Entrevista de Elena Echave
Fotografías realizadas por Arturo Castellanos en el marco de su exposición Familia para O! Galería de Oporto, para la que realizó un mural en directo.

Fuego, circo, magia, naturaleza, marineros, indios, bicicletas y mucho color.

Nacer bajo un ambiente artístico y creativo proclive a ello, marca a cualquiera y se podría decir que fue el destino desde la cuna de Ricardo Cavolo. Hoy su nombre suena como uno de los ilustradores más potentes del panorama nacional e internacional. Su estilo urbano, inspirado en el tatuaje old school y lleno de simbolismo contemporáneo le abre puertas a agencias de publicidad, editoriales, artwork para bandas de música o principales marcas de ropa, entre otros.

¿Cuándo comenzaste a desmarcarte con un estilo propio y diferenciado?
No te das cuenta. Después de dos años la gente comenzó a identificar mis diseños. Si no eres presa de las modas, si tienes tu propia línea argumental, generas las mismas cosas, aunque las vayas alterando. Estudié Bellas Artes y mi padre ha pintado toda la vida… estaba entrenado en casi cualquier estilo. Al principio opté por un estilo naíf. Mi primera intención fue hacer ilustración infantil que tiene que ser sencilla, vistosa, de colores fuertes. Fui transformando eso.

¿Cómo fue ese cambio de la ilustración infantil a tu etapa actual?
Mantuve ese impacto visual con el añadido de contar historias más complejas, cargándolo cada vez de más detalles. Llevé algún proyecto más infantil a editoriales, pero no había manera de entrar. Sin un nombre es difícil que te metas. Tienes que demostrar que eres trabajador y profesional, pero los comienzos son duros. Mientras tanto trabajaba en una agencia de publicidad y vi que eso no era muy fructífero. Y comencé a hacer cosas que me pedía el cuerpo. A partir de ahí fui como adulterando mi trabajo.

¿Qué sentido tiene el simbolismo imperante en tu trabajo?
A mí me hubiera gustado ser escritor y en el simbolismo la idea es que haya narraciones dentro de las ilustraciones. Me hubiera encantado escribir bien, pero lo veo muy complicado. Sin embargo sí que se me puede dar bien contar historias. Para mí el simbolismo es un valor añadido. La idea es que no solo sea un dibujo que impacte gráficamente, sino que además, después de treinta segundos consigas leer algo que te están contando, distinguir un planteamiento, un nudo y un desenlace.

¿Cómo vas construyendo ese mundo alegórico de narraciones?
Yo era hijo único, poco sociable y me aburría como una ostra. Si quieres ser mínimamente feliz, te obligas a generar un mundo interno. Crear historias es una de las pocas cosas de las que me siento capaz. Llevo toda la vida haciéndolo. Con los playmobil me inventaba historias de una semana. También mis padres me pincharon con la lectura. Mis pensamientos le deben mucho a lo que he leído a lo largo de mi vida.

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¿Qué es para ti el arte outsider?
El 90% del outsider original tiene problemas mentales y no entra en el mercado. Lo utiliza como terapia. Alguna gente ha dicho que eso es maravilloso y se ha llevado a las galerías. Luego hay una corriente outsider que se basa en hacer las cosas de una manera no tan generalizada. El clásico freak, el que quiere hacer algo a su manera, sea aceptado o no por el resto de la gente. Esa es un poco la manera outsider, hacerlo no de una forma contestataria, sino pasando del llamado arte oficial.

¿Te sigues inspirando en la literatura o te sirves más de otros canales?
Ahora ya no tanto, busco mucho por Internet. Miro mucho Tumblr, mucho trabajo de otra gente, mucha pintura y arte actual. También me sirve el arte ya definido, de ahí saco cosas que a lo mejor no tienen nada que ver con el meta-arte. Por ejemplo, veo arte griego y de las mitologías extraigo aspectos que luego uso.

¿Plasmas ideas por escrito o de tu cabeza van al papel en forma de dibujos?
Nunca escribo nada, pero no es automático. Siempre pienso primero qué es lo que quiero contar. No empiezo a dibujar y a partir de ahí salen las cosas. Pero ni siquiera tengo cuadernos. Me aburro rápido y necesito que sea inmediato. Si gasto tiempo en tomar unos apuntes, pierdo el hilo. Simplemente voy directo a ello y si me confundo borro.

¿Qué haces con los bocetos?
Cuando llego al papel tengo bastante claro lo que quiero hacer, entonces, si borro algo es porque hay algo concreto que ha funcionado. Tiro los bocetos cuando son trabajos para empresas y si son encargos de gente particular, se los ofrezco, ya que pueden tener un valor interesante. Lo que no me gusta es tener basura en casa acumulada.

Tu línea estilística está de moda pero, ¿te adaptarías a otra tendencia?
Esto es algo que me he llegado a plantear y creo que si quieres que esto sea una carrera de fondo tienes que pasar de temporalidades. Es decir, mi cronología de dibujante o ilustrador parte de cuando me puse en serio a los 25 y terminará a los 95 que es lo que espero vivir. Juegas a las modas alguna vez, porque también gusta. Pero si un día lo que hago ya no está de moda, espero que sea después de que yo me haya cansado y haya comenzado a dar pasos con mi estilo hacia otra dirección.

En este momento en España la ilustración está en un primer plano…
Por fin. Hasta hace muy poco ni siquiera se consideraba un arte menor, era como una artesanía. Desde hace unos cuatro o cinco años tiene el peso que se merece. Hay mucha gente haciendo cosas interesantísimas y es muy emocionante, porque como es un terreno que se ha conocido poco; hay un mundo por descubrir todavía.

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