Texto de Reyes Muñoz

Nada más plantar los pies en el aeropuerto de Las Vegas percibiremos que no estamos en una ciudad normal. Allí mismo, el tintineo de las tragaperras avalará todos vuestros prejuicios en torno a los Estados Unidos como la semilla del diablo, el infierno, el reflejo del materialismo, el vicio, el hedonismo… El consejo es que te dejes de pacaterías y abras bien los ojos. El espectáculo está en cada rincón.

Las Vegas no se aferra a ningún cliché. Paradigma de lo kitsch, por mucho que esta ciudad sea un personaje más de películas, series, libros e incluso videojuegos, es complicado prever nada de lo que nos vamos a encontrar. E incluso una vez nos marchemos, no sabremos definir qué demonios hemos visto.

Las Vegas se construye en un paraje inhóspito, en medio del desierto de Nevada, rodeada de polvorientas rocas. La leyenda cuenta que su bonanza parte de los capitales poco claros de “empresarios” con un turbio pasado. La ciudad del pecado tiene una seductora historia bien condimentada con dosis de juego, alcohol, drogas y sexo… Hoy en día, algunas cifras nos pueden dar una remota idea de lo que allí se cuece. Se dice que los innumerables tubos de neón hacen visible la ciudad desde el espacio, se comenta que cada turista se funde una media de 400 euros en juego y es un hecho que allí están ocho de los diez hoteles más grandes del mundo.

Las Vegas Strip y Fremont (Fotografía (c) Las Vegas News Bureau)

Los objetos de investigación son Freemont y Las Vegas Strip. La primera representa el antiguo espíritu de Las Vegas, cuya decadencia es para algunos motivo de encanto y para las autoridades, un problema que tratan de solucionar, como veremos, con soberbios proyectos. Las Vegas Strip representa el nuevo amanecer de la ciudad, una mezcla entre avenida y parque temático para adultos.

Las Vegas Strip
Seguramente os alojéis en alguna de las megaconstrucciones del Strip. Su nacimiento se fija en la apertura de The Mirage, que con más de 3.000 habitaciones, abrió la veda. Los empresarios entraron en la batalla de construir en medio del desierto el casino-hotel más impresionante, con más habitaciones y con una oferta de ocio más atractiva. De esta encarnizada competencia se aprovecha el turista: las enormes y suntuosas habitaciones son relativamente baratas. Pero la caja siempre gana: el lujo tiene el objetivo de hacernos creer que somos poco menos que Paris Hilton y comencemos a gastar los 400 euros de rigor. Todos los indicios demuestran que lo que desean es que no pises la calle y que si lo haces sea para ir a otro casino propiedad de un mismo empresario. La primera sospecha hunde sus raíces en el clima: el ambiente desértico de calle no puede competir con el aire acondicionado, aromatizado con fragancias a canela. Por dentro, siempre es de noche y cada casino es un laberinto –cuidado con perder el mapa–. Sólo nos daremos cuenta de que hemos cambiado de hotel si nos fijamos en la decoración. Podemos coger trenes gratuitos, que obviamente unen hoteles de un mismo propietario. Y cada edificio se construye como un barrio, con sus tiendas, sus peluquerías, sus teatros, sus actividades y un sinfín de cosas diseñadas para anular nuestra razón y que saquemos la cartera. Otra prueba más de su insistencia es que si estás jugando, puedes beber lo que desees a cambio de una propina voluntaria.

Si quieres investigar es necesario que anules las numerosas tentaciones y salgas a la calle. La simple panorámica de los casinos merece más de una fotografía. A partir de ahí, podemos ir a visitar cada uno de los hoteles. No te agobies con ir a todos, en esencia, aunque con matices, son más de lo mismo. Entérate de los horarios de las actividades tanto gratuitas como de pago y averigua qué hace especial a cada uno de los casinos. Esto te servirá para priorizar. Si eres un turista obsesivo estás de enhorabuena: tu ofuscación en verlo todo anulará el incesante reclamo de las tragaperras.

Acuario de los tiburones en el Mandalay Bay (Fotografía (c) MGM) y Esfinge del Luxor (Fotografía (cc) timparkinson)

El Mandalay Bay aloja piscinas, playas y ríos artificiales, acuarios con tiburones y sin tiburones… Está unido por un trenecillo gratuito con el Luxor. Este fue el primero en basar su estética en una idea temática. El Luxor es una enorme pirámide protegida por una esfinge. Tiene fama de ofrecer el mejor buffet de Las Vegas, con decenas de mostradores con comidas del mundo. Sólo si tienes hambre merece la pena pagar: puedes comer hasta que revientes tú y la esfinge, o bien observar cómo los demás lo hacen. El Excalibur –castillo de Disney para muchos turistas– juega con todo lo relacionado con el Rey Arturo. Este es el único casino pensado para que los niños vayan pillando el hábito. New York New York  (Foto de cabecera (c) MGM) representa el skyline de Manhattan. Destaca su estatua de la libertad y una montaña rusa que zigzaguea por la fachada. También os llamará la atención el Paris Las Vegas, con una torre Eiffel como sello de identidad. Se dice que la idea original incluía una en tamaño real y recularon por el peligro que suponía para los aviones de un aeropuerto cercano.

Fuente del Bellagio y Volcán del Mirage (Fotografía (c) MGM)

El otro ocio en Las Vegas
Junto a los carteles anunciando espectáculos de lo que parecen viejas glorias con peluquín, barriga y camisa de chorreras, encontrarás publicidades sorprendentes. Por un lado hay una buena oferta gratuita: el espectáculo de fuentes del Bellagio, la Fremont Experience, el volcán del Mirage, las sirenas del Treasure Island, los números circenses del Circus Circus… todos ellos un reclamo para turistas. Las propuestas de pago superan la agenda cultural de cualquier ciudad del mundo. El Circo del Sol ofrece allí varios espectáculos en distintos casinos, por allí podemos disfrutar del los famosos Blue Man Group, en el Venetian ofrecen El fantasma de la ópera, allí está casi siempre David Copperfield, por no hablar de los conciertos de Céline Dion, Madonna, Elton John o Rod Stewart.

El Belaggio es uno los hoteles más lujosos, elegante tanto en su construcción como en sus habitantes. Ofrece un espectáculo en su enorme fuente exterior que atrae cada noche a miles de turistas. En su interior aguarda un impresionante jardín botánico –con un un águila de duduso gusto– que cambia según la estación del año. El Caesars Palace mantiene la elegancia –de la que no disfrutan otros casinos– y sin duda sus espectáculos son de los más rimbombantes. El rosa chicle del Flamingo es mítico, el Mirage fue el primero en elevarse en el Strip, el Circus Circus es, aparte de casino y hotel, el circo permanente más grande del mundo… y así, uno a uno, vamos descubriendo pequeños mundos marcados por la diversión.

Fremont
Los casinos del Strip supusieron el renacimiento de la ciudad del vicio y eclipsaron Fremont, la más emblemática calle de la ciudad. Aquí está el vaquero Vegas Vic de luces de neón, imagen recurrente en cientos de pelis. Las autoridades han hecho lo posible por resucitar esta zona, y quizás la empresa más ambiciosa fue la de cubrir casi la totalidad de la calle con la que dicen es la pantalla más grande del mundo. Cada noche la exhibe de manera gratuita una película descomunal (Fremont Experience). Si habláis con algún operador turístico os dirá que estáis en una de las ciudades más seguras del planeta. La zona turística de Las Vegas es una suerte de Gran Hermano, y cada uno de tus movimientos será registrado por una cámara. Esto provoca sentimientos contradictorios: ¿Qué es mejor, sentirse seguro o vigilado? No obstante, en Fremont, sobretodo mientras discurre la película, es recomendable tener cuidado con la cartera.

Hay a quien esta calle le espeluzna y hay quien asegura que es lo mejor de Las Vegas. Los casinos, con cierto tufillo decadente, nada tienen que ver con los del Strip. Cambia la fisonomía y cambia también la clientela. Aquí es más fácil toparse con las famosas bodas ¿temáticas?. Las tiendas de souvenirs, los puestos de comida rápida, los anticuados carteles de luces de neón, los interiores de los casinos… Y todo ello chirría al compararlo con el lujo que hemos dejado atrás. Mi consejo es que tanto si estás un día como si estás veinte, no te pierdas este recorrido, marcado por la legendaria historia de casinos como el Binion’s Horseshoe, o el Golden Nugget.

El Gran Cañón del Colorado
Si estáis en Las Vegas os queda cerca el Gran Cañón, la garganta excavada por el río Colorado. Para los aventureros hay multitud de actividades: desde viajes en burro a descensos en barca. Para tener una panorámica de tan inmenso paraje, puedes contratar un viaje en avioneta. Si soportas el mareo y no sucmbes al miedo, descubrirás la trepidante historia del lugar marcado por la naturaleza, las tribus indígenas, los españoles y los americanos y su interés económico, social, ecológico y turístico.

Hasta aquí mi paseo por Las Vegas. Acabo con una confesión: llegué allí de rebote y nunca me arrepentiré de haberme decidido a cambiar la ruta para visitar la ciudad de película más peculiar que he visto en mi vida3

Más información en http://www.visitlasvegas.com

Este reportaje ha sido publicado en el número de enero-febrero de 2012 de ExPERPENTO: