Texto de BiPaul

Russian red tuvo la fortuna y la mala suerte de convertirse en la gran esperanza indie. Y pasó lo de siempre: al tiempo que salían fans como setas surgían voces críticas… a veces incluso venenosas.

Nunca he comprendido la pasión que ponen algunos en criticar. Si un artista no me agrada, no lo escucho. Para gustos los colores y hay pastel para todos. De Russian Red se han dicho muchas cosas: que si se la van los agudos, que si es un coñazo, que si se pasa de sosa, que si su pronunciación es un asco. Y que más da, si para muchos esos los defectos se convierten en sello.

Es probable que Fuerteventura haya decepcionado a los incondicionales de I love your glasses. Si bien introduce «Nick Drake» y «A Hat» en la línea de aquel, también es verdad que los anteriores resultaban más redondos. A cambio, nos lanza una serie de canciones que son una vuelta de tuerca más en su evolución, como «The Sun The Threes» o «Everyday Everynight».

Sin ser un adicto, considero que Russian Red es atemporal y elegante. En su carrera se ha sabido rodear de grandes profesionales, como es el caso de Manuel Cabezali de Havalina o en este disco de Tony Doogan. No tengo ni idea de si el piano de «Braver Soldier» o las guitarras de «Tarantino» son fruto de su sapiencia o de los consejos de buena gente. La realidad es que al final es ella quien defenderá su disco –a priori, de complicado directo– y quien se chupará un veranito de los de no posar la toalla (y al tiempo, hasta su palidez recibirá críticas).

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