Texto de Reyes Muñoz

La trilogía es un auténtico fenómeno en todo el mundo. No son novelas de las de consumir y olvidar. La autora recrea con un estilo rápido y perfecto un trepidante universo en el que el lector empatiza con los personajes, predestinados a liderar la lucha contra un sistema que se mueve entre lo injusto y lo abominable. Y la pregunta que sobrevuela en los tres libros es complicada de responder: ¿es capaz el ser humano de cambiar su destino?

Imagina cuál sería tu percepción del mundo si al mirar a los ojos de alguien vieras la fecha exacta de su muerte. Ahora imagina que ves que muchísima gente va a morir el mismo día. Huele a catástrofe. Esa sensación la tiene Jem, protagonista del primer libro y el desastre la hace huir acompañada de Spider en una aventura trepidante e iniciática en la que entre otras cosas, aprende a amar. Y del amor nace Adam, heredero del don y protagonista de las siguientes entregas de la trilogía.

Él, además de ver, siente la muerte. En El caos los números repetidos le alertan de algo parecido al apocalipsis. Por el medio aparece Sarah, la chica del bello número… que huye de él como si fuera el diablo. Y tiene motivos.

En Infinito descubrimos un mundo post-apocalíptico. Adam, Sarah y tres niños sobreviven en el bosque lejos de la gente. Pero la autoridad quiere aprovechar el don del chico y no ahorrará en mezquindad para cazarlo… Sarah, embarazada, pasa de ser víctima colateral a ser objeto de deseo, y Mía, su hija, pasa de ser objeto de deseo a víctima colateral.

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