Texto de Amaya Asiaín

Hay una zona en Segovia, entre los cañones del río Riaza, que esconde uno de los mejores “experimentos” de conservación de fauna de la península.

Se trata del Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega, cuya creación fue promovida por Félix Rodríguez de la Fuente en 1974. El entonces vicepresidente de WWF/Adena impulsó un acuerdo con el Ayuntamiento de esta localidad para arrendar la caza y controlar las actividades nocivas para las aves carroñeras en la mayor colonia de Europa de buitre leonado, con más de mil ejemplares. Aunque “ser un carroñero” está asociado a algo negativo, estos animales (quebranta-huesos, alimoches, buitres leonado…) no se merecen tan mala fama. Así se entendió entonces, lo que ha llevado a que el Refugio de Montejo sea un ejemplo magnífico de la interacción entre el hombre y la naturaleza.

Desde hace más de tres décadas es un referente del estudio de estas aves, lo que ha permitido constatar que el cierre de los muladares para controlar el mal de las vacas locas ha afectado negativamente a la reproducción y supervivencia de esta colonia, y, previsible-mente, a las del todo país. También ha servido para poner en práctica nuevas tecnologías, como lo fue en su día la radiotransmisión. Este método se aplicó a los alimoches, y así fue como saltó a la fama Melenas, un joven ejemplar radiomarcado en Montejo y envenenado en Cádiz. Otro ejemplo local de algo que sucede a nivel nacional: a pesar de que en España ya no existe ninguna Junta de Extinción de Alimañas, el veneno para acabar con esta imaginada categoría animal sigue haciendo estragos -junto con la colisión con tendidos, y la electrocución, el veneno es el principal problema de muerte no natural de las aves-. Además, no son los únicos animales que se desarrollan alrededor de este espacio protegido: en este tiempo se ha conseguido que la nutria, un magnífico bioindicador de la limpieza de las aguas, vuelva al río y goce de un momento de buenísima salud.

En el Refugio de Montejo se constata que la integración de la actividad humana con otra forma de entender el campo es posible e incluso deseable. La participación de los habitantes de los pueblos de la zona en las actividades y vida diaria del Refugio suponen un valor añadido, sin olvidar a los voluntarios, que participan en los censos de conteo de buitres, en reforestaciones, en actividades con los niños de la zona…

Hace cuatro años la Junta de Castilla y León declaró el Parque Natural de las Hoces del Río Riaza, que engloba una gran parte del Refugio. Hasta ese momento Montejo era el único espacio en España gestionado en exclusiva por una ONG de conservación, WWF/Adena. Su web es www.wwf.es.