Firma de Oscar M. Prieto (http://oscarmprieto.com/)
Fotografía de Rafa R. Palacio

Cuando uno cae atrapado en una espiral, su tendencia natural es desandar el camino andado, curva tras curva, hasta construir una nueva espiral, en sentido inverso, simétrica y también viceversa, reflejo de la otra, tira para cazar moscas, al otro lado del espejo.

Conscientes de la tentación de desandar, de la humana inercia de volver atrás, aquí, en Patacosmia, se crearon en su momento –aquel otoño se dieron varios casos de espirales realmente enrevesadas y los métodos tradicionales se demostraron incapaces para neutralizar el anisaki– las Brigadas Borradoras de Caminos. El acceso profesional a estos cuerpos cívicos exigía de una elevada cualificación y quedaban automáticamente excluidos aquellos en quienes se sospechaba una vocación retrospectiva, por latente o intermitente que está fuera.

Su trabajo es limpio y sobre todo silencioso. Consiste en succionar aquellos caminos que invitan a retroceder y a los remordimientos. Por supuesto confiscan todos los retrovisores, que son ilegales aquí en Patacosmia, y envían a cursos de reeducación a quienes han caído en la manía de echar la vista atrás.

Así, quien se ve en el centro interior de una espiral –y no vamos a analizar ahora los motivos que le han llevado hasta allí y mucho menos a juzgarlos–, ante la ausencia de un hilo luminoso al que agarrarse o seguir –lo conocido–, no tiene otra opción que la de ponerse de nuevo en movimiento, ahora ya sin barandillas para no caerse, sin caminos para no perderse.
Me lo contó Palmer la última vez que le vi. Es mi primer amigo patacósmico.

Descifrar un sueño es desandar un laberinto. Cumplirlo es atravesarlo.

Lee Patacosmia en la primera página interior en el ExPERPENTO de diciembre 2014 – enero 2015:
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