Texto de R. Muñoz
160 páginas. Austral Singular. 10,95 €.
Más información: https://www.planetadelibros.com/libro-una-habitacion-propia/118839

Para entender lo que supone la figura de Virginia Woolf en la cultura universal, hay dos películas clave. La primera ¿Quién teme a Virginia Woolf?, que le valió el Oscar a una desgarrada Elizabeth Taylor y la segunda Las horas, con el mismo resultado para Nicole Kidman. En las dos se desgranan las grandes aristas que la británica marcaba en Una habitación propia con respecto a la figura de la mujer, tanto en el ámbito privado como en el público.

El propio título nos da una medida de las consignas que recoge este ensayo, fruto de una serie de conferencias que Virgina Woolf pronunció en 1928 en universidades femeninas. Cuando lo publicó, la autora tenía cuarenta y seis años y solo hacía nueve que se había logrado el sufragio femenino en su país. Por tanto, este texto, conciso y esclarecedor, venía a reflejar toda la reflexión vital de una mujer que se sabía con capacidad de influir en la mentalidad de sus contemporáneas. Cuando fue invitada a pronunciar las conferencias que conforman el cuerpo de Una habitación propia ya era una voz imprescindible gracias a novelas como La señora Dalloway y Al faro.

Decíamos que el título es de por sí una declaración de principios. Una mujer para escribir, y para realizarse, necesita una habitación propia, es decir, necesita independencia. Y la única vía para conseguirla es su educación. Escribimos en presente porque esa premisa es tan vigente ahora como lo fue entonces. Para marcar el carácter profesional de la obra, y seguramente para alejar demonios de su publicación, Virginia Woolf estudia el papel de las mujeres en la literatura, y como no, menciona a las hermanas Brontë y de Jane Austen entre otras tantas. Analiza la necesidad de entenderse como una persona autónoma para derrumbar barreras, e incluso en cuestiones más específicas como el lesbianismo, aboga por un reflejo exento del morbo o de lo pecaminoso. Con inteligencia e ironÌa plantea la cuestión desde la perspectiva de la enajenación de la mujer.

Virginia Woolf era feminista y entendía el feminismo como única vía para el desarrollo de una sociedad justa. Sorprende cómo cada una de sus palabras se adaptan como un guante a nuestro tiempo. Quizás fue ella la que sin saberlo, marcó las líneas de lo que hoy llamamos sorodidad.

La sección de libros en el ExPERPENTO de Diciembre 2017 – Enero 2018:

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