Oscar M. Prieto http://www.oscarmprieto.com/
Fotografía de Rafa R. Palacio

En Patacosmia, no se hiberna en grutas oscuras, sino al aire libre, en los parques, y en lugar de en invierno, se hiberna en verano. Cuando uno decide hibernar, elige un espacio de césped bien cuidado y se echa sin más.

Como surgidos de la nada, aparece entonces un número suficiente de aspersores para el riego, formando en perímetro a su alrededor y, más por intuición que por programación, se van encendiendo y apagando con preciso azar, para mantener el frescor en todas las partes del cuerpo de quien hiberna y también en su corazón y en su mente. Porque hay que decir que no es por el calor por lo que se hiberna en Patacosmia, si no por vaciar la mente y los ojos de todo lo que han visto a lo largo del año. Al hibernar uno se alimenta de todas las vivencias, las gasta hasta quedar otra vez en los huesos del alma y estar ligeros para correr tras de la vida un año más.

Siempre conviene despertar al atardecer, cuando las plantas trepadoras aún no se han desenredado de los alambres que las sostienen y es más fácil salir del estado de hibernación limpio de restos de placenta de sueños. Recuperar algunas viejas preguntas y plantearse otras nuevas, pero siempre manteniendo cierto equilibrio entre lo que ya fue y lo que aún no ha sido: es así como el presente se mantiene a flote en mitad de ambos océanos.

Os contaría algunos trucos más que facilitan el tránsito postvacacional, pero acaba de llegar alguien y me pide por favor que le dibuje un cordero.

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