Texto de Covadonga Carrasco
Fotografías para ExPERTPENTO de David García: www.david-g.com

Después de haberle visto en papeles en los que no se puede decir precisamente que obrase como una buena persona, la sensación que provoca Luis Tosar en el público en general es de ser un gran tipo. Probablemente es uno de los mejores actores que ha dado nuestro país en los últimos años. Esta vez ha hecho triplete, ya que tres de sus películas fueron seleccionadas para participar en la nominación como Mejor Película de habla no inglesa en los Oscars. Pero además es generoso y muestra de ello es la participación en el Keep Walking Projet de Johnie Walker, ofreciendo una clase magistral de interpretación al ganador del concurso, el joven actor Javier Corral. Después de la clase habló con nosotros y aquí tenéis el resultado.

¿Cómo te has sentido en el papel de maestro?
Maestro la verdad es que no me he sentido. Estoy bastante lejos de serlo. Pero sí que me he sentido muy bien a la hora de ayudar a Javier en esta cosa tan abrupta que es enfrentarse de pronto a la muestra de un proceso de trabajo que siempre es algo mucho más íntimo y que está cargado de pudor. Mostrar una fase tan previa al trabajo final de una escena es sin duda muy valiente. He intentado además que estuviera relajado, desde mi experiencia ante la escena, porque es un papel que yo había interpretado previamente en el teatro.

Es curioso escucharte hablar así, porque no suena a falsa modestia, sino a humildad real. Parece que no eres consciente de que la gente te tiene como referente en el mundo de la interpretación.
Bueno… el actor es una persona insegura casi por definición, nunca estás convencido de lo que estás haciendo. Tomar una decisión a la hora de interpretar es complicado, nunca sabes si aciertas, especialmente porque tienes una gran número de caminos por los que tirar. A la hora de hacer la elección, quizá no elijas el correcto. Eso es algo inherente a la profesión. Siempre piensas, ojalá no me haya equivocado, o al menos haya elegido una correcta entre el número infinito de opciones que tengo. Por eso siempre da mucho miedo también decirle a alguien por dónde debe tirar, como ha sucedido en el caso de Javier. Es una decisión personal, que debe tomar el actor, porque al final es él el que se enfrenta al público. Así que por muy maestro que seas, tú no te vas a enfrentar a esta tesitura. Toda la verdad sobre los personajes al final la tiene el actor, por eso hay que respetar mucho su elección.

El actor debe intentar no quedarse en lo cómodo, pensar: «en este terreno funciono bien» y quedarse ahí. Por eso también he querido poner a Javier en la tesitura de ver cómo se podía meter un poco más de locura, de arriesgar. Normalmente en el riesgo y en la incertidumbre es donde encuentras cosas, el resto ya está hecho, es algo establecido, es la norma. Cuando se te va la olla es cuando te das cuenta de que estás preparado para hacer según qué cosas.

Luis Tosar estrenará en unos días 18 comidas una joyita en la que comparte protagonismo con Cristina Brondo, Víctor Clavijo, Sergio Peris y Esperanza Pedtreño. Con este film el actor cerrará su mejor año hasta la fecha. Atrás quedó su recogida del Goya al mejor actor por su interpretación de Malamadre, o su participación como Fray Bernardo en Lope, una superproducción que, junto a Celda 211 acarició la candidatura española para los Oscars. Al final También la lluvia de Iciar Bollaín fue la elegida para viajar a Los Ángeles. En enero sabremos si finalmente optará a la preciada estatuilla.

¿En qué porcentaje influye el factor suerte y el factor trabajo en la carrera de un actor?
Es un porcentaje muy alto en los dos casos. En determinadas ocasiones la suerte es muy, muy importante, pero claro, esa suerte también hay que buscarla, y sobre todo estar al loro cuando aparece para darte cuenta de que está ahí. A veces pasan cosas por delante y no sabemos verlas.

Este es un oficio muy largo. Esto es algo que me gusta que la gente entienda: el actor cuando decide que quiere serlo debe tener claro que ya lo va a ser para toda la vida. Uno no decide ser actor diez años y después dedicarse a la arquitectura. Requiere tantísima implicación personal, que ya puedes estar dispuesto a poner todas las cartas sobre la mesa, porque sino difícilmente sales hacia delante.

Cuando llega esa oportunidad, ese momento en el que tu trabajo se hace visible, se te abren muchas puertas.Eso a veces sucede tarde, muy tarde o demasiado pronto. Uno tiene que saber que ha llegado ese momento. La putada es que tengas varios golpes de suerte y no sepas aprovechar ninguno. Que caigan sobre tus manos personajes maravillosos y que no sepas extraerles todo el jugo. Por eso yo creo que en este oficio, el actor debe estar siempre preparado para todo. Y eso te hace que vivas para esto.


Estamos en el escenario de la Escuela de Cristina Rota e igual este no es el mejor sitio para hacer esta pregunta pero… ¿Hasta qué punto la formación en una escuela es positiva para un actor o le genera automatización?
Creo que la formación es básica, aunque en mi caso yo sea un actor autodidacta y me haya buscado la vida en esto desde lugares diferentes a una escuela. He hecho cursos como he podido y como coincidió… Ese es un camino que el actor siempre recorre de una manera o de otra. Que un actor vaya a una escuela y tenga una formación es algo que me parece maravilloso. Además ahorra mucho tiempo, te hace ser disciplinado, tener una metodología de trabajo, que después te ayuda mucho a la hora de acercarte al personaje. Algo que yo echo de menos es no tener un organigrama a la hora de trabajar. Soy muy caótico, excesivamente caótico. Me atrevería a decir que quizá me lleve a mí más tiempo «atacar» a un personaje que a alguien que ha pasado por una escuela, y que luego tiene más tiempo para dedicarse a tareas más «finas» de investigación. Yo tardo una barbaridad hasta que llego a eso. Es muy interesante que la gente estudie. Luego uno se desprende de manera natural de lo que no interesa, del academicismo. Pero eso sucede en cualquier profesión, una vez que te sacas una carrera te quitas de ciertas cosas porque encuentras tu camino. Sabes lo que funciona y lo que no.

No creo que las escuelas hagan actores iguales. Probablemente exista una etapa en la que todo el mundo funcione parecido, pero luego cada uno evolucina como puede.

En enero veremos También la Lluvia. ¿Qué nos puedes contar?
Creo que es otra película maravillosa de Iciar Bollaín que es una auténtica maestra. No sé cómo lo hace para negociar con todas esas emociones extrañas que aparecen en sus pelis, y además con esa cantidad de personajes tan, tan diversos. En esta además hay algo de autohomenaje a Flores de otro mundo. Nos mezclamos actores profesionales con actores naturales, y esto es siempre muy bonito. Es una peli socialmente comprometida. Aunque geográficamente nos pilla un poco lejos, sí que somos los responsables directos de lo que sucede. Está muy bien que nos pegue directamente en la cara.

He escuchado varias veces frases del tipo: «Este tío tiene pinta de ser buena persona». Es sorprendente con la cantidad de personajes que has hecho que son «lo peor», en cuanto a su calidad humana. ¿Qué tienes?
Es algo que me ha pasado toda la vida, no sólo como actor. Sí que es cierto que la gente percibe una imagen pública de manera positiva y además justo ese comentario me lo hacen mucho: «Tienes pinta de ser un tío majo». Creo que siempre he caído bien, desde pequeño, siempre he sido el chaval «riquiño», pero es una cuestión de personalidad, no puedo hacer nada al respecto. Nací así o me hice así y es guay. Mejor eso que transmitir la sensación de que eres un hijo de puta y que la gente te odie.

También la lluvia lo tiene todo para hacer historia. Rodada en la selva del Chapare y en la ciudad de Cochabamba, con un equipo técnico de 130 personas y con más de 4.000 extras, 300 de ellos indígenas, en este film lo que importa es el fondo. Es una película dentro de otra película que habla del pasado y del presente, de la pobreza actual de Bolivia y de la devastadora biografía de España. También la lluvia es una empresa monumental a la que Iciar Bollaín se enfrenta con arrojo y levanta sin fisuras. La nominación a la candidatura de los Oscar es sólo el principio de una aventura que comenzó su andadura mucho antes de su premiere en la Seminci de Valladolid.