Texto de Janire Martínez
Fotografías de Alessandro Casagrande (cc) http://www.flickr.com/people/alexhdr77/

Los romanos ya se dieron cuenta de su potencial y por ello crearon esta ciudad a orillas del río Támesis en el año 43. Ahora mismo cuenta con más de siete millones de habitantes y gracias a su diversidad étnica y cultural, se hablan hasta 300 lenguas; así que si tu impedimento era el idioma, ya no tienes excusa.

Los must
Lugar de culto para los lectores de El código Da Vinci, de Dan Brown, la Abadía de Westminster es una construcción religiosa célebre por ser la sede de coronaciones reales, enlaces, enterramientos de reyes y personas que contribuyeron a la historia inglesa. Además de la tumba de Isaac Newton, entre sus muros podremos ver los sepulcros de Charles Darwin, Edmund Spencer, Haendel o Charles Dickens. Fue construida en el siglo XIII por el rey Enrique III, en estilo gótico, y siempre ha estado bajo el mando de la corona real y fuera de la jurisdicción de la iglesia. Para visitarla, deberás esperar una gran cola y pagar 15 libras.

Cerca de la abadía, nos encontramos con el gran icono de Londres: el Big Ben. Construido en 1858, se encuentra en la esquina noroeste del Parlamento de Londres. El Parlamento puede visitarse algunos días, no así el Big Ben. Pero lo que realmente tiene de obligatorio todo este conjunto arquitectónico es la foto. El lugar estratégico es en uno de los laterales del Westminster Bridge para sacar el Big Ben, y al otro lado del Támesis para lograr una panorámica perfecta de todo el Parlamento. Además, al otro lado de este mismo puente, podemos ver el skyline mítico por el London Eye, la noria más grande del mundo. Puedes pagar para subirte o conformarte con una barata y bonita instantánea.

Otro importante centro religioso es la Catedral de St. Paul. Su gran cúpula la hace destacar entre los enormes rascacielos. No en vano, es uno de los templos más grandes del mundo. Aunque la entrada sea de pago –8 libras– merece la pena por la bonita vista panorámica que se puede apreciar desde lo más alto de su cúpula. Son unos 560 peldaños en unos pasillos muy estrechos. Si te va la aventura, con unos estiramientos previos, seguro que te encanta. Cerca de aquí se encuentra el Puente del Milenio que cruza el río Támesis, que apareció en una de las películas de la famosa saga de Harry Potter.

Siguiendo el río, nos encontramos con el puente más famoso de Londres: el Tower Bridge. Es un puente levadizo y si lo ves abierto, considérate afortunado. En la orilla, se encuentra la Torre de Londres (que da nombre al puente) el verdadero espíritu de la ciudad: realeza, befeeaters y cuervos. Este castillo medieval en la actualidad expone las joyas de la corona inglesa, pero a lo largo de la historia ha sido prisión, fuerte defensivo y plaza de ejecución. Entre sus muros mataron a Ana Bolena y a miles de anónimos prisioneros. Para que el dramatismo no decaiga, el “complejo” incluye un museo de la tortura. Otro dato curioso es la protección de los cuervos. Se dice que Carlos II dio a estas aves protección por decreto real ya que una profecía aseguraba que la marcha de estos pájaros traería consigo el fin de la monarquía. Algunos dicen que el lugar está maldito… presuponemos que son supersticiones, pero lo cierto es que está envuelto en un halo de misterio. Lo mejor es llegar temprano para evitar los grupos de turistas y dedicarle una mañana entera.

El Palacio de Buckingham, es otro básico. Puedes visitarlo pero lo interesante es el cambio de guardia que se realiza casi a diario. También exige un madrugón para coger un sitio cerca de la verja y paciencia para soportar los empujones. Merece la pena.

La emblemática esquina de Piccadily Circus, allí donde la publicidad es la protagonista, es otro lugar de fotografía obligada. No conozco a nadie que se haya ido de Londres sin pasar por ahí.

Datos diversos:
Para viajar a Londres existen varias compañías de avión que vuelan a diario y si lo reservas con tiempo te puede salir muy barato. En cuestión de alojamiento las alternativas más económicas son los hostels, en los que por lo general hay muy buen ambiente, o los bed&breakfast, que incluyen el desayuno. La opción para bolsillos valientes son los hoteles, más caros que los españoles.
Londres tiene inviernos muy fríos y veranos templaditos. La mejor época para visitarla es de mayo a septiembre. Aún así no tienes asegurado el buen tiempo: lleva un paraguas o un chubasquero.
Las atracciones principales de la ciudad pueden visitarse en tres días, pero para empaparse del alma de Londres necesitas al menos una semana.
En cuanto al transporte, es recomendable sacar un bono de metro para los días que dure tu viaje, es lo más cómodo y llega a todas partes. Aunque la línea de autobuses es algo más caótica, no puedes irte de la ciudad sin montarte en uno de sus míticos buses rojos de dos pisos

De museos
Londres cuenta con una amplia oferta de museos. Los centros culturales públicos son gratuitos, aunque en la entrada hay huchas para dejar “la voluntad”.

Uno de los principales si tienes un mínimo interés por la historia y la arqueología o simplemente quieres ver un edificio impresionante es el British Museum. Entre sus paredes alberga obras de arte de los cinco continentes; esculturas de la antigua Grecia, sarcófagos y momias de Egipto, vasijas romanas, labrados de Mesopotamia, etc.

La National Gallery es una de las pinacotecas más completas del mundo. Sus obras abarcan desde la Edad Media hasta el siglo xix de pintores como Botticelli, Leonardo da Vinci, Velázquez, Goya, Rembrandt, Gainsborough, Turner, Renoir, Cezanne o Van Gogh. La zona impresionista es de las mejores. Si lo que te gusta es el arte contemporáneo, no puedes perderte la Tate Modern.

El Madame Tussauds es el museo de cera más importante del mundo. En este se paga y mucho: 22,5 libras. Allí las figuras están bien hechas y es una de las atracciones más visitadas de Londres.

Días tranquilos
Aunque parezca que los londinenses son personas estresadas, también tienen sus momentitos y adoran los parques. El más grande es Hyde Park, un bosque en el medio de la capital. Lo mejor es relajarse y disfrutar del entorno y de los animales que corretean por las campas, tan amigables que incluso se dejan tocar. En mitad del parque hay un gran estanque donde seguro que más de una pareja se ha prometido eterno amor en una de sus barquitas. Otras zonas verdes son Green Park, Regents Park o St. James Park.

 

El mercado de Camdem es otro de los puntos tranquilos. Es el barrio de Amy Winehouse y las tiendas góticas son impresionantes, aunque hay ropa y complementos de todos los estilos. Puedes comprar algo en un puesto ambulante de comida y sentarte a observar el pintoresco panorama.

De marcha en Londres
En Londres estás de suerte, hay fiesta todas las noches de la semana. Además tienes muchas opciones: discotecas, pubs, disco-restaurantes…pero debes planeártelo muy bien. La zona más marchosa es West End, pero también habrá ambiente por el Soho, Camdem o Nothing Hill. La discoteca más famosa es la Ministry of Sound, donde estarás en un entorno de lo más cool y las normas de vestimenta son muy estrictas en la entrada.
Mi consejo es que además de buscar algún pub de música en directo, te dejes guiar por los lugareños. Ésa es la manera de vivir la auténtica noche londinense.

Nothing Hill acoge el mercado de Portobello Road, especializado en antigüedades. El mejor día para visitarlo es el sábado por la mañana. Una advertencia: no busquéis la puerta azul de Hugh Grant y Julia Roberts, hace años que sus vecinos la pintaron por la insistencia de los turistas. Lo sé, yo también lo intenté.

A estas alturas ya te habrás quedado prendado de Londres. Pero calma, casi todo el mundo vuelve, y si no, que se lo pregunten a Woody Allen.