Texto de Mercedes Vuelta Suances

Escenario de numerosas películas, tema de un sin fin de canciones y venganza de los terroristas… la ciudad de Nueva York, o mejor dicho Manhattan, no te deja indiferente y por supuesto nunca se olvida.

Destacar un rincón o una tienda o un monumento como lo más atractivo de esta urbe es imposible, porque a medida que la recorres, vas descubriendo cosas que te llaman más la atención. Lo más conocido por todos, sin duda, son los rascacielos que componen el paisaje, donde destaca por encima de todos el Empire State, en pleno corazón de Manhattan y desde donde se puede ver toda la ciudad. Otro de los «skycraper» emblemático es el Edificio Chrysler, cuyas gárgolas son una imitación de los tapacubos de uno de sus coches de época.

No se puede pasar por alto la característica más definitoria de Nueva York: su mezcla cultural. Allí conviven, en perfecta armonía, gentes de todo el mundo, algo que se traduce en un enorme legado gastronómico, lingüístico, racial e incluso arquitectónico. China Town, Little Italy, el barrio judío, Brookyln, Harlem o el Bronx son recorridos imprescindibles, si se puede a pie, ya que contrariamente a lo que se cree, Nueva York es muy seguro.

Lo que desgraciadamente se ha convertido en «lo más turístico» a raíz de los atentados terroristas de 2001 es el World Trade Center. De todo menos indiferencia se siente ante el enorme vacío que dejaron estas inmensas estructuras. En el lugar de la Torres Gemelas se barajan varios proyectos de edificación y posiblemente gane el del rascacielos más alto del mundo, la Torre Freedom.

Toda esta zona se conoce como el Bajo Manhattan, donde se ubican varios símbolos de la ciudad. El segundo después del WTC sería Wall Street, donde a parte de ver el edificio de la Bolsa, no podemos dejar de tocar los cuernos de una inmensa figura de un toro en bronce, que según cuenta la tradición, trae bonanza económica. El Puente de Brooklyn es otro de los emblemas neoyorkinos. Fue el primer puente colgante del mundo, y su construcción estuvo llena de misterio: el infortunio se cebó con sus arquitectos.

Por último encontramos Battery Park, situado en el extremo sur de NY y desde donde se pueden apreciar a lo lejos la majestuosidad de la Estatua de la Libertad. Desde este parque se cogen los ferries que te llevan a la gran dama, cerrada al público desde 2001.

Según vamos subiendo de sur a norte hay que hacer una parada obligatoria en China Town y en la famosa calle Canal. Rolex, bolsos Prada, Louis Vuitton, Gucci… son algunos de los reclamos para los turistas, ya que según se comenta, son falsificaciones exactas. Eso sí, su consecución no está exenta de riesgo… por lo menos al principio, ya que su venta está penada. Para conseguir un preciado Rolex no queda otra que seguir al vendedor fuera de las calles, y al igual que en una película de gánsters caminar hasta llegar a un comercio-tapadera donde… ¡sorpresa! puedes adquirir a precio de ganga lo que deseas.

El Soho o el Village son otras de las zonas a destacar dentro de Nueva York, impregnadas por el aire bohemio de sus habitantes. Allí todo es distinto, empezando por la estructura de sus edificios. En Greenwich Village se encuentran la calle Christopher y la posada Stonewall, donde se inició el movimiento gay en 1969.

Dos de las calles más simbólicas de la capital son sin duda la 5ª Avenida y Madison. Desde la 5ª se accede al Rockefeller Center, espectacular complejo de rascacielos en cuya plaza se enciende el árbol de Navidad. Desde allí se tiene una vista fabulosa de la catedral gótica de San Patricio, una de las más bellas del lugar. Al final de esta calle se abre ante el viandante el pulmón de la ciudad: Central Park, donde es fácil encontrar a los neoyorkinos haciendo deporte, paseando, viendo espectáculos de magia o música o depositando flores en el monumento a John Lenon. Al final del parque entramos en Harlem, junto al Bronx, uno de los barrios míticos por su peligrosidad. Hoy en día esto es más ficción que acción. De Harlem lo más destacable son las misas Gospel, un derroche impresionante del talento al servicio de la veneración divina.

A pesar de que en sí Nueva York es una obra de arte, no hay más que contemplar la Estación Central, en cuyas escaleras se rodó Los intocables de Eliot Ness, la ciudad cuenta con una gran variedad de museos como el Metropolitan, el MoMA, el Guggenheim, el Museo de Ciencias Naturales, el Metropolitan Opera House… A la mayoría se puede acceder sin pagar entrada. Sólo has de dar la voluntad.

Y por supuesto, Broadway, donde se estrenan las mejores obras. Es por este lugar por lo que Nueva York se conoce como la ciudad del entretenimiento. A sus luces de neón se suman las de Times Square, un lugar sorprendente para visitar de noche. Allí las luces de los edificios se mezclan con los luminosos de los restaurantes, las tiendas y la publicidad. Al pisar esta calle damos razón a Frank Sinatra cuando en «New York, New York» hablaba de la ciudad que nunca duerme.