Firma de Oscar M. Prieto
Foto de Rafa R. Palacio

Los once se convocaron en el lugar de siempre, bajo aquella encina que se ve al fondo. En esta ocasión solo serían once, no habían avisado a uno de ellos puesto que se iba a hablar de él. El último en llegar, como siempre, fue Diciembre.

No tardaron en ponerse de acuerdo y todos votaron a favor. Abril ya había sufrido suficientes años por los versos del maledetto Elliot y debería dejar de ser el mes más cruel. No obstante nadie quiso asumir la enorme responsabilidad de sustituirlo en esa cualidad. Se despidieron y se fueron en grupillos o facciones. Llamó especialmente la atención la animada conversación que mantuvieron mientras caminaban Febrero y Julio.

Ahora, ya entrada la noche, un coche le deja frente a la puerta. Lleva traje oscuro, sombrero y gafas de sol. Nadie lo reconoce, se trata de Diciembre y llama a la puerta de Junio. Ambos son los poseedores de los solsticios y serán ellos quienes guíen al grupo a la hora de toma una decisión.
–Octubre –dice Diciembre.
–¿Octubre? –contesta Junio.

Octubre, siempre desapercibido, y sin embargo capaz de cometer el más terrible genocidio cada año.
–Octubre extermina sin piedad las hojas de los árboles.
–Está bien.

En ExPERPENTO abril/mayo 2016:

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