Texto de Oscar M. Prieto
Foto de Rafa R. Palacio

Me encuentro con Odiseo en una cafetería de los arrabales. Nunca lo había visto, pero lo reconozco al instante. Me acerco a su mesa y sin que yo diga nada me hace esta confesión. Se ve que llevaba milenios con ganas de contárselo a alguien:

“Ahora que ya han muerto todos a quienes esta información podía causar dolor, ya lo puedo confesar: no fueron los dioses, los culpables de mis retrasos y postergaciones, pero los dioses fueron una buena excusa.

En realidad yo nunca estuve preparado para regresar a Ítaca, después de las hecatómbes y de los excesos de los combates y de la guerra, yo no estaba preparado para volver al hogar, a ponerme el jersey que pacientemente había tejido para mí mi querida Penélope. Por eso inventé mi odisea y contraté a un ciego para que la cantara.

Ahora ya lo sabes. Ahora que Penélope ya ha muerto, regreso a la isla en la que Calipso me prometió la inmortalidad”.
Me miró, se levantó y se fue.

Lee patacosmia en el ExPERPENTO del verano 2015:

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