César Manrique. Aunque la entrada no es precisamente precisamente barata -no olvidemos que la isla vive del turismo-, merece la pena pagar. La Fundación Manrique, los Jameos del Agua, el Mirador del Río… son centros artísticos en sí mismos, donde la imaginación del artista entra en sintonía con la conservación del medioambiente y el respeto al mismo, entablando una simbiosis absoluta.

En cuanto al mar te sorprenderá lo clarita que es el agua, sobre todo en las playas con menos afluencia de bañistas. Eso sí, hay que tener en cuenta que el aire sopla con ganas y el agua está un pelín fría… A cambio, disfrutarás de una temperatura estupenda vayas en la estación del año que vayas, por lo que resulta un lugar ideal para planificar cualquiera de tus vacaciones.