Texto de Raquel García Casado

Al margen de los tópicos, Munich es mucho más que el «Oktoberfest» -la famosa fiesta de la cerveza- y los bávaros vestidos con sus pintorescos «Lederhosen» ellos y sus «Dirndl» ellas. Munich es una mezcla perfecta de lo chic y lo bávaro, y desde aquí te ofrecemos una visita alternativa para conocer la otra cara de la moneda de este «enorme pueblo», de 1,2 millones de habitantes.

Ubicada en el sur de Alemania, Munich es una ciudad de la que se puede disfrutar no sólo de sus preciosos parques y su arquitectura barroca, sino también de la generosidad y el sentido del humor de los bávaros: aunque se dice que los muniqueses son un poco arrogantes, pues les gusta mostrar lo que tienen -es una de las ciudades alemanas con un nivel de vida más alto-. Aún así, Munich y el resto de las ciudades bávaras destacan, sobre todo, por su gente.

Una opción estupenda para visitar la ciudad es alquilar una bicicleta y aprovechar los carriles-bici para poder disfrutar de las cervecerías y de la gente. Aunque parezca mentira, en Munich se vive mucho la calle, sobre todo con el buen tiempo. No en vano, los lugareños consideran que su ciudad es «la última ciudad del norte de Italia».

Podemos empezar nuestro recorrido en la Karlplatz -Stachus-, desde donde nos dirigimos hacia la Kaufingerstrasse, una calle llena de tiendas y lugares para comer que desemboca en la Marienplatz, la plaza principal de la ciudad, donde está el Ayuntamiento y el famoso carillón -Glockenspiel-, en el que las figuras dan las horas a las 11, a las 12, a las 17 y a las 21h.

Desde ahí nos vamos tranquila-mente al Viktulaienmarkt, para recargar energías en el que es el mercado de víveres más grande de Europa. Entre los olores a comida típica bávara y los «Biergarten», podemos comer unas «Weisswurst mit Brezen» -salchicha blanca con rosquilla salada y mostaza dulce- y una buena cerveza de trigo «Weizenbier». Los «Biergarten», o jardines de cerveza o de verano, aparecen por toda la ciudad con el buen tiempo. Son pequeños chiringuitos con mesas alargadas de madera -similares a las del Oktoberfest- donde la gente se sienta a tomar una cerveza al sol. Esto que a nosotros nos parece lo más normal del mundo, los alemanes lo aprecian especialmente, pues pueden disfrutar de ello muy pocos días al año. Por eso, cada «Barm», cada restaurante, siempre cuenta con un rincón en la calle en la que desplegar al menos un par de mesas.

Tras cargar pilas, podemos seguir la caminata hacia la iglesia gótica, la Frauenkirche o Iglesia de Nuestra Señora, de la que destacan sus cúpulas bulbosas, que se han convertido en emblema de la ciudad. Siguiendo con nuestra ruta, el sonido de la música rítmica y los aplausos nos guían a la cervecería más famosa de Munich, la «Hofbräuhaus», que atrae al 98% de los turistas.

Si el día lo permite, hay que visitar el «Alter Peter», la iglesia más antigua de Munich. Desde lo alto, y en día claros, se puede disfrutar de un paisaje espectacular sobre la ciudad y los cercanos Alpes. Otro momento de la excursión podría desembocar en el barrio bohemio «Schwabing»: cogemos el metro o U-Bahn hasta la parada de «Münchner Freiheit» para pasear por la Leopoldstrasse, tomar café e irnos de tiendas. Desde ahí cruzamos la Feilitzstrasse hasta llegar al jardín inglés -«Englischer Garten»-, un parque inmenso en pleno corazón de la cuidad.

En esta ruta idílica, nos acercamos al lago Kleinhesselohe y ponemos el campamento cerca de la casa del lago -Seehaus- para observar los patos, seguir bebiendo cerveza en vasos de 1 litro -Mass-, que allí es de lo más normal, y meter los pies en el agua mientras vamos en nuestra lancha alquilada.

Y si lo que queremos es realizar una visita cultural, lo mejor es coger el tranvía o S-Bahn hasta la Theresienstrasse, para visitar la Neue Pinakothek -Museo de Arte Contemporáneo-. Ya que estamos en el barrio universitario, podemos aprovechar para ver los edificios y su nueva arquitectura. Para llegar, vamos por la Ludwigstrasse o bien a la Türkenstrasse o bien a la Amalienstrasse. Este barrio fue hasta la Primera Guerra Mundial el centro cultural de la ciudad, en el que vivieron artistas como Paul Klee, Vassily Kandinsky, Franz Marc y Thomas Mann. Hoy en día es una zona de gente joven, con múltiples tiendas e innumerables bares y cafés

Augsburg

A unos 45 minutos de Munich se encuentra Augsburg, ciudad natal de Bertold Brecht y del padre de Mozart. Con sus 270.000 habitantes es una pequeña metrópolis a la vez que gran cuidad universitaria, que cuenta con todo tipo de ofertas: desde tascas y teatros hasta museos, sin perderse en la jungla de las grandes ciudades.

Destaca el casco histórico de la ciudad, cuyo centro se encontraría en el triángulo formado por tres plazas: la Königsplatz o Plaza del Rey, la Moritzplatz y la Rathausplatz o Plaza del Ayuntamiento. Esta última se llena de gente en verano, la mayoría sentada en el suelo o disfrutando de un helado en los cafés de la plaza. Aquí, merece la pena subir al «Perlachturm», torre de más de 70 metros desde la que hay una vista espectacular de la ciudad.

Augsburg es una ciudad para patearla y descubrir sus callejuelas y rincones idílicos. Pero si tienes poco tiempo, esto es lo que no te puedes perder:

  • Fuggerei: es un barrio de viviendas sociales construido en el siglo XVI, por lo que fueron las primeras que se hicieron en el mundo. Hoy en día es un museo, aunque todavía vive gente allí que paga un alquiler al año que no asciende a 1 euro.
  • Ayuntamiento: de estilo renacentista, es la construcción civil más importante que se levantó al norte de los Alpes. En su interior, destaca la Sala Dorada, y fuera la gran torre Perlachturm.
  • Maximilianstrasse: es una zona peatonal cerca de la Moritzplatz, una de las calles más bonitas de la ciudad, en la que dejarse seducir por su arquitectura, el gran número de cafés con cierto flair italiano y por sus puestos de tradición medieval.
  • La marcha nocturna es muy urbana y alternativa. Un buen recorrido empieza en el Kerosin, sigue en la Mahagoni Bar y termina en el Pow Wow. Estos son lugares de música alternativa, para tomar algo y bailar, aunque no tienen nada que ver con las discotecas al uso.
  • La oferta cultural de la ciudad es muy amplia y se intensifica con la llegada del verano: desde «la Piazza» (festival internacional de teatro), pasando por el X-Large (festival de música) y el Festival de Cine Independiente («Tage des unabhängigen Films»).

Como en casi toda la zona de Baviera, en Augsburg destacan las zonas verdes: a cualquiera que preguntéis enseguida os dirá cómo llegar a los numerosos lagos que hay por la zona, con grandes áreas de jardines para disfrutar del verano y la tranquilidad. Son lugares que parecen sacados de las postales más idílicas. Y, cómo no, allí tampoco faltan los Biergarten en los que disfrutar de una buena cerveza. Y un buen consejo, merece la pena acercarse al Castillo del Rey Loco en Füssen («Schloss Neuschwanstein»)