Texto de Raquel Carrillo

Jueves y viernes a las 22:00 en La Casa de la Portera

Aún recuerdo con precisión una obra de teatro que realmente me impactó, emitida en Estudio 1, en TVE, allá por 2001. Se trataba de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, de Fassbinder. Una Rosa María Sardá soberbia bordaba un papel lleno de matices y de claroscuros, el de Petra. Un personaje con una fuerza y una soberbia que debe ser un regalo para cualquier actriz. El texto y la historia tenían una fuerza descomunal. Cuando me enteré que actualmente la están representando en La Casa de la Portera, corrí a verla. Y me encontré, otra vez, con una maravilla escénica, compuesta por unas actrices que no sólo están a la altura de los difíciles personajes, sino que encarnan a la perfección los perfiles de mujer que aquí se retratan: la soberbia, la sumisa, la ambiciosa, la conformista.

Es Petra, con dirección y adaptación de Estefanía Cortés, una historia basada en las relaciones de poder existentes en las grandes pasiones, dominadas por el ego. Del sentimiento descontrolado de poseer al otro. Esos sentimientos abrasantes que se experimentan cuando se vive un amor loco, enfermo o exarcebado. De la locura cuando el otro te abandona. Del maltrato emocional al que tenemos al lado y nos quiere. Y sin embargo queremos al que nos humilla… Un análisis de la naturaleza humana de la que podríamos estar hablando durante horas y que aquí está sintetizada en toda su esencia.

Los personajes de Petra son mujeres. Fassbinder bien las sabía retratar. Pero en realidad, esta historia es mucho más universal que todo eso. También podrían haber sido hombres. Aunque con otros matices, la esencia hubiera sido la misma. Si bien, al ambientarse en los años 50, las mujeres adelantadas a su tiempo, como Petra Von Kant, tenían una fuerza, y a la vez un sufrimiento, que no se puede comparar a la condición masculina.

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La Casa de la Portera, que ofrece un espacio escénico diferente, en el que el público se va moviendo por diferentes estancias de la casa, le aporta una atmósfera claustrofóbica del que sin duda se ven beneficiadas obras como esta. Las actrices que encarnan los personajes principales, Esther Acebo y Elena Rey, son muy jóvenes. Sin embargo, tienen una sensibilidad al interpretar los recovecos emocionales de Petra y Catalina, que impactan y sorprenden. El personaje de la criada, Maria Elena, que no dice nada, pero que lo dice todo con su expresión, interpretado por Noemí Rodríguez, es el más misterioso. Triángulo mudo y observador de una historia de amor que se desmorona. Y los personajes de la madre, la hija, y la prima de Petra Von Kant, aunque más breves, aportan ese toque de frescura a la historia necesarios para tanto drama.

Mención especial al vestuario, la estética y la escenografía, que ambientan la historia y facilitan que el espectador se sumerja en una espiral de pasión y destrucción que te dejará el corazón en un puño. Porque como finalmente comprende Petra Von Kant, cuando toca fondo, para finalmente renacer: “he comprendido que amar no es poseer”.

Más información: www.lacasadelaportera.com