Texto de Eduardo Durán

1. «Con mi película quiero hacer una carta de amor a Barcelona» (Woody Allen una semana antes de empezar a rodar.) Pues honestamente, Woody, no te ha salido. Una carta de amor, para empezar, supone enaltecer a alguien o a algo como único, y un publirreportaje con una serie de puntos turísticos rodados media-namente bien, tiene poco o nada de exclusivo. Para terminar, las cartas de amor han de ser, sobre todo, emocionantes, y no una sarta de lugares comunes acerca de una ciudad y de esa cosa que tanto nos preocupa como nos distrae llamada «relaciones sentimentales».

2. «No tengo derecho a meterme donde no me llaman, pero alguien debería decirle a mi adorado Woody Allen que el título de su película «española» no significa nada en español. Según mi humilde criterio no es un buen o mal título, es un no-título.» (Pedro Almodóvar en su blog, 14 de Abril de 2008) Cierto, querido Pedro, que parece el balbuceo de un crío que enlaza unas cuantas palabras tan porquesí como tan porqueno. Perfectamente podría tener otro nombre más sensato que llamarse «Kimberly Loli Ávila» si el gobierno castellanoleonés hubiera abierto sus arcas al genio neoyorkino.

3. «Me divertí cuando leí el guión, pero mientras estuve preparando mi personaje y hasta que vi la película meses después, en Cannes, sentí que estaba haciendo un drama.» (Penélope Cruz) Toda la crítica ha destacado la irrupción de la niña de Alcobendas como un salvavidas en mitad de la película. Penélope Cruz entra en la cinta como un elefante en una cacharrería, destrozándolo todo y sacándonos a nosotros, míseros espectadores, del tedio en el que estamos inmersos.

4. «Los españoles que piensan que me he vendido son estúpidos» (Javier Bardem en un momento del que aún se debe estar arrepintiendo.) Un poco puede que sí, Javier, pero son sobre todo envidiosos, que es algo que se practica mucho en este país de críticos taurinos en el que casi nadie se atreve a ser torero. No te perdonan lo del Oscar, que en la película de Allen salgas más guapo que nunca defendiendo el que probablemente sea su peor guión, y que tengas entre tus sábanas a quienes muchos sólo pueden alimentar en sus fantasías. Fijo que esos españoles que necesitan la desgracia ajena a la hora de la sobremesa para sentirse un poquito menos miserables, le habrían dicho que no al Oscar, a Woody y a Pé.

5. «La película de Allen […] se acerca a las películas españolas de jóvenes casaderas unidas por su oficio, en este caso el del arte. Lo afirmo estando casi seguro de que Allen no ha visto los modelos de cine de barrio que, sin saberlo, imita: Las chicas de la Cruz Roja, Muchachas de azul o El día de los enamorados.» (Vicente Molina-Foix en el artículo «Woody Allen, ese catalán» publicado el 25 de Septiembre de 2008 en «El País».) Y es que en esto pensaba yo basar este texto, pero ya se me adelantó alguien y además con estupenda puntería. Lo que yo quería, y ya dijeron muchos, era hablar sobre la españolada que Woody perpetra; sobre el «quiero pero no quiero» de Allen (no existe el «quiero y no puedo» cuando se ha disfrutado antes con tanto talento); sobre este anuncio de hora y media en el que hay un guitarrista en cada restaurante y en el que todos los españoles derrochan pasión y buen comer; sobre la desazón que se nos queda en el paladar cuando un amante que tiempo atrás nos escribía hermosas cartas de amor, ahora cumple con el expediente mandándonos sólo un SMS.