Texto de Covadonga Carrasco
Fotografía de la cabecera: “El Reino” cortesía de Atresmedia.

No imaginaba (o quizá sí) Sorogoyen, a principios del 2018 en la Gala de los Goya, cuando recogía el premio al mejor cortometraje de ficción por Madre, que casi un año después, recibiría otra agradable sorpresa, la nominación a los Oscars por el mismo trabajo.

Parece que a lo largo de los últimos meses a Rodrigo Sorogoyen le han tocado con una varita y todo lo que crea, se convierte en oro. No es casualidad, es talento —no se nos puede olvidar que es el director de Stockholm o de Que Dios nos perdone, otras dos joyitas—, simplemente que en esta ocasión, tanto El Reino —seguramente la apuesta más arriesgada del cine español a la hora de tocar determinados temas de actualidad, política y corrupción— como Madre, han coincidido en el tiempo para saborearlas con mucho gusto.

Pero vayamos por partes, si no has visto ninguno de sus dos trabajos, ya te adelantamos que puedes ir preparando las palomitas y la manta, porque te vas a quedar pegado.

El orden de factores no altera el producto, pero lo que sí te recomendamos es que empieces por El Reino que solo te pondrá de mala leche y dejes para el final Madre porque el corto sí que te va a dejar con “las patitas colgando”.

En el caso de Madre, la sensación de angustia y el desasosiego, con tan solo una llamada de teléfono es tal, que parece que estamos observando la escena desde la misma habitación en la que se produce la acción con las manos tapándonos la boca y un gesto de pánico.


Marta Nieto está soberbia, sin más. Y si por norma general un buen corto te deja con las ganas de que, por arte de magia, se convierta en un largo, en el caso de Madre ya nos adelantaron tanto Nieto como Sorogoyen al recoger el Goya, que tenía toda la pinta de que iba a convertirse en peli. Arrancando las hojas del calendario, esperando el estreno estamos.

No vamos a decir nada más porque simplemente hay que verlo, no nos extraña que los americanos alucinen, Madre es un thriller de verdad —aunque dure menos de 20 minutos—.

En cuanto a El Reino poco podemos añadir a lo que se ha dicho ya: personajes perfectamente reconocibles en políticos que estamos hartos de ver en telediarios, periodistas incisivos que también conocemos bien, pero, sobre todo, la manera en la que determinados políticos y empresarios creen estar por encima del bien y del mal hasta que el chiringuito se les cae y encima se indignan…

Una pasada de película que va aumentando los niveles de indignación y mala leche del espectador porque se imagina que, todo lo que está viendo, son situaciones que poco tienen que ver con la ficción y mucho con los millones que algunos se han metido en el bolsillo con el esfuerzo del trabajo de otros.

Y es que El Reino es una película necesaria, no tanto porque nos cuente algo que todos sabemos que ha sucedido, sino porque veamos la poquita vergüenza con la que se ha llevado a cabo.