Texto de Amaya Asiain

En España hay más de 7.000 kilómetros de vías de tren en desuso. Algunos de estos tramos fueron transitados y, después, abandonados; otros nunca vieron un tren, quizá porque los planes para que llegara el ferrocarril fracasaron antes de tiempo o porque llegó una forma más supuestamente rentable de comunicación.

Son muchos kilómetros para que se queden sólo en recuerdos de un pasado de vapor. Por este motivo, en 1993 la Fundación de los Ferrocarriles Españoles impulsó una solución que ya se aplicaba en Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá: la adaptación de estas vías para peatones, ciclistas o jinetes (y para bolsillos poco abultados).

Las Vías Verdes

Los tramos ferroviarios adaptados dejan de ser vías de tren y se transforman en la opción más universal de ocio al aire libre: las Vías Verdes. Después de doce años de trabajo ya hay en España más de 1.300 kilómetros reconvertidos para uso y disfrute de cualquier curioso que quiera emular una vieja máquina de vapor.

Porque ese intrépido aventurero recorrerá los mismos viaductos, túneles y curvas que el antiguo tren y disfrutará también de las mismas condiciones de todo ferrocarril: un firme en buen estado y la ausencia de cuestas. Túneles y viaductos para los líricos, ausencia de cuestas y buen firme para los prácticos.

Y es que las Vías Verdes tienen opciones para todos. Las mismas condiciones de la vía consiguen que sea transitable por cualquiera: desde ciclistas, jinetes o caminantes en buena forma hasta gente con movilidad reducida. Ancianos, niños o personas en sillas de rueda pueden recorrer los tramos acondicionados sin esfuerzo, disfrutando de los paisajes más variados de la península.

Prueba de que son de verdad accesibles para todos es que también se acuerdan de los bolsillos menos favorecidos. Por supuesto, transitar por una Vía Verde es gratis. La longitud de las rutas puede oscilar entre los 7 kilómetros (VV de la Safor) o los 54 de la Vía Verde del Carrilet. Tú eliges cómo quieres recorrerla y tú dosificas el esfuerzo y la forma de pasar la noche, comer, o plantear la ruta.

Y lo mejor: tú eliges dónde. Hay rutas que te acercan al vino (VV del Rio Oja), a los dinosaurios (VV del Cidacos), a las playas de la Costa Brava (VV de Girona-Costa Brava), las que te llevan hasta las osas asturianas Paca y Tola (VV del Oso) o te presentan a nuestros antepasados de Atapuerca (VV de la Sierra de la Demanda). Otras te explican dichos como el de “el tren de Arganda, que pita más que anda”, el ferrocarril que unía Madrid, desde la antigua estación del Retiro, hasta Alocén (Guadalajara), y que en 1953 dejó en tierra para siempre a los viajeros (VV del Tajuña).

Hay más historias en los raíles de las vías verdes. Como las que contaban los ingleses que llegaron a la zona onubense de Riotinto (VV de los Molinos del Agua) para explotar las minas y que abandonaron España después de la guerra o las que nunca se contaron los viajeros que hubieran ido de Jerez de la Frontera a Almargen, si se hubiera terminado de construir el ferrocarril (VV de la Sierra).

Antes de que subas a este tren es mejor que te informes sobre cómo va a ser el viaje, para que no te pases de estación. Ten en cuenta el sitio donde vas y la época del año, porque el calor subido a una bici puede hacer que no disfrutes nada de la travesía. Entérate también de si hay agua por el camino. Y si tienes problemas de movilidad es mejor que consultes cuáles son exactamente los tramos mejor acondicionados.

Para saber todo esto tienes dos formas: la página web de Vías Verdes, que te ofrece la posibilidad de hacer recorridos “virtuales” (www.viasverdes.com) y las Guías de Vías Verdes (Volumen 1 y 2) editadas por Anaya.

Tienes todo un verano por delante para disfrutar. ¡Buen viaje!.