«Mi legado nazi», la culpa y la disculpa


Texto de Covadonga Carrasco

2015. Reino Unido.

El título original es «What our fathers did: A nazi legacy».
Dirección: David Evan Guión: Philippe Sands

«Mi legado nazi» es probablemente uno de los documentales más inquietantes sobre el fascismo que se haya podido hacer nunca. No aparecen las imágenes que estamos acostumbrados a ver, ni se trata el tema de los campos de concentración desde la perspectiva habitual. Pero te hiela la sangre igual o incluso más.

Antes de seguir desgranando este documental, estaría bien presentar a sus protagonistas para comprender a qué me refiero con que esta obra maestra es “inquietante”:

Philippe Sands

Philippe Sands, abogado, con ascendencia judía y el encargado de hablar sobre la historia de Hans Von Wätcher y Niklas Frank, además de ponerlos frente al espejo de una forma sublime.

Hans Von Wätcher

Hans Von Wätcher, hijo de Otto Von Wätcher, uno de los hombres de confianza de Heinrich Himmler y responsable del programa Aktion, el plan de aplicación de eugenesia contra judíos.

Niklas Frank

Niklas Frank, hijo de Hans Frank, responsable político de los guetos y los campos de concentración de Polonia.

Hechas las presentaciones pertinentes, hablemos del documental. Tanto Frank como Von Wätcher son perfectamente conscientes de su legado y la responsabilidad de sus padres durante el Holocausto, como altos cargos y comprometidos servidores del régimen nazi. Sin embargo, la perspectiva de ambos —y aquí es donde reside lo increíble de este documental— es completamente distinta.

La culpa

Mientras que Von Wätcher habla con dulzura de su infancia y de su familia, sintiéndose orgulloso, incluso emocionándose, al recordar a su cariñoso padre y la derrota del nacionalsocialismo en la II Guerra Mundial, Frank se avergüenza, vive con la culpa de lo que hizo su padre y, para no olvidarlo nunca, mantiene una foto en la cartera de su cadáver, momentos después de ser ahorcado tras los juicios de Nüremberg. Primero, para “estar seguro de que realmente está muerto” y segundo, porque “los alemanes debemos saber qué pasa si perdemos la valentía ciudadana. Perder la democracia, puede llevarte a los campos de exterminio. Los alemanes lo sabemos bien, porque lo hemos hecho. Y algunas personas de las que han vivido y matado sin piedad, siguen vivas en Alemania”.

Este documental los une para que puedan poner en común sus historias, la personal forma de ver su pasado, cómo sienten el presente y cómo valoran el futuro.

La disculpa

Resulta aterrador como Philippe Sands al hablar con Von Wätcher sobre lo que sucedió durante la II Guerra Mundial, se enfrenta a un muro de educación, buenas maneras, un tono suave… A veces, incluso, si no se conociese su pasado, de dónde viene, podría provocarnos ternura y observarlo como un hombre frágil que, mientras pasa las fotos, defiende y habla de su familia como podríamos hacerlo cualquiera de nosotros.

Probablemente, es lo que hace más increíble la cinta. Ver a un anciano, con un tono calmado y melancólico diciendo cosas como: “Cuando todo acabó, tuve la sensación de que no había futuro” mientras llora, recordando cómo lanzaban bombas los aviones de los aliados. Él, su familia, las víctimas. Los millones de mujeres y hombres asesinados a las órdenes de su padre, ni siquiera tuvieron tiempo de experimentar que no había futuro, porque su futuro fue convertirse en cenizas, jabón o ratas de laboratorio para los experimentos médicos en los campos de concentración. Curioso, ¿verdad?

Por el modo en el que defiende la figura y las decisiones de su padre y cómo intenta disculparlo, es obvio que sabe que no tiene salida, que todo lo que dice no tiene sentido, que lo que sucedió es el capítulo más inhumano de la historia contemporánea más reciente. Pero, lo hace.

«La diferencia entre el bien y el mal»

Su antagonista Niklas Frank, lleva toda su vida cargando con la culpa, con la condena de ser hijo de uno de los mayores responsables de la muerte de miles de personas, tiene una actitud mucho más combativa. Se siente molesto escuchando a Von Wätcher, le reprocha que no sea capaz de reconocer lo que pasó, que sus familias fueron agentes activos en el asesinato de millones de seres humanos.

Frank también habla con tristeza, su infancia fue feliz, a pesar de la frialdad en el trato de sus padres, a los que Hitler había prohibido divorciarse. Pero no es eso lo que le entristece, su pesar es el de alguien que sabe que lleva la misma sangre que un depredador que sabía perfectamente, como él mismo dice: “La diferencia entre el bien y el mal. Fue un cobarde”.

Resulta desolador escuchar cómo describe los encuentros con su padre durante los juicios de Nüremberg y las sensaciones que estos le provocaban.

Pero, no voy a contar más sobre este documental, es mejor que lo veáis, pocas veces tendréis de la posibilidad de poneros frente a algo igual. Quizá, solo quizá, estaría bien que se hiciese algo parecido en España.

Porque como dice Antonio Maestre: “Eres responsable de lo que haces con tu herencia”.

Antonio Maestre: Ciudadano A

Quizás te interese:

Benjamin Balint: «El último proceso de Kafka»

Ver la película en internet: https://www.filmin.es/pelicula/mi-legado-nazi

Anterior Departamento de nostalgia, por José M. Campos
Siguiente «Cádiz» de Fran Nortes abre las puertas del Lara