Texto de Reyes Muñoz
360 páginas. Austral Singular. 11,95 €.
Más info: https://www.planetadelibros.com/libro-orgullo-y-prejuicio/61382

En julio se conmemoró el segundo centenario de la muerte de la escritora británica Jane Austen. Esta efeméride, sospechamos que alimentada por la falta de noticias en verano, provocó debates en redes y medios de comunicación en torno a su figura, porque hay quien la considera la cumbre del romanticismo y hay quien señala que precisamente su gran originalidad residía en su “antirromanticismo”. Y hay quien dice que fue feminista y quien asegura que contribuyó a fijar los roles de la época. A estas dicotomías favorece su enfrentamiento real con las hermanas Brontë, románticas desacomplejadas y firmes defensoras de la independencia de la mujer.

Orgullo y prejuicio es junto a Sentido y sensibilidad la novela más conocida de Austen. Su frase de inicio es una de las citas más recordadas de la literatura universal, y sus dos protagonistas, Elizabeth y Darcy, dos de los personajes más revisitados desde su nacimiento, allá a principios del siglo XIX. Pero pongámonos en situación. ¿Quién es Elizabeth?

Elizabeth es una de las cinco hermanas Bennet que tras la muerte del padre y porque debido al mayorazgo es un primo el que se hace dueño de los bienes del difunto, se quedan prácticamente en la indigencia. Una indigencia muy maquillada. La madre lo tiene claro: hay que casar a las niñas con ricos para salir del bache. ¿Quién es Darcy? Darcy es el primo del señor Bingley, un rico casadero que llega al barrio y al que la madre de Elizabeth echa el ojo para Jane, la mayor de las hermanas. En un baile, Darcy hace un comentario ofensivo y superfluo en torno a la belleza de Elizabeth, que ella escucha.
A partir de ahí, la comedia está servida, porque Darcy caerá poco a poco rendido a la inteligencia de la joven y ella basará toda su estrategia en clavarle puñales llenos de ingenio.

Se dice que Jane Austen escribió este libro con quince años, aunque la versión que conocemos se publicó cuando ella tenía veinte. Utilizó seudónimo y se convirtió en best seller. En ella se reflejan todas las aristas que marcarían su obra. La campiña inglesa como escenario, los errores como errores y no como terremotos y el protagonismo de mujeres jóvenes y descerebradas que a lo largo de la historia maduran y alcanzan su cenit al final del libro.

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