Firma de Oscar M. Prieto
Fotografías de Foto de Rafa R. Palacio

Había dos manzanas, amarillas como dos soles, encima de una mesa. Las cogí. Entendí que las habían dejado para mí. No son tan usuales en el cosmos como pueda creerse sistemas de una sola estrella, estrellas solteras que llaman los astrónomos. La mayoría de los conjuntos planetarios cuentan con dos soles y, por esta causa, los planetas describen órbitas que trazan el símbolo del infinito o del ocho tumbado.

Salí de la casa por el postigo de atrás, atravesando el huerto. Como estaba amaneciendo y la luz, en lugar de iluminar, se entretenía todavía con caricias nocturnas, no pude ver que era lago y no camino donde me adentraba.

Al principio me preocupó por la respiración, pues había oído que los seres humanos no podemos respirar bajo el agua, aunque siempre me quedó la sospecha: si los peces podían… los peces que apenas tienen tres segundos de memoria… los humanos…

Y sí, sí se puede respirar bajo el agua. Tan emocionado estaba con este descubrimiento que pasé horas caminando por el fondo del lago, separando las algas. Cuando quise salir, el frío había convertido en hielo la superficie y quedé atrapado.

Allí he estado hasta ahora, hasta esta mañana en la que el sol ha conseguido abrir un pequeño agujero.

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