Las Comunas de Pelayo Muñiz


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Entrevista de Reyes Muñoz
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La Comuna no es un curso, ni un taller, ni una escuela de interpretación al uso. Es un laboratorio vivo que Pelayo Muñiz ha construido desde la horizontalidad y el deseo de quitarle presión, solemnidad y ego al acto creativo.

Tras tres años de recorrido con La Comuna de los lunes, nace ahora La Comuna de los viernes, un nuevo espacio en Malasaña pensado para actrices y actores —profesionales o amateurs con experiencia— que quieran investigar, encarnar, ensayar castings, atravesar escenas y probar lo que funciona y lo que no, sin miedo al error y sin urgencia de llegar a un resultado. En esta conversación, Pelayo reivindica el trabajo colectivo, la mezcla de roles, la escucha y el simple pero inmenso logro de estar donde uno quiere estar.

Mira el pódcast de la entrevista:

He visto que eres profe en el Centro de Directores de Escena y en alguna institución más. ¿Montas La Comuna para revolverte contra las fórmulas de enseñanza convencionales o partes de ahí para La Comuna?

Pues fíjate, yo creo que las dos cosas, ¿sabes? Porque La Comuna nació hace ya tres años en el Centro de Directores de Escena, pero la idea sí que fue hacer un espacio muy horizontal. Mi idea era: «no voy a contarle a nadie lo que tiene que hacer». Yo cuento mi experiencia y cosas que sé que pueden funcionar, pero me interesa también mucho que se prueben cosas que yo no sé si van a funcionar. Y ahora es un espacio muy horizontal, donde todo el mundo colabora, es un espacio muy grupal, en el sentido de que es obligatorio dejar el ego en la puerta, dejar fuera esta cosa de «yo, yo, yo y mi proyecto y yo». Aquí hay un montón de gente que podemos ayudar, que vamos a colaborar contigo, vamos a probar cosas y muchas, probablemente, no funcionarán… Me parece que es un proceso muy enriquecedor para todo el mundo, yo incluido.

Es enseñar y aprender.

Sí, todos y todas enseñan, todos y todas aprendemos, sí. Porque sí que es verdad que tenemos un poco de pudor y nos da mucha cosa poner en valor lo que sabemos. Pero si te dan el espacio para hacerlo… hostia, todos y todas sabemos mogollón de cosas, y vivimos mogollón de cosas, y hemos vivido mogollón de cosas. Compartir todo eso es muy guay.

¿Y qué personas se interesan? Profesionales, aficionadas, personas que pueden aplicar su aprendizaje a su vida profesional fuera del teatro…

De momento hay dos comunas fundamentales. Está La Comuna de creación, que es los lunes, que ahí el perfil más habitual suele ser de intérpretes que tienen experiencia, son profesionales o amateurs, pero con experiencia, personas que tienen muchas ganas de dar el paso a generar proyectos propios, ¿vale? Esa es La Comuna de creación: escribimos, dirigimos, interpretamos, hay una muestra al final… Luego está esta nueva comuna que pretende ser un laboratorio de interpretación: pensado para intérpretes, profesionales o amateurs con experiencia y ahí lo que trabajamos es la interpretación. Quiero que sea un espacio en el que el propio grupo pida y genere. Tengo cosas que quiero ver, pero también me gustaría mucho que fuera un espacio donde la gente diga, «Oye, yo necesito en este momento esto». Pues venga, a por ello, vamos con ello todos y todas a ayudarte.

«Somos un grupo, nos ayudamos, nos apoyamos y estamos aquí».

¿Ahondamos en la nueva comuna?

El laboratorio de interpretación empieza en enero, los viernes, de diez a una, en Malasaña. Tiene alguna característica importante para mí. Es realmente un laboratorio, o sea, que vamos a probar cosas. Ahí no va a haber certezas, vamos a probar, a investigar, incluso a traernos dinámicas y cosas que no tengan que ver con la interpretación. Queremos ver qué sale. Me gustaría mucho que la gente pueda sacar provecho. Aunque la idea inicial es trabajar con escenas, si alguien tiene un casting, tiene que mandar un self-tape, tiene una escena en algo que está montando que no está funcionando, que se lo traiga al laboratorio y también entre todos y todas ayudaremos. La Comuna se llama la comuna por algo, ahí el trabajo es colectivo y estamos todos y todas para ayudarnos y para dar diferentes versiones y visiones de las cosas. Y es un trabajo muy horizontal, o sea, yo estoy allí como facilitador o como cabeza visible, pero soy una más. Así que yo creo que es un espacio diferente, creativo y guay.

O sea que llamar al espacio La Comuna lleva implícito un mensaje claro, ¿no?

Sí, me interesa mucho La Comuna no como solamente un nombre, sino como una realidad. Somos un grupo, nos ayudamos, nos apoyamos y estamos aquí.

«Evidentemente tú a La Comuna vienes a hacer tu proyecto, pero tienes que trabajar, colaborar y ayudar a tu compi, a tus compis para su proyecto. Eso es lo más guay».

Estamos hablando de una propuesta casi, casi antisistema en esta atmósfera individualista, de crear una marca personal, ¿no? Demuestras lo grato que es sentirse parte de algo, trabajar en proyectos en los que se comparten riesgos y virtudes…

Totalmente. Si algo sale bien, sale bien para todas y todos y si algo sale mal, no hay culpas… De hecho, por ejemplo, en La Comuna de creación, la que tenemos los lunes, que ya sé cómo funciona, la condición indispensable es que formemos parte de los proyectos de los y las compis. Evidentemente no a punta de pistola, sino en la medida de las posibilidades de cada comunero y comunera. Evidentemente tú a La Comuna vienes a hacer tu proyecto, pero tienes que trabajar, colaborar y ayudar a tu compi, a tus compis para su proyecto. Eso es lo más guay. En la muestra que hacemos al final, todos y todas estamos en todas las obras: estamos ayudando, escribiendo, dirigiendo, interpretando… y lo que sucede es que haces tu proyecto, pero ya no es tu proyecto, es un trabajo común. Eso me parece muy guay por lo que tú dices, por intentar quitarnos esta cosa de «yo y mi proyecto». La reflexión debe ser: «mi proyecto, como proyecto, da igual. Mi proyecto, ahora, es el de todos y todas y yo estoy en los otros proyectos».

¿Ya ha salido algo de La Comuna de los lunes?

Claro, llevamos ya tres años y el primer año, de hecho, se hicieron tantas cosas que cambiamos un poco el formato. Hicimos el doble, o sea, una comuna hasta febrero y luego una hasta junio. Eso fue mortal de necesidad. En seis meses, generar cinco piezas, ensayarlas, crearlas… Decidimos que lo mejor era montar un laboratorio y, en junio, hacer la muestra. El año pasado hicimos la muestra en Lagrada. Fueron dos días y nueve piezas de media hora aproximadamente. Ahora vamos a intentar llevar toda esa energía a La Comuna de los viernes, la de interpretación.

Mi pregunta iba más dirigida a saber si alguna de las ideas ha brotado y se ha convertido en una producción…

Mira, pues por ejemplo, el año pasado sí que varias piezas, creo que fueron tres o cuatro, estuvieron en dos muestras de teatro breve, en La Usina y en Tarambana. El año pasado, una de las piezas que en realidad se había escrito como una obra al uso, de hora y media, en la muestra no se hizo la pieza entera sino un extracto, pero más tarde sí se estrenó entera en Lagrada. Y ahora mismo se están moviendo para estar en gira y estar en otros espacios. O sea que sí, que luego también intentamos ayudar y apoyar en la medida de lo posible para que precisamente la muestra no se quede ahí. Y lo más habitual es que ese trabajo sirva como una carta de presentación. Grabamos la muestra, hacemos tráilers para que cada uno tenga su pieza, ¿sabes? Así que cuando quieren moverlo, ya tienen un material audiovisual profesional.

La diferencia, entiendo, es que en la de los viernes, la energía se centra en la pura interpretación, porque en la de los lunes, se dirige, se actúa, se escribe…

Eso es, queremos que sea un laboratorio para actores y actrices: para probar, apoyarnos, que la gente pueda utilizar La Comuna también para salirnos de esta cosa del «yo puedo», «yo y mis cosas», «yo y mis proyectos» hacia el «vamos a ayudarnos y apoyarnos».

Tengo la impresión de que se habla muchísimo del work in progress y se confunde con un «muy interesante lo que dices, pero seguimos con el plan». En La Comuna partís de una propuesta de escribir, actuar y dirigir como parte del proceso. Me parece importantísimo sobre todo para empatizar con los diferentes roles. Me pregunto siempre qué pasa si no hay acuerdo. ¿Puede ser paralizante?

En La Comuna de los lunes trabajamos como tú dices y de la crisis salen cosas y luego se llega al consenso. Es que sí, el trabajo es en grupo, pero luego, la persona que dirige es quien toma la decisión final, ¿sabes? No salen las ideas a votación, para que me entiendas, y me parece un proceso muy creativo, muy enriquecedor. Nos suele pasar que siempre llegamos con nuestra idea pensando que es lo más. Si las pones en grupo, hay peros: «Oye, está muy guay, pero ¿por qué no lo hacemos tal?», «¿Por qué no le das una vuelta?». Pues a veces, de esos peros, de esa vuelta, salen cosas que tú no tenías en la cabeza, pero que enriquecen mucho la idea original. Me parece muy rico y casi sanador, ¿no? Se pierde esta cosa de lo mío y es lo nuestro.

«No dejes de proponer; es decir, tú propón, ya te comprarán la idea o no te la comprarán, pero tú propón».

Entrevisto a muchísimas personas que se dedican la cultura. Me doy cuenta de que en música, a los solistas les cuesta la vida defender su trabajo por esa cosa de la modestia, no pueden echar flores a su trabajo.

Y cuando hay críticas y trabajas en grupo, también se diluyen. Hay un sentimiento de colectividad, rollo «esto es nuestro y si algo sale mal, no pasa nada, no te voy a responsabilizar a ti». Porque estamos en una cosa muy competitiva todo el tiempo, ¿no? De tener que demostrar todo el tiempo cosas, y en La Comuna es «bueno, vamos a relajarnos un poco, ¿no?».

La Comuna de los viernes nace de la de los lunes, supongo, de todo esto que estamos hablando, ¿no?

Sí. La de los lunes está más abierta a otro tipo de perfiles como el de director, como gente que dirija o que escriba, aunque sí que es cierto que una misión indispensable es escribir, dirigir y actuar, no puedes quedarte con solamente una función o un rol. Es un todo o nada. Los lunes sale de la experiencia de los viernes, porque ahí he visto que los intérpretes estamos acostumbrados a que nos digan qué hacer, y entramos en esa dinámica de «dime qué y yo lo hago». En La Comuna les decimos: «no, hombre, no, tú eres un ser creativo, tu parte creativa es fundamental en el proceso. No dejes de proponer; es decir, tú propón, ya te comprarán la idea o no te la comprarán, pero tú propón». A partir de ahí, como intérprete, tienes que hacer un trabajo de investigación, tienes que probar cosas. Luego habrá una persona que dirige que te validará o no, y no pasa nada si no te lo valida. Pienso que eso es lo divertido de la interpretación y no te lo puedes perder.

La Comuna de los viernes va por ese camino. Es un espacio seguro, vamos a probar mogollón de cosas muy diferentes y vamos a probar las que tú propones. Luego ya veremos lo que cuadra, lo que no cuadra, lo que encaja, lo que no. Te vas a dar cuenta si encaja o no, pero vamos a pasarlo bien, vamos a salir de lo que sabemos que sabemos hacer, vamos a ponernos a prueba.

«No tienes que estar pensando sobre quién es el personaje, sino que de repente está en ti».

Entonces, ¿cómo son las clases? ¿Es un temario o la cosa surge en las sesiones?

No, nada de temario, quita, quita. No, no. Funcionaremos por trimestres, más que nada por tener un compromiso grupal. Cada trimestre sí que hay una base que es con la que yo trabajo, que pasa fundamentalmente por el tema de la creatividad y sobre todo del cuerpo, que para mí es fundamental hasta para escribir.

Al principio trabajamos con esa base para que nos vayamos acostumbrando a la dinámica de trabajo y, a partir de ahí, vamos a empezar a probar cosas que incluso no tienen nada que ver con la interpretación: hay dinámicas y técnicas de desarrollo personal que se pueden aplicar al personaje. Son brutales, no se aplican al actor o la actriz, sino al personaje. De ahí salen mogollón de cosas, que son como de «hostia, pues aquí hay algo de lo que tirar».

He leído alguna publicación tuya y dices algo así como «olvídate de sentir, prepárate para encarnar». Me suena al espíritu encarnado… ¡Qué místico!

Bueno, para mí el teatro tiene una cosa un poco mística, pero en plan bien. Creo que está muy vinculado a lo que acabas de decir tú del espíritu encarnado, incluso al tema de desarrollo personal. Tenemos súper olvidado el cuerpo y es flipante en el tema de interpretación o creatividad. Yo lo utilizo desde hace mucho en La Comuna de los lunes. Trabajamos desde el cuerpo muchas veces, te saca mucho de la cabeza y llega un punto en el que puedes llegar a encontrar cosas del personaje que están tan vinculadas contigo, aunque sea a nivel inconsciente y de cuerpo.

O sea, flipas, te puedes dejar llevar. No tienes que estar pensando sobre quién es el personaje, sino que de repente está en ti. Puedes entender eso y empezar a reaccionar desde ese cuerpo que no es el tuyo, es el del personaje. Se lo cedes al personaje. Hay una cosa en todo eso que a mí me interesa muchísimo. A veces se generan cosas muy muy muy muy guays, trabajando desde el cuerpo.

Un exorcismo al revés, ¿no?

Un exorcismo pero bien, como que entras tú en el personaje. Y sin demonios. Es que en realidad los personajes están todos en ti. Es esta cosa de quitar las capas que no le corresponden hasta que llegas a ese personaje, que aunque te parezca super alejado de ti, está en ti.

No sé si esta propuesta enlaza algo con tu experiencia con Boreal. No hablo tanto de tu rol como director de la peli, sino del propio guion y de cosas que se dicen ahí.

Fíjate, que me estoy hasta respingando un poco. Pues no lo había pensado nunca, pero sí, fíjate, nunca lo había pensado, pero sí. Yo recuerdo desde pequeño, desde guaje, tener una cosa ahí con el doble, con las versiones de ti mismo. Siempre me llamó muchísimo la atención… y creo que interpretar es un poco eso, es como convertirte durante un periodo de tiempo en una versión de ti, que no eres tú, pero es una versión de ti, porque está dentro de ti. ¿Sabes? ¡Me parece muy guay esa lectura! ¡Te lo juro!

Un laboratorio según la RAE es un lugar para realizar investigaciones, experimentos y trabajos de carácter científico y técnico. Al final el teatro es ciencia y técnica también…

Sí, y aparte a mí me interesa mucho lo que acabas de decir de «para hacer investigaciones». En La Comuna no hay certezas. Podemos intuir, puedo intuir cosas que funcionan, o que dejan de funcionar. En realidad no vamos a buscar esas, vamos a buscar las que te funcionan a ti, que igual no tienen nada que ver con las que me funcionan a mí. Vamos a probar y mezclar cosas aunque no tengan nada que ver con la interpretación. Tengo la experiencia de los lunes: cojo cosas de dramaturgia y me las llevo a la interpretación o a la inversa. Tenemos en la cabeza cómo se hacen las cosas, nos dicen que hay que hacer A, B y C y a lo mejor no tiene por qué ser así. E igual salen cosas muy chulas y muy potentes, y muy inesperadas… como de ¡hostia! O igual no sale nada. Es un laboratorio, así que vamos a probarlo, ¿por qué no?

«Como mi propuesta sí que creo que es diferente, en realidad yo no compito. Yo propongo otra cosa».

Estamos hablando de las industrias culturales independientes, y ahí hay que inventar la pólvora, porque hay que vivir. No puedes hacer otra escuela de teatro, ¿no?

¿Sabes? No creo que esté inventando nada, me sale así. Es la manera en la que yo quiero aprender y enseñar teatro. Es verdad que Madrid es una ciudad súper petada de escuelas de teatro, de métodos, de no sé qué, pero al final todo desemboca en lo mismo. Sin embargo, esta propuesta no es work in progress tradicional, sino es mucho más, porque el work in progress nos mete en la idea de que se trabaja así y así. Aquí es justo al revés.

La Comuna que está asentada es la de creación. Yo tengo un límite de comuneros y comuneras de doce. Yo tampoco quiero tener grupos que no pueda gestionar y que no sean útiles para los compis. Para mí el número límite es doce y de ahí no se pasa. Si se apuntan más, hago una lista de espera. Y luego los viernes, como es nueva la propuesta, pues está costando. También por lo que dices. A raíz de La Comuna, me puse a seguir a gente, a ver cosas, ver escuelas… me sale tanta publicidad… Yo no entiendo que Madrid no esté todo el mundo haciendo teatro con la cantidad de oferta que hay. Es loca la cantidad de escuelas, talleres, intensivos…

Como mi propuesta sí que creo que es diferente, en realidad yo no compito. Yo propongo otra cosa. Al le interese, bienvenido o bienvenida. También entiendo que probablemente es una propuesta que no interese a todo el mundo. La peña va mucho al resultado, al dime qué tengo que hacer para salir en la tele, que es muy lícito, que es maravilloso, pero no es nuestro punto de partida. La Comuna es otra cosa, que también puede servir para salir para salir en la tele, evidentemente, pero el objetivo no es ese.

Hay detrás algo de tejer redes de comuneras y comuneros, ¿no?

Claro. Es un poco la idea, que seamos un poquito red, ¿no? Este año yo quería en Navidad hacer una comida con todos los comuneros, comuneras y las diferentes ediciones. Sí que es cierto que La Comuna siempre está abierta a que comuneros y comuneras del pasado vengan a hacer una visita, o a que la gente diga, «Oye, quiero ver lo que hacéis». Quiero que sea un espacio vivo y abierto. Y muchas veces, por una cuestión práctica los comuneros y comuneras de ediciones anteriores forman parte de los elencos de comunas posteriores.

«Creo que el éxito es poder dedicarte a lo que te gusta, sin egos y sin demasiadas ansiedades…»

La red también se generará por el tema de la representación, de las lecturas y demás, en las que, como me decías, trabajáis a una. Yo creo que si esa representación, todo se quedaría en algo yermo, ¿no?

Total. La idea es que a partir de enero, de las Navidades, la gente empiece ya a darle vueltas a la idea o ideas que quiere desarrollar de cara a la muestra que es un subidón máximo. Son dos días… que luego parece que nos dieron un palizón inmenso, pero salimos de allí con una cara de felicidad máxima, ¿no? Como de «me gustaría estar haciendo esto durante quince días seguidos aunque fuera mortal, pero lo haría quince días seguidos».

¿Alguno te ha dejado huella?

Sí, claro. Yo creo que se genera una cosa… cuando hay un grupo en el que se percibe ese espacio-tiempo como seguro, donde puede mostrarse, pues a veces salieron propuestas muy personales. El año pasado hubo una pieza que era sobre abusos sexuales. Claro, ahí es como de hostia, qué generosidad, ¿no? La persona era la fuente, porque nos dijo: «esto me pasó a mí». En este caso estaba la cosa muy colocada y muy tratada… Cuando ocurre esto, yo sé que de alguna manera es lo que vertebra al comunero o comunera y me siento muy agradecido y muy honrado, ¿no?

Me la dejas botando. ¿Qué es el éxito? Viene de tu anterior respuesta, porque quizás el éxito es que crear un espacio en el que la gente del teatro se sienta segura a pesar de que vivimos en un mundo en el que el éxito parece una careta para LinkedIn.

Total. Mira, no recuerdo hace cuánto, leí una cosa, no sé si era una carta al director en un periódico. Alguien decía que el éxito es poder estar donde quieras estar en cada momento. Y me parece que es eso. Vivimos en un mundo donde el éxito es que estés en una peli, que salgas en la tele, que tengas reconocimiento, que ganes premios, que lo petes en el teatro… estoy hablando de nuestro sector. Todo eso es muy guay si te hace feliz, que también deberíamos ver si te hace realmente feliz. Pero creo que el éxito es poder dedicarse a lo que te gusta, sin egos y sin demasiadas ansiedades… y poder estar donde quieras estar.

Ahora tengo mucha gente alrededor, entiendo que por edad… Actores, actrices, gente que escribe, que dirige, que están viviendo un proceso de crisis, porque dice: «Vale, ¿y todo esto para qué?». Y de repente deciden hacer un parón: «Pues me voy a vivir al pueblo seis meses y ya iremos viendo». Es un reencuentro: de repente pensé que mi objetivo en la vida era salir en la tele y me di cuenta de que no. Igual a día de hoy, mi objetivo en la vida ahora es tener un currillo que me permita vivir y estar en el campo supertranquilo. Pues bravo.

O sea, el éxito no es vivir al campo, sino que decidas escucharte y preguntarte: «¿Qué quiero? ¿Dónde quiero estar ahora mismo?» Ya veremos dentro de un año o de seis meses lo que quieres hacer. Que sea el pueblo, la tele, el teatro… lo que quieras… Pero hay que escucharse para estar donde quieras estar en cada momento.

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